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2 de Reyes 9: Jehú es ungido rey de Israel

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

2Re 9:35 Pero cuando fueron a sepultarla no hallaron de ella más que la calavera, los pies y las palmas de las manos.

2Re 9:36 Entonces regresaron a comunicárselo. Y él dijo:

–Esta es la palabra que Dios pronunció por medio de su siervo Elías, el tisbita: “En la heredad de Jezreel[s] se comerán los perros las carnes de Jezabel.

2Re 9:37 El cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: ‘Esta es Jezabel’ ”.

El tercer paso en la consolidación del poder real en manos de Jehú fue el asesinato de Jezabel, la reina madre de Israel. Cuando le llegó en Jezreel la noticia de la muerte de su hijo y rey, orgullosamente y con frialdad se adornó para su muerte segura a manos de Jehú. Algunos creen que su asociación con la fornicación;  indicaría que se adornó con la esperanza de atraer a Jehú para un encuentro sexual, para evitar que la asesinara. Pero esa interpretación no concuerda con la acusación odiosa que le gritó por la ventana. Probablemente ella creía que la condición del cuerpo en el momento de morir caracterizaría la naturaleza de su existencia después de la muerte. No obstante, con cinismo evidente antes de su muerte insultó a Jehú y predijo equívocamente un reinado corto para él, pues el reinado de siete días de Zimri fue un fracaso que terminó con su furibundo suicidio. Sus propios ayudantes la tiraron por la ventana, evidentemente de una segunda planta. Al caer, su sangre salpicó la pared y a los caballos, los cuales la pisotearon. Sin preocuparse por su cadáver y con evidente desprecio e insensibilidad, Jehú comió y bebió tranquilamente. Así demostró que había algo de verdad en el insulto de Jezabel acerca de él y vislumbró un régimen tan cruel como el anterior. Luego, pensando en la descendiente real como princesa de Fenicia, la mandó enterrar, pero solo encontraron el cráneo, los pies y las palmas de las manos de ella. Así también se cumplió la profécía pronunciada por Elías sobre el desenlace final de la enemiga número uno de Jehová y sus siervos.

La consagración de Jehú como rey de Israel según la palabra profética, y la consolidación de su poder. Este capítulo y el subsiguiente demuestran el cumplimiento implacable e inevitable de la palabra de juicio pronunciada sobre la casa de Acab, hijo de Omri, el fundador de la dinastía; el papel de Eliseo no es muy prominente.

Se cumple la profecía

En conformidad con el plan de Dios, el profeta (así se le designa en el texto sagrado, aunque no es normal para el cronista) Eliseo envió uno de los profetas jóvenes de la comunidad profética a Ramot de Galaad, con el fin de ungir como rey de Israel a Jehú, nieto de Nimsi. Tanto el nombre Jehú, que posiblemente quiere decir, “Jehová es uno” o “Jehová, él es Dios”, como también el de su padre Josafat (“Jehová juzgará”) sugiere como probable que tuviera un origen devoto al Señor. El profetamensajero tenía instrucciones para ungirlo con aceite en un departamento privado y después huir a toda velocidad. Las obedeció al pie de la letra. La necesidad de consagrarlo en una habitación privada probablemente se debía a que era esencial mantener todo en secreto del rey en Jezreel. Además, una coronación secreta tenía sus precedentes en los casos de Saúl, David, Salomón y Joás. Aunque una unción era la práctica normal en ambos reinos, solo se menciona cuando se funda una dinastía o la sucesión está en cuestión. La unción en Israel por un líder religioso señalaba la aprobación divina del rey y su posición como el “ungido de Jehová.”

Al derramar el aceite sobre la cabeza de Jehú, un símbolo de bendición de Dios y de comisión, el único rey en el norte en ser honrado así, el hombre de Dios pronunció unas palabras proféticas que reiteraron la esencia de la predicción de Elías. Primero, lo consagró como rey del verdadero pueblo de Jehová, sugiriendo que algunos habitantes en Israel serían excluidos. Segundo, como rey haría justicia por los profetas asesinados por Acab y Jezabel al eliminar cien por ciento de esa familia y así exterminar toda la descendencia suya e incluso a los enfermizos (como se hizo en el caso de la familia real anterior de Jeroboam I). Además, Jezabel no sería enterrada, ya que los perros (literalmente) se la comerían en el campo de Jezreel. Dicha sentencia significaba, según una creencia popular, que su espíritu estaría destinado a vagar sin fin. Todo el acto sirvió para legitimizar el reino de Jehú.

Los otros militares querían saber a qué se debía la llegada repentina del extraño religioso al campamento. ¿Significaba un augurio bueno o malo? La designación de loco para referirse al profeta señalaba a uno que sufría éxtasis. Jehú contó poco a poco a sus compañeros, reunidos posiblemente en ese momento para discutir un levantamiento debido a su descontento con todas las derrotas militares recientes, que el profeta le había consagrado como rey. Como una junta militar le dieron reconocimiento como tal con evidente entusiasmo, usando los símbolos tradicionales de realeza y sumisión para ella: un trono hecho de sus mantos, la corneta y una aclamación. Evidentemente el establecimiento militar estaba harto de seguir a reyes que habían perdido la unción o bendición de Dios y siempre se encontraban en la derrota. Esto muestra la tradición de la confederación sacral del norte, que reconocía la posesión de la bendición espiritual como una característica necesaria de los líderes, tanto los jueces como los reyes.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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