El acto de rebeldía
Los hijos de Samuel y su pecado
Desafortunadamente, los hijos de Samuel no seguían en las pisadas de su padre. Samuel se equivocó al ponerlos como jueces sobre el pueblo. Los jueces fueron llamados por Dios para librar y guiar a Israel pero el oficio de juez nunca se transformó en dinastía. Joel quiere decir “Jehová es Dios”. Abías quiere decir “Jehová es Padre”. Los nombres son buenos; los hijos no lo eran. Samuel les había ubicado en Beerseba, 80 km. al sur de Jerusalén. Beerseba era considerada como límite de Judá en el sur del país. Nos indica algo de la influencia que tenía Samuel sobre un territorio tan extenso. Sus hijos fueron acusados de haber aceptado soborno y de pervertir el derecho por amor al dinero. Contra tales cosas la ley advertía. Puesto que Samuel no contradice esta acusación, tenemos que creer que eran culpables. Si Samuel los disciplinó, no lo sabemos. Sabemos que el hijo de Joel se llamaba Hemán y que llegó a ser uno de los principales entre los cantores, y un gran músico en el servicio del rey David. Incluso él escribió el Salmo 88. Fue un hombre dedicado al servicio de Dios.
Los hijos de Israel y su pedido
Los ancianos de Israel hicieron una petición a Samuel y le expusieron tres motivos para la misma. El primero fue que Samuel era ya entrado en años. El segundo, la maldad de los hijos de éste y el tercer motivo, que les constituyera un rey como tenían las naciones alrededor de Israel. Samuel ya tenía 60 años de edad pero vivió 20 años más. Sus hijos sin duda actuaban mal. Pero desear un rey para poder ser como las demás naciones es lo que más le desagradaba a Samuel, y sin duda a Dios también. Es indigno del pueblo de Dios desear ser como otros especialmente cuando no conocen a Dios ni ordenan sus pasos según su Palabra.
Es cierto que la posibilidad de escoger a un rey fue mencionada en la ley. Sin embargo, expresa un deseo de Israel y no de Jehová. Gedeón ya había rehusado ser rey sobre ellos, y cuando los habitantes de Siquem hicieron rey a su hijo Abimelec, esto salió mal. La voluntad de Dios fue más bien que Israel fuese un reino de sacerdotes donde Jehová mismo sería su Rey. No fue el sistema de un gobierno teocrático, sino la desobediencia del pueblo que hizo derrotar a Israel. La teocracia demandaba la obediencia y puesto que Israel actuaba con rebeldía, Dios le daría lo que pedía pero con el agregado de flaqueza de alma.
Todo esto le cayó muy pesado a Samuel. Hizo lo único que pudo en esas circunstancias. Oró a Jehová. Samuel se ve siempre como un hombre de oración. Consideraba como pecado el cesar de orar.
La respuesta de Dios no se demoró en llegar. No era que el pueblo estuviera rechazando a Samuel sino a aquel a quien servía. La palabra desechado aquí quiere decir despreciar, tomar livianamente o desdeñar. Fue el pecado perpetuo de Israel. Y por cuanto estimaban tan poco a Dios, caería naturalmente este mismo menosprecio sobre el siervo de Dios. Si nos armamos con este pensamiento, será posible glorificar a Dios al sufrir oprobio.
El hombre de Dios y su protesta
Israel pedía un rey que les gobernara. Realmente la palabra gobernar significa “hacer justicia” o “juzgar”. Está pidiendo un cambio fundamental en el liderazgo de Israel. Después de 340 años de haber sido librados y guiados por los jueces, ahora quieren una monarquía. Samuel será el último juez. Dios les dará su rey pero le dice a Samuel que les advierta sobre la “justicia” que el rey les haría. La palabra “advertir” aquí se refiere a un testimonio dado solemnemente ante las autoridades. Si querían escoger a un rey debían saber bien cuáles serían las consecuencias de su decisión y después tendrían que vivir con su elección.
Su rey tomaría a sus hijos como soldados y siervos, para peones y jornaleros, para fabricantes de sus armas y carros. Las mujeres servirían en su cocina y el rey se apoderaría de sus tierras sacando lo mejor para sí mismo. Daría presentes a sus amigos y cobraría tarifas e impuestos. Ellos serían sus siervos o esclavos (que implica exigir un servicio). Es notable que Samuel está sirviendo como mediador aquí entre Dios e Israel, un verdadero profeta (versículo 10), que refiere todas las palabras de Jehová al pueblo. Sin embargo, Israel rechaza su declamación diciendo: Más bien, que haya rey sobre nosotros. Y mucho más tarde el mismo pueblo de Israel rechazó al Mesías, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
La advertencia termina rehusando de antemano cualquier ayuda de Dios al fastidiarse del rey escogido. Tendrían que vivir con la decisión tomada porque Dios no respondería. Su destino ya estaba sellado y su voz firmaba la sentencia. No se podría retroceder aunque quisieran hacerlo más adelante. Aunque Samuel seguía en su ministerio, el pueblo entraba en una nueva época de su historia. Se abre un nuevo capítulo en los escritos de la nación.
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