El fracaso de Samaria se debía a su desobediencia,
En el cuarto año de su reinado, Salmanasar de Asiria comenzó su ataque a Samaria y al cabo de tres años fue conquistado. (En este pasaje no dice que Salmanasar conquistó a Samaria, sino que la sitió. No tiene toda la historia. Según la historia secular, Salmanasar murió durante el sitio, y uno de sus generales, Sargón II, terminó el sitio y llevó cautivo al pueblo.) El libro también da testimonio del destierro de los israelitas a Asiria, Mesopotamia y Media; fueron desterrados por su desobediencia al Señor y a su pacto con Moisés. Se contrasta grandemente la desobediencia y el castigo severo del reino del norte con el del sur, donde Ezequías fue obediente y fue premiado con victorias.
El primer gran reto para la fe y confianza de Ezequías en Jehová : la amenaza de Senaquerib a Jerusalén
Por unos 14 años Ezequías prosperaba, pero en el 701 a. de J.C., en su tercera campaña militar, Senaquerib, el hijo de Sargón II de Asiria, invadió a Judá y conquistó todas sus ciudades fortificadas. Evidentemente su objetivo fue restaurar su control sobre Filistea y elimInar la influencia de Judá en la región costera. De manera que desde su punto de vista el ataque fue provocado en parte por las conquistas de Ezequías en Filistea. Según Senaquerib capturó las 46 ciudades principales y muchas aldeas, y logró que Ezequías se encontrara en “una jaula como un pájaro”. Conmemoró su victoria sobre Laquis en su palacio en Nínive con un mural, un gran monumento de relieve en una pared; de esa manera demostraba la importancia que para él tenía esa batalla por ser la única escena de combate de dicha campaña conmemorada así.
Evidentemente, la falta de pago por Ezequías del acostumbrado tributo pagado por Acaz su padre fue la causa inmediata de esta invasión. Senaquerib le sorprendió con su acción repentina y mientras estaba en Laquis, al sudeste de Jerusalén, Ezequías le habló, confesando haber hecho un error. Le pidió que se retirara de su país y ofreció pagarle cuanto tributo le pidiera. El emperador le impuso un tributo de 300 talentos de plata y 30 de oro, una cantidad enorme. (Los anales de Senaquerib especificaron una cantidad de 800 talentos de plata y 30 de oro entre muchas otras cosas; posiblemente la diferencia entre las dos cifras está en que la Biblia incluyó solamente lo que sacó del templo.) Para poder pagarlo todo, tuvo que vaciar los tesoros del templo y del palacio real y quitarle a las puertas y marcos del templo el oro que él mismo había puesto. Años antes su padre Acaz fue obligado a hacer algo parecido. Con el pago del tributo exorbitante Ezequías pensaba resolver su problema con Senaquerib.
Toda su vida confió en Dios
Jorge Müeller es quizá uno de los más grandes apóstoles de la fe desde la era neotestamentaria. Nació en 1805 en Alemania. Al ver el abandono de miles de niños decidió darles un hogar confiando únicamente en la fidelidad de Dios. Nunca pidió dinero a alguna persona para su ministerio, solamente a Dios. Durante más de 70 años dependió de tal manera de la fidelidad de Dios que su vida es una de las más grandes biografías de dependencia absoluta de Dios.
Fundó un orfanato en Inglaterra mientras pastoreaba una iglesia, y llegó a tener más de dos mil niños. Construyó cinco edificios grandes de 1.700 ventanas para acomodar a 2.000 niños. Jorge Müeller dijo en cierta ocasión: “Muchas y repetidas veces me he encontrado en situaciones en que no tenía más recursos. No solamente había que alimentar a 2.100 personas diarimente, sino también había que conseguir todo lo necesario para suplir lo demás, y todos los fondos estaban agotados. Había 189 misioneros que sustentar, sin tener cosa alguna; cerca de cien escuelas, con más o menos nueve mil alumnos, y sin tener a la mano nada con que proveerlos; casi cuatro millones de tratados para distribuir, y todo el dinero se había acabado”. Su confianza en el Padre de los huérfanos era tal que jamás rehusó aceptar niños en el orfanato. Su fe se basaba en el conocimiento de la Palabra de Dios. Antes de morir dijo que había leído la Biblia entera 200 veces, 100 veces lo hizo estando de rodillas. Muchos años antes de su muerte también afirmó que, hasta aquella fecha, había recibido ya de la misma manera, cinco mil veces la respuesta el mismo día en que había hecho la petición. Acostumbraba escribir su petición y la fecha en que recibía la respuesta de Dios. Mediante la fe alimentó a dos mil huérfanos, y ninguna comida se sirvió con un atraso de más de treinta minutos.
