Cantares 6:12 Después ya no supe qué pasó hasta que me vi en un carro junto a mi príncipe.
Cantares 6:13 ¡Regresa, Sulamita, [2] regresa! ¡Regresa, queremos verte! ¿Y qué quieren ver de la Sulamita? ¡Una danza, como en los campamentos!
Esta sección trata de los intentos de Salomón de reconquistar el amor errante de la sulamita. Su ardiente ruego, vuélvete , vuélvete , tiene como trasfondo al errante pueblo de Dios, algo a lo que se refiere cuando menciona a Mahanaim, los dos campamentos . Mahanaim es el nombre que recuerda un gran acontecimiento en la historia del pacto, el cual marcó el retorno de los hebreos, representados por la familia de Jacob, a su tierra. Aquí Jacob recibe su nuevo nombre: «Israel», «Príncipe de Dios», el nombre de Dios unido al de Jacob. Manahaim magnifica la gracia y la verdad al comparar la insignificancia de Jacob a su partida de la tierra, con sólo un cayado entre las manos, con su exitoso regreso posterior.
El cortejo nupcial
Después del panegírico de la amada, las doncellas de Jerusalén levantan una segunda pregunta. Esta pregunta no significa que él se haya alejado de ella, o se esté ocupando en otros menesteres. Más bien parece ser un recurso retórico del poeta para introducir el acto amoroso, que parece consumarse en 6:2, 3. La pregunta de las muchachas sirve para que la amada diga cuál fue la reacción de su amado al juego amoroso que ella inició. Se nota una cierta envidia de parte de las doncellas, que quieren participar, como ella, del placer que la amada ha anticipado.
La amada
Ella responde segura de contar con el afecto y la pasión fiel de su amado. Después de un período de creciente excitación sexual, en el que ella tomó la iniciativa mediante la alabanza del cuerpo de su amado, ahora él desciende a su huerto. Como se indicó, esta expresión y las que siguen se refieren al acto sexual. La repetición de expresiones poéticas (cuatro en total), que tienen que ver con el acto amoroso, no sólo expresan la tremenda excitación sexual del momento sino que sirven para enfatizar la intensidad del mismo. Al entregarse a su esposo, ella vuelve a experimentar lo que ya ha experimentado antes y volverá a experimentar más tarde. El acto sexual es un poderoso recurso para sellar el pacto de mutua pertenencia entre los esposos. No hay otra experiencia, en la vida de una pareja, que sirva mejor para confirmar y solidificar las mutuas promesas de amor y fidelidad.
El amado. Terminado el acto amoroso, mientras ella descansa relajada a su lado, el amado parece seguir excitado y entusiasmado con la belleza de su amada. Quizá hasta el momento de hacer el amor se mostró algo resentido, probablemente por la anterior indiferencia de ella. Pero ahora, después de haber disfrutado juntos el uno del otro, él se siente más que motivado a exaltar los encantos del cuerpo y el carácter de su amada. Muchos de estos piropos ya han sido dichos, pero hay otros que se mencionan por primera vez en el poema.
Ella es bella. Esta no es sólo su opinión, sino también lo que otras personas piensan. Ella es tan bella como la capital del reino, Jerusalén, o como una de las ciudades más deleitosas de Palestina, Tirsa. Ella es radiante y espléndida. Nótese que él comienza con una descripción general de la belleza de ella, para pasar luego a una descripción pormenorizada de sus encantos. En este sentido, su panegírico sigue el orden inverso del hecho por la amada, quien comenzó con los detalles, para concluir con una observación general.
El amado comienza por destacar los ojos de su esposa. Ya ha hecho referencia a ellos como hermosos y seductores. Ahora él dice que esos ojos “lo ponen loco,” es decir, la mirada de ella es tan sugestiva que para él es irresistible. Su descripción del cabello, dientes y mejillas repite lo ya indicado en 4:1-3. No se sabe por qué el amado corta aquí la descripción física de su amada, que en el cap. 4 se extiende a sus labios, cuello, pechos y vagina.
