Los versículos que siguen en este capítulo se encuentran registrados en 1 de Reyes 15:13-16. Maaca era la segunda esposa de Jeroboam. Esta se había convertido en una figura dominante en la corte del rey, sobre todo en lo que concierne a la idolatría y su regencia en el trono. Asa destruyó la monstruosa imagen, la desmenuzó y la quemó en el arroyo de Quedrón. Su acción es encomiable, si se considera su lealtad religiosa por sobre las lealtades familiares, no solo erradicando la imagen, sino también destituyendo a Maaca.
Es posible que no removieran los lugares altos por la presión política que no siempre pudo controlar. Esta acción le dejó una cicatriz difícil de olvidar, indicando su vulnerabilidad espiritual como líder, aunque el corazón de Asa fue íntegro todos sus días, según el cronista. Asa repuso el tesoro de la casa de Jehová. Este tesoro provenía de su padre Abías, el cual lo tomó de Jeroboam. También puso de lo suyo, del tesoro adquirido de los despojos del ejército derrotado de Zéraj y sus aliados. Cualquiera que sea la preferencia interpretativa en cuanto a la afirmación No hubo guerra, se debe concluir que fue el carácter consagrado de Asa lo que trajo paz para su reino. Esto debe ser un gran aliento para los que buscan la paz y reciben las bendiciones de Dios como galardón.
El cronista cambia el tenor de su registro en el cap. 16. Las dos reformas religiosas son seguidas por una serie de desviaciones que Asa consintió en la última parte de su vida. Además Baasa, el rey de Israel, subió contra Judá y empezó a reedificar Ramá, para evitar contacto alguno con Asa. Baasa destronó a Jeroboam I, usurpó su corona y gobernó desde Efraín, entre el 909 y el 886. Su hostilidad contra Asa era bien conocida, sobre todo, porque parte de su pueblo desertaba hacia el sur. En su desplazamiento hacia Judá, probablemente recapturó Betel, para luego fortificar a Ramá, que quedaba a unos 8 km. al norte de Jerusalén.
Asa decidió comprar la amistad del rey sirio, Benhadad, usando los tesoros del templo y del palacio. No se menciona consulta alguna de Asa con el profeta de Dios para materializar la defensa nacional. De un solo golpe, Asa sacrificó los resultados de sus reformas y las bendiciones de Dios. Esta acción todavía se dejará sentir en el próximo siglo. Su acción llegó al colmo cuando Asa se alejó de Jehová, para confiar en el hombre.
Según la invitación, Asa dio por sentado que la alianza entre el padre de Benhadad y Abías era legítima. El oro y la flota serían entregados al rey sirio si este rompía su alianza con Baasa. La evidencia textual de 1 de Reyes 11:23-25 indica que su padre Hadad era arameo, pero fue a vivir a Damasco. Los arameos con frecuencia cambiaban sus lealtades cuando más les convenía; ahora al hijo de Hadad se le presentaba la ocasión de seguir en los pasos de su padre. Benhadad tomó todas las ciudades almacenes de Neftalí.
Confrontado con esta pérdida, Baasa dejó de reedificar Ramá e hizo cesar su obra. Aparentemente la estrategia de Asa había sido todo un éxito. Asa dio cuenta del botín de construcción dejado en Ramá y decidió usarlo en Geba y Mizpa, ciudades al este y al oeste de Ramá.
Los versículos 7-10 no tienen paralelo en el libro de los Reyes; Hanani, el profeta, era padre de Jehú, quien más tarde sirvió a Josafat, hijo de Asa. Hanani condenó la alianza entre Asa y Benhadad, así como su pérdida de confianza en Jehová. Dios habría entregado a Benhadad en sus manos, si se hubiera mantenido fiel al Señor. La alianza entre Benhadd y Asa había fracasado. Con una ligera y todavía reciente referencia histórica de las acciones de Dios a favor de Judá, Hanani le hace ver la magnitud de su falta de fe: Asa había olvidado las bendiciones que vienen por una total dependencia de Dios: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”. Como resultado de esta falta de fe en Dios, y por su insensatez, Asa trajo muchas guerras contra Judá.
Al oír estas palabras, Asa se enfureció, y encarceló al profeta y maltrató a algunos judíos que sin duda se oponían a su política y simpatizaban con Hanani. Los apuntes bibliográficos del cronista se limitan a la referencia en 1 de Crónicas 9:1, como su fuente primaria en la historia de los reyes de Judá e Israel.
En el 871 a. de J.C. Asa enfermó, después de reinar durante 39 años sobre Judá y Benjamín. Al encontrarse mal de los pies no consultó a Jehová, sino a los médicos. Asa sabía que Jehová sanaba, pero no lo consultó. Dos años después murió y fue sepultado en la Ciudad de David. La gran hoguera no era el crematorio, sino una ceremonia en su honor. Su cuerpo fue embalsamado y colocado en su propia tumba.
