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1 de Samuel 22: La cueva de Adulam

1 de Samuel 22:1 Partió David de allí y se refugió en la cueva de Adulam;[a] cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, fueron allí a reunirse con él.

Adulam estaba a 32 km al sudoeste de Jerusalén y a 16 km al sur de la ciudad filistea de Gat. Toda la casa de su padre salió de Belén y vino a protegerlo de Saúl.

1 de Samuel 22:2 Además se le unieron todos los afligidos, todos los que estaban endeudados y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y llegó a ser su jefe. Había con él como cuatrocientos hombres.

Así comienza a organizarse el grupo selecto de valientes que David agrupa en torno suyo. Sus nombres y extraordinarias hazañas figuran en 2 de Samuel 23:8-39 y 1 de Crónicas 11 y 12.

Afligidos, endeudados y amargados de espíritu se unieron a David, ya que él mismo era un forajido. Estas personas eran expatriados y solo podían mejorar su suerte al ayudar a David a convertirse en rey. El control que David tenía sobre este grupo de hombres nos muestra una vez más su ingenio y habilidad para guiar y motivar a otros. Es bastante difícil formar un ejército de buenos hombres, pero se requiere de un gran líder para moldear juntos a la clase de hombres que siguieron a David. A la larga, este grupo constituyó el corazón de su liderazgo militar y llegó a conocerse como «los valientes que tuvo David».

1 de Samuel 22:3 De allí se fue David a Mizpa de Moab,[b] y dijo al rey de Moab: «Te ruego que mi padre y mi madre se queden con vosotros, hasta que sepa lo que Dios hará de mí».

Rut, la bisabuela de David, era una moabita. Por eso quizá su familia pudo refugiarse junto a sus parientes de Moab.

1 de Samuel 22:4 Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte.[c]

1 de Samuel 22:5 Pero el profeta Gad[d] dijo a David: «No te quedes en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá». Entonces partió David y entró en el bosque de Haret.

El profeta Gad probablemente vino a ver a David desde la escuela de profetas de Samuel. También es posible que se identificara con la causa de David y permaneciera junto a él para asistirle. El bosque de Haret estaba en el área montañosa de Judá, al este de Adulam.

1 de Samuel 22:6 Asesinato de los sacerdotes de Nob Oyó Saúl que David y los que estaban con él habían sido vistos. Estaba Saúl sentado en Gabaa, debajo de un tamarisco, sobre un alto,[e] con la lanza en su mano, y rodeado de todos sus siervos.

El tamarisco es un árbol típico de las áreas semidesérticas y no se encuentra en las montañas. Se le conocía bien porque estaba en esa región montañosa.

1 de Samuel 22:7 Y dijo Saúl a los siervos que estaban alrededor de él: –Oíd ahora, hijos de Benjamín: ¿Os dará también a todos vosotros el hijo de Isaí tierras y viñas, y os hará a todos vosotros jefes de millares y jefes de centenas,

Hijos de Benjamín : Que todos los miembros del séquito de Saúl pertenecieran a la tribu de Benjamín, en lugar de integrar una más amplia representación de la nación entera, es un indicio de la decadencia de su reinado.

Al parecer, los oficiales clave de Saúl eran de la tribu de Benjamín, como él. David era de la tribu vecina de Judá. Saúl apelaba a la lealtad entre tribus para mantener su control en el trono.

1 de Samuel 22:8 para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí? ¿No ha habido quien me informara de cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni hay ninguno de vosotros que se conduela de mí y me dé a conocer cómo mi hijo ha sublevado contra mí a un siervo mío para que me aceche, tal como lo hace hoy?

Aquí hay un trágico ejemplo de cómo se trastorna nuestra percepción cuando nos dejamos arrastrar por los celos y la envidia. Saúl inventa su propia realidad, utiliza este mito para condenar a sus propios siervos y ordena la muerte de los sacerdotes de Dios y sus familias.

1 de Samuel 22:9 Entonces Doeg, el edomita, que era el principal de los siervos de Saúl, respondió: –Yo vi al hijo de Isaí venir a Nob, adonde estaba Ahimelec hijo de Ahitob.

Doeg edomita : Los edomitas eran descendientes de Esaú y viejos enemigos de Israel.

