2 de Reyes 10:32 En aquellos días comenzó Jehová a cercenar el territorio de Israel. Hazael los derrotó en todas las fronteras,[i]
2 de Reyes 10:33 desde el oriente del Jordán, por toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén y de Manasés, desde Aroer, que está junto al arroyo Arnón, hasta Galaad y Basán.[j]
2 de Reyes 10:34 Los demás hechos de Jehú, todo lo que hizo y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
2 de Reyes 10:35 Durmió Jehú con sus padres y lo sepultaron en Samaria. En su lugar reinó Joacaz, su hijo.
2 de Reyes 10:36 El tiempo que reinó Jehú sobre Israel en Samaria fue de veintiocho años.[k]
La aniquilación de la familia de Acab
El cuarto paso fue la aniquilación atrozmente brutal y sin misericoria de los 70 hijos de Acab en Samaria. Setenta puede ser un número redondo o simbólico para totalidad o todo abarcador; incluye nietos y tal vez bisnietos. Hay quienes han sugerido que eran verdaderos hijos, nacidos de las concubinas del rey. Jehú escribió cartas a Samaria a los ancianos que representaban al pueblo, a los tutores de la casa real y a los principales soldados profesionales encargados de la ciudad, que incluían a los que habían huido de Jezreel, exhortándolos a proclamar rey a un heredero de Joram, con el fin de preparar una batalla contra él. Pero estos no creían posible una victoria, ya que dos reyes no podían con él. En su creencia el rey era una persona sagrada que poseía poder sobrehumano, y un hombre que había matado a dos tenía que estar dotado con un poder extraordinario. Así se lo comunicaron.
Jehú les dijo en una segunda carta que si iban a someterse a él, tendrían que demostrar su lealtad decapitando a todos los descendientes de Acab. Cumplieron la orden y, conforme a sus instrucciones, se colocaron las 70 cabezas en dos montones a la entrada de la ciudad de Jezreel, de manera que los que salían del pueblo en la madrugada para trabajar en los campos las vieran y las tomaran como advertencia. Este acto sangriento infundió miedo en la población para que cooperaran con el usurpador.
El siguiente día, en un mensaje público, Jehú informó al pueblo que solo él era culpable de conspirar contra el rey Joram, pero que ellos eran culpables por la muerte de los 70 hijos. Además, recalcó que todas las palabras proféticas pronunicadas por Elías en cuanto a Acab y su familia se cumplirían. Así les hacía ver que no era un asesino común y corriente sino un siervo de Jehová. Con ese propósito procedió a exterminar en Jezreel al resto de la familia de Acab, sus siervos, los amigos y los religiosos más allegados a la familia. La astucia de Jehú se ve en que por medio de una trampa hizo a los tutores matar a los descendientes de Acab, luego los responsabilizó por el crimen, y después los ejecutó, complaciendo de esa forma tanto a los amigos como a los enemigos de Acab. Nótese también que la oferta que la gente no se atrevía a rechazar en realidad era una trampa que no podrían evitar.
Al encaminarse hacia Samaria, Jehú encontró inesperadamente a los hermanos de Ocozías de Judá, los cuales desconocían los asesinatos de sus parientes. Cuando supo quiénes eran las 42 personas, con evidente insensibilidad las prendió y las degolló junto al pozo de los pastores de Betequed.
