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Amós 5: La naturaleza de la religión verdadera

Después de la división del reino, Jeroboam I, el primer rey de Israel, estableció a Betel como uno de los dos santuarios oficiales donde colocó un becerro de oro para la adoración del pueblo. Su plan era el de evitar que el pueblo fuera a Jerusalén para las festividades y así volvieran a dar su lealtad a Dios y al rey de Judá.

Amós fue a Betel para predicar contra los cultos y asambleas que se practicaban allí pero que carecían de sentido. Es allí donde tiene su encuentro con Amasías, quien quería proteger este “santuario del rey y la casa del reino”. Sin duda había mucha gente con intereses políticos que acudían a este centro de culto por su posición como “santuario del rey”. En este lugar Amós encontraría a muchos de los opresores de los pobres, personas que ponían sus propios intereses por encima de su deber ético.

Las excavaciones en Betel han probado que existió aquí un pueblo por el año 2000 a. de J.C.

Segunda doxología al Creador del universo

Este himno se debe leer conjuntamente con 4:13 y 9:5, 6. Yahweh no es ningún dios nacional, sino es el Creador de todo. Por eso, los pecados de Israel son aun más reprensibles. El Juez que pronunciará la sentencia sobre Israel tiene poderes cósmicos. Es Creador de las grandes constelaciones de estrellas y Administrador del horario de la noche y del día. él es capaz de derrumbar aun las obras más magníficas del hombre. ¡Jehová es su nombre!

En este himno resalta el poder de Dios, tanto en la creación y mantenimiento del universo, como en el ejercer este poder para castigar a los pueblos que hayan puesto su confianza en sus fortalezas. Aun así, se repite dos veces la invitación de buscar a Dios. ¡Este Dios tan poderoso, y digno de ser adorado como es debido, es también compasivo y desea relacionarse con cada persona!

La única esperanza de Israel

Amós atacó a los jueces que se dejaban comprar y que abusaban de su posición en la administración de justicia. No solamente eso: ellos rechazaban el mismo sistema de los tribunales, la credibilidad de los testigos y de los que allí decían la verdad.

Cada pueblo tenía su tribunal donde todos los varones adultos podían sentarse en “la puerta” de la ciudad y oír y decidir sobre asuntos de importancia para la ciudad o pueblo. Para que un sistema como este funcionara, tendría que basarse en la integridad de cada persona y su honestidad como testigo o como juez al presentar cada caso ante este “consejo de ancianos”. El noveno mandamiento del decálogo dice: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”, y su cumplimiento era esencial en este sistema de justicia y juicio. Pero el versículo 10 dice que en Samaria era todo lo contrario: El juez más propenso al soborno era el más estimado.

Según Deuteronomio 23:19 cobrar tributo sobre el trigo no era permitido. A pesar de esta ley tan humanitaria los ricos se aprovechaban de los campesinos, cobrando tributo del grano que tenían para dar comida a sus familias. Los que antes tenían su propio campo como herencia de Dios ahora eran arrendatarios o siervos de aquellas personas que querían poseerlo todo y habían tomado control de sus campos en pago de sus deudas injustamente impuestas. Con su ganancia ilícita los nuevos ricos construyeron sus casas lujosas.

Según Exodo 21:30 y Deuteronomio 35:31 el recibir soborno era prohibido, pero los jueces estaban listos a recibir soborno de cualquiera; estaban dispuestos a hacer que los pobres siempre perdieran sus causas en los tribunales. Pero Dios había visto estos actos tan inhumanos y los calificó como rebeliones y pecados.

El poder del dinero y de la posición política era tan enorme que una persona prudente comprendería que era inútil protestar contra la injusticia; sin embargo el profeta no pudo callarse. ¡él había oído el rugido del león! Sabía muy bien que las casas construidas con dinero mal habido no ofrecerían protección alguna en el día del juicio divino.

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