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2 de Samuel 7: Pacto de Dios con David

David y el pueblo de Israel necesitaban entender el significado de la soberanía de Dios, antes que construyesen un templo para Dios. Cuando David y el pueblo llegaran a reconocer el significado de la soberanía de Dios, entonces Dios daría la orden para la construcción del templo. Era necesario que se entendiera que Dios transciende cualquier localidad y pensamiento en que los hombres quieran encerrarlo. Herstberg afirma que “en este pasaje podemos encontrar el fondo de mucho de las polémicas proféticas contra la liturgia del templo”. Dios transcendía cualquier templo que se le pudiera construir. Era necesario que David y el pueblo lo entendieran así.

b. Dios promete preservar el reino de David

La promesa de Dios a David no consistía en hacerle una casa de cedro, sino en preservar y afirmar su reino por medio de un descendiente. La promesa específicamente se refiere a Salomón, a quien Dios levantaría y afirmaría como rey (la soberanía de Dios sobre Salomón es afirmada claramente). En su soberanía, Dios permitiría a Salomón que construyera el templo. Dios no indicó la razón por la cual no permitió a David construir el templo. (Según 1 Crónicas 22, la razón fue que David había derramado mucha sangre en grandes guerras, y que Dios había prometido dar paz a Salomón y le permitiría construir.) Dios no había terminado su obra, y por lo tanto no era el momento apropiado para que David construyese el templo.

c. La promesa de la paternidad de Dios

La promesa incluye una relación especial de parte de Dios para con Salomón, una relación de padre a hijo. El concepto de la paternidad de Dios encierra dos elementos importantes: el amor y la autoridad. La paternidad de Dios sobre Salomón incluía una relación filial de amor y confianza mútua, y también el uso de la disciplina de parte de Dios. Dios se comprometía a corregir a su hijo, su amor no es un amor indiferente a la moral de sus hijos, sino que es un amor que corrige porque se preocupa de la moral de sus hijos. La disciplina de Dios no sería una disciplina fría y cruel, sino una disciplina acompañada de misericordia. Esta misericordia sería permanente, nunca se apartaría de Salomón como se había apartado de Saúl. En la promesa a Salomón, Dios ejercita su soberanía: Dios no apartaría su misericordia de Salomón. Esta promesa de Dios, aplicada a todos los creyentes, es una realidad dentro del nuevo pacto con Jesucristo. La seguridad de la salvación del creyente está basada en el pacto eterno que Dios ha hecho con cada creyente mediante el sacrificio de Jesucristo.

d. La promesa de un reino eterno

La promesa de Dios de que el reino sería establecido eternamente, no se refería a la inviolabilidad o la indestructibilidad de Jerusalén, sino a la continua afirmación del reinado de Dios sobre Israel en cualquier circunstancia. Aun cuando Jerusalén fuese destruída y el pueblo llevado cautivo y se acabase la monarquía davídica, Dios continuaría reinando sobre su pueblo y en su tiempo culminaría su reinado a través del Mesías, estableciendo un reino que no tendría fin. En Jesucristo encontramos la culminación del cumplimiento de la promesa hecha a David: en Cristo se manifestó la relación filial exclusiva del Hijo con el Padre; en Cristo se inauguró el eterno reinado de Dios basado en su sacrificio en la cruz; y en Cristo se manifestó la plenitud de Dios habitando entre los hombres, no en un templo hecho de manos, sino en el verbo encarnado.

De primordial importancia en todo el AT es la paternidad absoluta de Dios sobre el pueblo de Israel, esta se expresa en Exodo 4:22 : “Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.” La paternidad de Dios sobre Israel estaba arraigada en el acto divino de liberación del pueblo de la esclavitud en Egipto y el establecimiento de un pacto con este pueblo. La relación de Dios para con Israel dominaba el contexto del AT. La promesa de una relación filial entre Dios y la descendencia de David no toma un papel importante sino hasta el acontecimiento de la persona de Jesucristo. Esta promesa filial es una promesa del AT que encuentra su cumplimiento total en la persona de Jesucristo. En la de Jesucristo con el Padre se cumple por completo la promesa: Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Esta relación se realiza en un grado menor en los creyentes.

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