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2 de Crónicas 15: Reformas religiosas de Asa

2 de Crónicas 15:1 Reformas religiosas de Asa (1 R 15.13-15) Vino el espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed,

Sabiamente, Asa dio la bienvenida a la gente que tenía una relación íntima con Dios, y escuchó sus mensajes. Azarías pronunció una advertencia importante a los ejércitos y los alentó a permanecer cerca de Dios. Mantenga el contacto con gente que esté llena del Espíritu de Dios, y conocerá el consejo de Dios. Con regularidad, pase tiempo comentando y orando con aquellos que pueden ayudarle a explicar y aplicar el mensaje de Dios.

Asá

Dios nunca ha aceptado la idea de que «el fin justifica los medios». El es justo y perfecto en todos sus caminos. Las personas, por otro lado, están muy lejos de ser perfectas. ¡El que pueda existir un vínculo entre un Creador amoroso y misericordioso, y una creación rebelde y que se resiste, es un milagro como la creación misma! Como rey, Asa estuvo muy cerca de ser bueno. Viajó un largo trecho con Dios antes de salirse del camino. Su pecado no fue la desobediencia tan deliberada, sino el elegir el camino fácil y no el camino correcto.

Cuando las probabilidades parecían imposibles en la batalla contra los etíopes, Asa reconoció la necesidad de depender de Dios. Después de esa victoria, la promesa de Dios de paz basada en la obediencia estimuló al rey y al pueblo para vivir muchos años correctamente. Pero Asa tenía que enfrentar una prueba mayor.

Los años de animosidad entre Asa y el rey Baasa de Israel dieron un giro horrible. Baasa, soberano del reino rival del norte, estaba construyendo un fuerte que amenazaba tanto a la paz como a la economía de Judá. Asa pensó que había encontrado una salida, sobornó al rey Ben-adad de Siria para romper su alianza con el rey Baasa. El plan funcionó brillantemente, pero no era el camino de Dios. Cuando Asa fue confrontado por Hanani, el profeta de Dios, se encolerizó, encarceló a Hanani y volcó su ira sobre su pueblo. Asa rechazó la corrección y se negó a reconocer su error ante Dios. Su más grande error fue perderse de lo que Dios hubiera hecho con su vida si hubiera estado dispuesto a ser humilde. Su soberbia arruinó la salud de su reinado. Tozudamente se mantuvo atrapado en este fracaso hasta su muerte.

¿Le parece familiar esta actitud? ¿Puede identificar fracasos en su vida a los que ha continuado dando una explicación racional en vez de admitirlos ante Dios y aceptar su perdón? Los fines no justifican los medios. Tal creencia nos lleva al pecado y al fracaso. El rechazo obstinado a admitir un fracaso debido al pecado puede convertirse en un gran problema porque hace que invierta tiempo buscando la explicación racional en vez de aprender de sus errores y continuar su camino.

Puntos fuertes y logros :

— Obedeció a Dios durante los primeros diez años de su reinado

— Llevó a cabo un esfuerzo parcialmente exitoso para abolir la idolatría

— Destituyó a Maaca, su madre idólatra

— Derrotó al poderoso ejército etíope

Debilidades y errores :

— Respondió con ira cuando se le confrontó por su pecado

— Hizo alianzas con naciones paganas y gente malvada

Lecciones de su vida :

— Dios no sólo refuerza el bien, confronta el mal

— Los esfuerzos para seguir los planes y las reglas de Dios rinden resultados positivos

— El buen funcionamiento de un plan no es indicio de que sea correcto o de que tenga la aprobación de Dios

Datos generales :

A Asá nos lo encontramos en Jerusalén como Rey de Judá; hijo de Maaca y Abías. Padre de Josafat y contemporáneo de Hanani, Ben-adad, Zera, Azarías, Baasa

2 de Crónicas 15:2 el cual salió al encuentro de Asa y le dijo: «Oídme, Asa, todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros si vosotros estáis con él; y si lo buscáis vosotros lo hallaréis; pero si lo dejáis, él también os dejará.[a]

