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2 de Reyes 21: Reinado de Manasés

2 de Reyes 21:22 Dejó a Jehová, el Dios de sus padres, y no anduvo en el camino de Jehová.

2 de Reyes 21:23 Los siervos de Amón conspiraron contra él y mataron al rey en su casa.[f]

2 de Reyes 21:24 Entonces el pueblo de la tierra mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el pueblo de la tierra proclamó rey en su lugar a Josías, su hijo.

2 de Reyes 21:25 Los demás hechos de Amón, ¿no están todos escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?

2 de Reyes 21:26 Fue sepultado en su sepulcro en el huerto de Uza. Y reinó en su lugar su hijo Josías.

Dos reyes idólatras, padre e hijo, que llevan a Judá a la ruina

El libro de Reyes clasifica a Manasés como el peor de todos los reyes. Sus pecados causaron la caída de Judá. Como el único rey comparado con Acaz fue el “Jeroboam» de su país. Su maldad fue más dramática debido a que vivió entre los dos grandes reformadores, los mejores reyes después de David. Manasés destruyó la buena obra de su padre, y Josías, su nieto, desmanteló la estructura de apostasía pieza por pieza. Manasés fue la antítesis sin par de Josías y de David; no sobresalió ni un solo acto positivo durante su reinado de más de medio siglo; pero sí hubo un resurgimiento de las prácticas de las religiones cananeas y filisteas, y posiblemente la introducción de creencias asirias. El libro de Reyes no menciona la situación internacional; sin embargo, de fuentes extrabíblicas se sabe que Manasés fue un vasallo leal de Asiria, pagando siempre el tributo y aun cooperando en campañas militares durante el apogeo de la extensión y del poder del Imperio Asirio con sus poderosos emperadores Esarjadón y Asurbanipal.

La rebeldía e idolatría de Manasés

Manasés, el hijo de Ezequías y Hefsiba, ascendió al trono a la edad de 12 años y reinó por 55 años hasta la edad de 67; tuvo el reino más largo de la monarquía davídica. Volvió atrás la gran reforma de su padre por medio de su orgía de apostasía. Si comenzó la misma al ascender el trono, sugiere que la reforma de Ezequías fue superficial y que una gran parte del pueblo no estuvo a favor de ella. Su nombre quiere decir «causa a olvidar». Posiblemente su padre le dio ese nombre por la consolación que recibió cuando nació. Ya por fin tenía un heredero y posiblemente después de muchos años sin uno o después de la pérdida de un hijo anterior. Otra posibilidad es que su nacimiento le causó a su madre olvidar el dolor del parto.

La primera parte de este capítulo esencialmente presenta un catálogo de por lo menos nueve pecados horrendos de Manasés que provocaron la ira de Dios. Practicó la idolatría de los cananeos; reconstruyó los santuarios paganos derrumbados por su padre; levantó altares a Baal, algo que no había ocurrido desde los tiempos de Atalía; en esto imitaba al terrible rey de Israel. También erigió un árbol ritual de Asera; adoró a los astros del cielo. Retó la exclusividad y soberanía de Jehová cuando construyó altares (a Baal) dentro del templo y en los dos atrios (el exterior y el de los sacerdotes) del mismo templo que llevaba el nombre de Jehová; los altares de los atrios fueron dedicados a los astros. Evidentemente se trataba del retorno a la práctica de los asirios de adorar el sol, la luna, los planetas y las estrellas. También colocó una imagen de Asera dentro del templo, violando así la voluntad de Dios expresada a David y a Salomón, porque la residencia de Jehová sería el templo y el pueblo de Israel habitaría la tierra prometida si guardaban sus instrucciones. Se ve la temeridad de Manasés, porque no se trataba de un árbol como antes sino de una imagen colocada dentro del mismo templo. Esta fue la primera vez para ese tipo de sacrilegio.

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