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2 de Crónicas 16: Alianza de Asa con Ben-adad

2 de Crónicas 16:11 Muerte de Asa. Pero los hechos de Asa, los primeros y los últimos, están escritos en el libro de los reyes de Judá y de Israel.

2 de Crónicas 16:12 En el año treinta y nueve de su reinado, Asa enfermó gravemente de los pies, pero en su enfermedad tampoco buscó a Jehová, sino a los médicos.

Se cree que la enfermedad de los pies de Asa era gota o gangrena. Los médicos, probablemente hechiceros o curanderos, utilizaban conjuros mágicos, lo cual significa que no se debía haber acudido a ellos. Para su vergüenza, se recuerda a Asa como alguien que no buscó a Jehová.

La crítica de la visita de Asa a los doctores no fue una censura general hacia la medicina. El problema de Asa fue que ignoró por completo la ayuda de Dios. La medicina que se practicaba en esos tiempos era una mezcla de superstición y remedios tradicionales. Ciertamente debemos ignorar cualquier tratamiento seudomédico que se derive del ocultismo. La experiencia de Asa además nos debe alentar a seguir la práctica del Nuevo Testamento relacionada con la oración hacia los enfermos cuando busquemos una ayuda médica responsable.

2 de Crónicas 16:13 Y durmió Asa con sus padres; murió en el año cuarenta y uno de su reinado.

2 de Crónicas 16:14 Lo sepultaron en los sepulcros que él había hecho para sí en la Ciudad de David; y lo pusieron en un ataúd, el cual llenaron de perfumes y diversas especias aromáticas, preparadas por expertos perfumistas; e hicieron un gran fuego en su honor.

El gran fuego se refiere a la quema de especies en un funeral, no a la cremación.

El cronista cambia el tenor de su registro en el capítulo 16. Las dos reformas religiosas son seguidas por una serie de desviaciones que Asa consintió en la última parte de su vida. Además Baasa, el rey de Israel, subió contra Judá y empezó a reedificar Ramá, para evitar contacto alguno con Asa. Baasa destronó a Jeroboam I, usurpó su corona y gobernó desde Efraín, entre el 909 y el 886. Su hostilidad contra Asa era bien conocida, sobre todo, porque parte de su pueblo desertaba hacia el sur. En su desplazamiento hacia Judá, probablemente recapturó Betel, para luego fortificar a Ramá, que quedaba a unos 8 km. al norte de Jerusalén.

Asa decidió comprar la amistad del rey sirio, Benhadad, usando los tesoros del templo y del palacio. No se menciona consulta alguna de Asa con el profeta de Dios para materializar la defensa nacional. De un solo golpe, Asa sacrificó los resultados de sus reformas y las bendiciones de Dios. Esta acción todavía se dejará sentir en el próximo siglo. Su acción llegó al colmo cuando Asa se alejó de Jehová, para confiar en el hombre.

Según la invitación, Asa dio por sentado que la alianza entre el padre de Benhadad y Abías era legítima. El oro y la flota serían entregados al rey sirio si este rompía su alianza con Baasa. La evidencia textual de 1 de Reyes 11:23-25 indica que su padre Hadad era arameo, pero fue a vivir a Damasco. Los arameos con frecuencia cambiaban sus lealtades cuando más les convenía; ahora al hijo de Hadad se le presentaba la ocasión de seguir en los pasos de su padre. Benhadad tomó todas las ciudades almacenes de Neftalí.

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