2 de Crónicas 15:3 Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote que enseñara, y sin Ley;

Azarías dijo que Israel, el reino del norte, estuvo «sin verdadero Dios». Ocho reyes reinaron en Israel durante los cuarenta y un años que gobernó Asa en Judá, y los ocho fueron malvados. Jeroboam, el primer rey de Israel, comenzó su senda malvada al establecer ídolos y al expulsar a los sacerdotes de Dios. Azarías utilizó los problemas de Israel como un ejemplo del mal que vendría a Judá si se apartaba de Dios como lo habían hecho sus hermanos del norte.

2 de Crónicas 15:4 pero cuando en su tribulación se convirtieron a Jehová, Dios de Israel, y lo buscaron, ellos lo hallaron.[b]

2 de Crónicas 15:5 En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitantes de las tierras.

2 de Crónicas 15:6 Una gente destruía a otra, y una ciudad a otra ciudad; porque Dios los turbó con toda clase de calamidades.[c]

2 de Crónicas 15:7 Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra».[d]

Azarías alentó a los hombres de Judá a mantenerse en el cumplimiento del deber «pues hay recompensa para vuestra obra». También para nosotros esta es una inspiración. El reconocimiento y la recompensa son grandes motivaciones que tienen dos dimensiones:

(1) La dimensión temporal. Una vida acorde con las pautas de Dios puede provocar una ovación aquí en la tierra.

(2) La dimensión eterna. Pero el reconocimiento y la recompensa permanentes se otorgarán en la eternidad. No se desaliente cuando sienta que su fe en Dios no va a ser recompensada aquí en la tierra. Las mejores recompensas no son en esta vida, sino en la eternidad.

2 de Crónicas 15:8 Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo y quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en la parte montañosa de Efraín; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová.

2 de Crónicas 15:9 Después reunió a todo Judá y Benjamín, y con ellos los forasteros de Efraín, de Manasés y de Simeón; porque muchos de Israel se habían pasado a él, viendo que Jehová, su Dios, estaba con él.

2 de Crónicas 15:10 Se reunieron, pues, en Jerusalén, en el mes tercero del año decimoquinto del reinado de Asa.

2 de Crónicas 15:11 Y en aquel mismo día sacrificaron para Jehová, del botín que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas.

2 de Crónicas 15:12 Entonces prometieron solemnemente que buscarían a Jehová, el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma;

2 de Crónicas 15:13 y que cualquiera que no buscara a Jehová, el Dios de Israel, que muriera, ya fuera grande o pequeño, hombre o mujer.

2 de Crónicas 15:14 Juraron, pues, a Jehová en alta voz y con gritos de júbilo, al son de trompetas y de bocinas.

A muchas personas se les hace muy difícil comprometerse con algo. Son vacilantes, indecisos y temen a la responsabilidad. Asa y su pueblo fueron diferentes: tenían corazones fieles y se declararon abiertamente seguidores de Dios. ¡Su juramento fue acentuado con aclamación de júbilo y son de trompetas! Este compromiso decisivo y total agradó a Dios y trajo paz a la nación. Si usted desea paz en su vida, revise si hay algo en su vida donde falte un compromiso total con Dios. La paz surge como un producto de la entrega de nuestra vida entera a Dios.

2 de Crónicas 15:15 Todos los de Judá se alegraron de este juramento; porque de todo su corazón lo juraban, y con toda su voluntad lo buscaban. Por eso Jehová se dejó hallar de ellos y les dio paz por todas partes.[e]

Los Diez Mandamientos nos dicen que honremos a nuestro padre y madre, y aun así Asa retiró a su madre del trono. Si bien el honrar a nuestros padres es un mandamiento de Dios, el mantener la lealtad a Dios es una prioridad mucho mayor. Jesús advirtió que el respeto a los padres nunca debe ser un obstáculo para que lo sigamos. Si usted tiene padres no creyentes, debe respetarlos y honrarlos, pero la devoción a Dios debe ser su prioridad mayor.

