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2 Corintios 9: El dador voluntario

El gran deseo de Pablo era que la aportación de los corintios a aquella colecta estuviera lista, para que no hubiera que andar con precipitaciones en el último minuto. Un antiguo proverbio latino decía: « El que da pronto, da dos veces.» Eso es siempre cierto -y no sólo ni principalmente refiriéndose, como se suele aplicar, a «dar el primer puñetazo». Los mejores regalos son los que se hacen antes de que se pidan y hasta de que se esperen. Fue cuando no éramos más que Sus enemigos cuando Cristo murió por nosotros. Dios escucha nuestra oración antes de que Se la dirijamos. Y debemos portarnos con los demás como Dios se ha portado con nosotros.

Los principios de la generosidad

Además, pasa lo siguiente: Con el que es tacaño a la hora de sembrar también la tierra es tacaña a la hora de producir; y la cosecha es generosa con el que es generoso en la siembra. Que cada cual aporte lo que haya decidido de corazón; no como si le doliera el dar o como si se le obligara a hacerlo, porque es el dador alegre el que Le encanta al Señor. Dios puede supliros con medida rebosante todas las gracias, para que de todo y en todo tiempo tengáis suficiente deforma que podáis prosperar en todo lo que está bien. Como está escrito: «Lanzó su semilla; dio de comer a los pobres; su integridad es inalterable.» Así seréis enriquecidos en todos los sentidos para que podáis seguir siendo generosos en todo con esa generosidad que, por medio de vosotros, produce una cosecha abundante de acciones de gracias a Dios.

Porque la administración de este acto de servicio voluntario, no sólo suple lo que le falta al pueblo consagrado a Dios, sino que también contribuye a la gloria de Dios con las acciones de gracias que produce. Y además, mediante vuestra generosidad dais prueba de la autenticidad de vuestro servicio a Dios de una manera tan señalada que otros glorificarán a Dios por vuestra manera de obedecer al Evangelio por la manera en que habéis compartido con ellos y con todo el mundo. Además, entonces ellos orarán por vosotros y os tendrán buena voluntad a causa de la gracia desbordante de Dios que hay en vosotros.

¡Gracias a Dios por el Don gratuito que nos ha dado, que es algo que no se puede decir con palabras! Este pasaje nos presenta un resumen de los principios generales de la generosidad en el dar.

(i) Pablo insiste en que nadie sale perdiendo por ser generoso. Dar es como sembrar. El que es mezquino a la hora de sembrar no puede esperar más que una cosecha mezquina, mientras que el que es generoso en la siembra, a su debido tiempo recogerá una cosecha generosa. El Nuevo Testamento es un libro tremendamente práctico, y una de sus características es que no le tiene ningún miedo al tema de las recompensas. Nunca dice que la bondad no sirve para nada. Nunca se olvida de que hay algo nuevo y maravilloso que llega a la vida del que acepta la voluntad de Dios como su ley.

Pero las recompensas que prevé el Nuevo Testamento no son nunca materiales. No nos promete la riqueza del dinero, sino la del corazón y el espíritu. Entonces, ¿qué es lo que puede esperar la persona generosa?

(a) Será rica en amor. Más adelante volveremos a este punto. Siempre será verdad que a nadie le gustan. los tacaños, y que la generosidad puede tapar muchos defectos. La gente prefiere un corazón cálido, aunque su misma temperatura le pueda llevar a excesos, a un corazón frío y calculador.

(b) Será rica en amigos. «El que quiera tener amigos tendrá que empezar por ser un buen amigo» (Proverbios 18:24). Una persona inamable no puede esperar nunca que la amen. El hombre cuyo corazón sale al encuentro de los demás siempre encontrará otros corazones que le salgan al encuentro.

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