La transformación en Nayot
David huyó los pocos km. al norte buscando al viejo profeta Samuel en Ramá. Pero no estaba en el propio pueblo sino en Nayot, una palabra que en acadio significa “pastizal”. Quizás esto concuerda con Jeremías 33:12 donde se refiere a “cabañas de pastores” o de profetas. Se cree que fue un campamento en las afueras del pueblo donde Samuel presidía las actividades de sus aspirantes al oficio de profeta. Según el Targum de Caldea (traducción y comentario sobre la Biblia), Nayot sería “la casa de aprender.” Aquí entre los compañeros de Samuel, David buscaba refugio. Pero Saúl tenía una agencia de inteligencia que funcionaba con eficacia. No demoraba en localizar a David e informarle al rey.
Saúl envió mensajeros
La palabra quiere decir “enviados” y a veces se traduce “ángeles”. Pero por el sustantivo que se asocia con ella, tiene que llevar la idea de servicio o trabajo. No dice que eran soldados pero se supone que llevaban armas y tenían la autoridad de capturar a David. Tres veces envió Saúl a estos sirvientes o mensajeros. Y cada vez el Espíritu de Dios vino sobre ellos para que más bien participaran del culto a Dios que allí se ofrecía. Y se fueron cambiados, desarmados y maldispuestos a llevar a cabo las órdenes del rey. Al fin no hubo otra alternativa. El mismo rey tendría que ir y buscar personalmente a David.
Llega a Ramá y busca a Samuel en Secú
No se sabe lo que sería esto pero la versión griega Septuaginta tiene aquí una palabra que en hebreo sería un monte pelado. Se supone que esto representa un promontorio o lugar alto del pueblo donde Samuel sabía ofrecer sacrificios o realizar culto a Dios. Pero David no estaba allí. Se le informó que estaba en Nayot. Se ve que sus mensajeros no le habían informado bien acerca del sitio y la ubicación del campamento. Saúl tenía que hacer sus propias indagaciones y al fin llegó a Nayot.
El Espíritu de Dios en su misericordia le dio a Saúl una oportunidad más de volver a Dios. Cae sobre el rey y controla su conducta para que profetice o sea la boca de Dios. Hay un elemento de sorpresa que aquí se expresa diciendo en el versículo 23: “y vino sobre él, aun él, Espíritu de Dios”. Saúl se despojó de sus vestidos reales. La palabra ropa se refiere al manto, especialmente uno que vale mucho. Desnudo es la palabra que se usa a veces de uno que está vestido pobremente. Y a veces se usa de uno que se ha quitado su manto y que lleva solamente la túnica interior. Aunque puede significar “sin ropa alguna”, preferimos interpretarlo como que llevaba solamente su túnica interior. Así humillado y reducido al nivel común de todos los hombres, Saúl queda postrado por horas absorto en rendir culto obligado al Dios viviente. Se parecía tanto a la experiencia que había tenido al principio de su vida pública, que se volvió a repetir la misma frase de antes: “¿También está Saúl entre los profetas?”. Desafortunadamente sería por unas cuantas horas y nada más. Pero se percibe aquí la gran paciencia y clemencia de Dios que vuelve a apelar a las sensibilidades espirituales de su hijo errante. Nos recuerda del himno de Sankey, el músico de Moody, que apuntó la letra: “Aun hay lugar, la puerta franca está; Mas entra pronto, que a cerrarse va. ¡Oh sí! ¡Oh sí! Hay sitio para ti”.
Pero aquí comienza también un buen número de salmos que por la inspiración del Espíritu Santo salen del corazón de David. El Salmo 59 lleva la explicación que fue escrito cuando vigilaron la casa para matarle. Como se dice, “No hay mal que por bien no venga.” Si no hubiera sido por las duras experiencias de David, no hubiésemos tenido muchos de estos salmos que tanto nos han confortado. Las tribulaciones producen perseverancia, y ésta produce carácter probado, y éste produce esperanza. Y la esperanza de David puede ser nuestra por medio de las Escrituras.