2 de Crónicas 15:16 Aun a Maaca, su propia madre, el mismo rey Asa la depuso de su dignidad, porque había hecho una imagen de Asera; y Asa destruyó la imagen, la desmenuzó y la quemó junto al torrente Cedrón.

2 de Crónicas 15:17 Con todo esto, los lugares altos no desaparecieron de Israel, aunque el corazón de Asa fue perfecto en todos sus días.

2 de Crónicas 15:18 Trajo este a la casa de Dios lo que su padre había dedicado, y lo que él mismo había consagrado, plata, oro y utensilios.

2 de Crónicas 15:19 Y no hubo más guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asa.[f]

Las reformas de Asa se relatan en 1 de Reyes 15:9-24. Sin embargo, la profecía de Azarías , que dio lugar a que el proceso se iniciara, no se menciona.

 La segunda reforma religiosa de Asa

La reforma era posible debido a la tranquilidad política que reinaba en Judá. Fuera de este pasaje, no hay paralelo para elaborar más detalles en torno a los profetas Azarías y Oded. Azarías salió a encontrarlo con un mensaje condicionado a la fidelidad a Jehová, quizá siguiendo las palabras de David para Salomón (1Ch_28:9). Judá se había mantenido sin verdadera liturgia y sin enseñanza ortodoxa por mucho tiempo.

Luego de un breve recuento histórico del pasado, Azarías pide que se esfuercen, sin desfallecer. La hermosa afirmación: Porque vuestra obra tiene recompensa, deja llegar su eco hasta la iglesia de Corinto. El apóstol Pablo insta a los hermanos a estar firmes y constantes en la obra del Señor. Termina diciéndoles: “Sabiendo que vuestro arduo trabajo en el Señor no es en vano”. Nunca es en vano trabajar para el reino de Dios. La mejor recompensa es la satisfacción que resulta de haber participado en la expansión del evangelio y ver que alguien acepta a Cristo como su Salvador personal.

La reacción de Asa fue impresionante. Quitó los ídolos abominables de toda la tierra de Judá y Benjamín (v. 8), indicando un resurgimiento del celo religioso a nivel nacional. Esta segunda reforma involucraba el fin de los ídolos detestables y de los cultos cananeos caracterizados por la inmoralidad sexual en la adoración.

Aunque gran parte de esta purga espiritual ya había tenido lugar en la primera reforma, todavía quedaban vestigios de idolatría en las ciudades en la región montañosa de Efraín conquistadas por Asa. Luego reparó el altar de Jehová en el templo. Muchos de Israel se habían pasado a él. El plan de Dios seguía en pie al dividir el reino durante la administración de Salomón: un remanente se mantenía fiel a Jehová. ¡La simiente del Mesías estaba garantizada!

Cuando Asa cumplió sus 15 años de reinado, el pueblo se reunió en Jerusalén entre mayo y junio del año 895 a. de J.C. para celebrar la fiesta de Pentecostés. Esto tuvo lugar posiblemente un año después de la invasión de Zéraj, ya que llevaría algunos meses la labor de consolidación de los terrenos conquistados. En el sacrificio ofrecieron el botín de la victoria.

El pacto que siguió consistía en una promesa colectiva de buscar a Jehová, Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma. El Dios de Israel volvía a ser restaurado no solo en lo objetivo o exterior, sino también en lo subjetivo o interno del ser. Objetivamente, Dios entraba a una relación salvífica con el pueblo de su elección. Subjetivamente, el hombre tenía que responder en fe y obediencia. De no haberlo hecho, se habría visto en peligro de perder la vida. Jehová se dejó hallar por ellos y Dios les dio descanso en todas las cuentas. Con razón Salomón indicó categóricamente los resultados inmediatos de una relación armoniosa con el Señor: “Cuando los caminos del hombre le agradan a Jehová, aun a sus enemigos reconciliará con él”.

