La oscura pero eficaz tarea de profetas desconocidos En el capítulo anterior fue Azarías; en este es Hanani, los enviados que Dios utiliza para dar a conocer su mensaje para el rey Asa. El primero lleva al rey palabras de ánimo; el segundo de reconvención.
Ambos son fieles en transmitir lo que Dios les ha dictado para decir a Asa. Como Azarías y Hanani, tanto el AT como el NT, presentan a ciertos individuos con escaso protagonismo, pero plenamente eficaces en el papel de ser transmisores de la voluntad de Dios en un momento determinado para la vida de una persona, aun para la misma nación de Israel.
En el capítulo 18 aparecen 400 profetas, destacándose dos, Micaías y Sedequías.
Otros no se incluyen en la categoría de profeta propiamente dicho, pero su papel, a veces, lleva el sello del profetismo. Ese es el caso de Jahaziel, levita, que, por el “Espíritu de Jehová”, llevó palabra a Josafat y al pueblo. Entre estos, Eliezer.
En cierto aspecto, cada hijo de Dios, al ser su testigo ante el mundo, se constituye en profeta.
Relatos perdidos El compilador se refiere al libro de los reyes de Judá e Israel; no a 1 y 2 Reyes. Era, seguramente, alguna crónica de la corte, ahora perdida.
En las Sagradas Escrituras abundan las referencias a escritos ausentes en la colección de los aceptados como canónicos:
“El libro de las batallas de Jehová”, Num_21:14.
“El libro de Jaser”, Jos_10:13; 2Sa_1:18.
“Un rollo”, 1Sa_10:25.
“El libro de los hechos de Salomón”, 1Ki_11:41.
“Las palabras del profeta Natán”, 2Ch_9:29.
“Las crónicas del profeta Semaías”, 2Ch_12:15.
“Las lamentaciones”, 2Ch_35:25.
“El libro de las memorias”, Ezr_4:15.
“El libro de las crónicas”, Est_2:23.
“Fue escrito en un libro”, Est_9:32.
“El libro del vidente Samuel, en el libro del profeta Natán y en el libro del vidente Gad”, 1Ch_29:29.
“Las palabras del profeta Natán, en la profecía de Ajías de Silo y en las visiones del vidente Ido”, 2Ch_9:29.
Sin duda que poder contar con otros escritos arrojaría una luz de incalculable valor sobre la historia antigua de Israel. Decir que así lo ha querido o permitido Dios —que no hayan llegado dichos libros hasta nosotros— tal vez sería un recurso algo débil, y más si es citado para validar la afirmación de Deuteronomio 29:29. Simplemente no están. Quizá el “pero estas cosas han sido escritas…”, puedan responder a la posible inquietud que produzca no poder contar con esos escritos desconocidos. Es sobre el fundamento de lo revelado que conocemos a Dios, y eso, está probado, es suficiente para certificar nuestro presente y nuestro futuro.
