El peligroso avance del espiritismo
El espiritismo y toda otra expresión religiosa que basa sus actividades y creencias en la comunicación de los muertos con los vivos se dividen en dos grandes ramas: El espiritismo de mesa o kardeciando, mal llamado «espiritismo científico» o simplemente conocido como espiritismo. Luego tenemos el espiritismo popular, conocido como el espiritismo de tarreiros que reciben varias designaciones según su origen que se conoce como umbanda, quinbanda, candomblé o xangó, todos conocidos generalmente como macumba, una designación que sus devotos rechazan cuando no corresponde a su caso. A estos se agrega el Candomblé y Batuque, conocidos todos ellos en el Brasil, Argentina y Uruguay como cultos agrobrasileros, y ahora como afrouruguayos. En este último país donde escribimos esta información existen unos mil terreiros que congregan entre cien a trescientas personas en sus cultos diarios en horas de la noche. Sólo la ciudad de Montevideo, capital del Uruguay, tiene registrados unos 700 lugares, según estudios sociológicos y controles policiales sobre una población de 1.300.000 habitantes que supera por triplicado la existencia y actividad de las iglesias evangélicas. Es común encontrar en cualquier lugar de la ciudad aves y otros animales como parte del rito practicado en sus ceremonias.
Lo que actualmente se conoce en esta área de América Latina como la «umbanda” es típicamente un movimiento religioso sincretista, con elementos tomados del espiritismo kardecista, de importación francesa, otros del Africa, o de los movimientos ocultistas y brujerías europeas y del catolicismo popular portugués. Esta diversidad en cuanto a los orígenes de este movimiento le permite a sus fieles cultores, en la práctica, ser católicos de día y espiritistas de noche.