Los versículos que siguen en este capítulo se encuentran registrados en 1 de Reyes 15:13-16. Maaca era la segunda esposa de Jeroboam. Esta se había convertido en una figura dominante en la corte del rey, sobre todo en lo que concierne a la idolatría y su regencia en el trono. Asa destruyó la monstruosa imagen, la desmenuzó y la quemó en el arroyo de Quedrón. Su acción es encomiable, si se considera su lealtad religiosa por sobre las lealtades familiares, no solo erradicando la imagen, sino también destituyendo a Maaca.

Es posible que no removieran los lugares altos por la presión política que no siempre pudo controlar. Esta acción le dejó una cicatriz difícil de olvidar, indicando su vulnerabilidad espiritual como líder, aunque el corazón de Asa fue íntegro todos sus días, según el cronista. Asa repuso el tesoro de la casa de Jehová. Este tesoro provenía de su padre Abías, el cual lo tomó de Jeroboam. También puso de lo suyo, del tesoro adquirido de los despojos del ejército derrotado de Zéraj y sus aliados. Cualquiera que sea la preferencia interpretativa en cuanto a la afirmación No hubo guerra, se debe concluir que fue el carácter consagrado de Asa lo que trajo paz para su reino. Esto debe ser un gran aliento para los que buscan la paz y reciben las bendiciones de Dios como galardón.

El cronista cambia el tenor de su registro en el cap. 16. Las dos reformas religiosas son seguidas por una serie de desviaciones que Asa consintió en la última parte de su vida. Además Baasa, el rey de Israel, subió contra Judá y empezó a reedificar Ramá, para evitar contacto alguno con Asa. Baasa destronó a Jeroboam I, usurpó su corona y gobernó desde Efraín, entre el 909 y el 886. Su hostilidad contra Asa era bien conocida, sobre todo, porque parte de su pueblo desertaba hacia el sur. En su desplazamiento hacia Judá, probablemente recapturó Betel, para luego fortificar a Ramá, que quedaba a unos 8 km. al norte de Jerusalén.

Asa decidió comprar la amistad del rey sirio, Benhadad, usando los tesoros del templo y del palacio. No se menciona consulta alguna de Asa con el profeta de Dios para materializar la defensa nacional. De un solo golpe, Asa sacrificó los resultados de sus reformas y las bendiciones de Dios. Esta acción todavía se dejará sentir en el próximo siglo. Su acción llegó al colmo cuando Asa se alejó de Jehová, para confiar en el hombre.

Según la invitación, Asa dio por sentado que la alianza entre el padre de Benhadad y Abías era legítima. El oro y la flota serían entregados al rey sirio si este rompía su alianza con Baasa. La evidencia textual de 1 de Reyes 11:23-25 indica que su padre Hadad era arameo, pero fue a vivir a Damasco. Los arameos con frecuencia cambiaban sus lealtades cuando más les convenía; ahora al hijo de Hadad se le presentaba la ocasión de seguir en los pasos de su padre. Benhadad tomó todas las ciudades almacenes de Neftalí.

Confrontado con esta pérdida, Baasa dejó de reedificar Ramá e hizo cesar su obra. Aparentemente la estrategia de Asa había sido todo un éxito. Asa dio cuenta del botín de construcción dejado en Ramá y decidió usarlo en Geba y Mizpa, ciudades al este y al oeste de Ramá.

Los versículos 7-10 no tienen paralelo en el libro de los Reyes; Hanani, el profeta, era padre de Jehú, quien más tarde sirvió a Josafat, hijo de Asa. Hanani condenó la alianza entre Asa y Benhadad, así como su pérdida de confianza en Jehová. Dios habría entregado a Benhadad en sus manos, si se hubiera mantenido fiel al Señor. La alianza entre Benhadd y Asa había fracasado. Con una ligera y todavía reciente referencia histórica de las acciones de Dios a favor de Judá, Hanani le hace ver la magnitud de su falta de fe: Asa había olvidado las bendiciones que vienen por una total dependencia de Dios: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Como resultado de esta falta de fe en Dios, y por su insensatez, Asa trajo muchas guerras contra Judá.

Al oír estas palabras, Asa se enfureció, y encarceló al profeta y maltrató a algunos judíos que sin duda se oponían a su política y simpatizaban con Hanani. Los apuntes bibliográficos del cronista se limitan a la referencia en 1 de Crónicas 9:1, como su fuente primaria en la historia de los reyes de Judá e Israel.

En el 871 a. de J.C. Asa enfermó, después de reinar durante 39 años sobre Judá y Benjamín. Al encontrarse mal de los pies no consultó a Jehová, sino a los médicos. Asa sabía que Jehová sanaba, pero no lo consultó. Dos años después murió y fue sepultado en la Ciudad de David. La gran hoguera no era el crematorio, sino una ceremonia en su honor. Su cuerpo fue embalsamado y colocado en su propia tumba.

La oscura pero eficaz tarea de profetas desconocidos En el capítulo anterior fue Azarías; en este es Hanani, los enviados que Dios utiliza para dar a conocer su mensaje para el rey Asa. El primero lleva al rey palabras de ánimo; el segundo de reconvención.

Ambos son fieles en transmitir lo que Dios les ha dictado para decir a Asa. Como Azarías y Hanani, tanto el AT como el NT, presentan a ciertos individuos con escaso protagonismo, pero plenamente eficaces en el papel de ser transmisores de la voluntad de Dios en un momento determinado para la vida de una persona, aun para la misma nación de Israel.

En el capítulo 18 aparecen 400 profetas, destacándose dos, Micaías y Sedequías.

Otros no se incluyen en la categoría de profeta propiamente dicho, pero su papel, a veces, lleva el sello del profetismo. Ese es el caso de Jahaziel, levita, que, por el “Espíritu de Jehová”, llevó palabra a Josafat y al pueblo. Entre estos, Eliezer.

En cierto aspecto, cada hijo de Dios, al ser su testigo ante el mundo, se constituye en profeta.

Relatos perdidos El compilador se refiere al libro de los reyes de Judá e Israel; no a 1 y 2 Reyes. Era, seguramente, alguna crónica de la corte, ahora perdida.

En las Sagradas Escrituras abundan las referencias a escritos ausentes en la colección de los aceptados como canónicos:

 “El libro de las batallas de Jehová”, Num_21:14.

 “El libro de Jaser”, Jos_10:13; 2Sa_1:18.

 “Un rollo”, 1Sa_10:25.

 “El libro de los hechos de Salomón”, 1Ki_11:41.

 “Las palabras del profeta Natán”, 2Ch_9:29.

 “Las crónicas del profeta Semaías”, 2Ch_12:15.

 “Las lamentaciones”, 2Ch_35:25.

 “El libro de las memorias”, Ezr_4:15.

 “El libro de las crónicas”, Est_2:23.

 “Fue escrito en un libro”, Est_9:32.

 “El libro del vidente Samuel, en el libro del profeta Natán y en el libro del vidente Gad”, 1Ch_29:29.

 “Las palabras del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Silo y en las visiones del vidente Ido”, 2Ch_9:29.

 Sin duda que poder contar con otros escritos arrojaría una luz de incalculable valor sobre la historia antigua de Israel. Decir que así lo ha querido o permitido Dios —que no hayan llegado dichos libros hasta nosotros— tal vez sería un recurso algo débil, y más si es citado para validar la afirmación de Deuteronomio 29:29. Simplemente no están. Quizá el “pero estas cosas han sido escritas…”, puedan responder a la posible inquietud que produzca no poder contar con esos escritos desconocidos. Es sobre el fundamento de lo revelado que conocemos a Dios, y eso, está probado, es suficiente para certificar nuestro presente y nuestro futuro.

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