1 de Samuel 22:10 Este consultó a Jehová por él, le dio provisiones y también la espada de Goliat, el filisteo.[f]

1 de Samuel 22:11 Mandó el rey a llamar al sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob, y a toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob, y todos vinieron ante el rey.

1 de Samuel 22:12 Y Saúl dijo: –Oye ahora, hijo de Ahitob. –Heme aquí, señor mío –respondió él.

1 de Samuel 22:13 Saúl añadió: –¿Por qué habéis conspirado contra mí, tú y el hijo de Isaí? Le diste pan y una espada, y consultaste a Dios por él, para que se subleve contra mí y me aceche, como lo hace en el día de hoy.

1 de Samuel 22:14 Ahimelec respondió al rey: –¿Y quién entre todos tus siervos es tan fiel como David, que además es yerno del rey, sirve a tus órdenes y todos lo honran en tu propia casa?

1 de Samuel 22:15 ¿Acaso he comenzado hoy a consultar a Dios por él? ¡No, lejos de mí! Que el rey no culpe de cosa alguna a su siervo, ni a toda la casa de mi padre; porque tu siervo ninguna cosa, grande ni pequeña, sabe de este asunto.

1 de Samuel 22:16 Pero el rey respondió: –Sin duda morirás, Ahimelec, tú y toda la casa de tu padre.

1 de Samuel 22:17 Luego dijo el rey a la gente de su guardia que estaba a su lado: –Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ellos que huía, no me lo hicieron saber. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para matar a los sacerdotes de Jehová.

1 de Samuel 22:18 Entonces dijo el rey a Doeg: –Vuélvete y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg, el edomita, atacó a los sacerdotes y mató en aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían efod de lino.[g]

Vestir un efod de lino constituía la señal visible de que hablaban por Jehová.

¿Por qué Saúl mandó a matar a sus sacerdotes? Saúl sospechaba que había una conspiración entre Jonatán, David y los sacerdotes. Su sospecha provino del informe de Doeg de que vio a David hablando con Ahimelec, el sumo sacerdote, y que recibió de él alimentos y armas. La acción de Saúl mostró su inestabilidad mental y emocional y lo lejos que andaba de Dios.

Al destruir todo en Nob, Saúl colocaba a la ciudad bajo la «maldición» (declarándola completamente destruida) descrita en Deuteronomio 13:12-17, que se suponía debía usarse solo en casos de idolatría y rebelión contra Dios. Pero era Saúl, no los sacerdotes, quien se había rebelado en contra de Dios.

1 de Samuel 22:19 Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, la pasó Saúl a filo de espada: a hombres, mujeres y niños, hasta los de pecho, y bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a filo de espada.

¿Por qué permitió Dios la matanza de ochenta y cinco sacerdotes inocentes? La muerte de esta gente sirvió para ilustrar de manera dramática a la nación hasta dónde un rey puede convertirse en un tirano malvado. ¿Dónde estaban los consejeros de Saúl? ¿Dónde estaban los ancianos de Israel? Algunas veces Dios permite que el mal se desarrolle para enseñarnos a no permitir que sistemas malvados florezcan. Servir a Dios no es obtener un boleto de riqueza, éxito ni salud. Si bien Dios no promete proteger a la gente buena del mal de este mundo, sí promete que al final todo mal quedará abolido. Los que permanezcan fieles a lo largo de sus pruebas experimentarán grandes bendiciones en el día venidero.

1 de Samuel 22:20 Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba Abiatar,[h] pudo escapar, y huyó tras David.

Abiatar escapó y huyó tras David con el efod, una prenda sacerdotal que contenía el Urim y el Tumim, dos objetos que David utilizó para consultar a Dios. El efod fue quizás el único símbolo del sacerdocio que sobrevivió la redada de Saúl y logró llegar hasta el campamento de David. Saúl destruyó el sacerdocio de Israel, pero cuando David subió al trono, instaló a Abiatar como sumo sacerdote. Abiatar permaneció en ese puesto durante todo el reinado de David.

1 de Samuel 22:21 Abiatar dio aviso a David de cómo Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová.

1 de Samuel 22:22 Y David le dijo: –Ya sabía yo aquel día que estando allí Doeg, el edomita, él se lo haría saber a Saúl. He ocasionado la muerte a todas las personas de la casa de tu padre.

1 de Samuel 22:23 Quédate conmigo, no temas; quien busque mi vida, buscará también la tuya; pero conmigo estarás a salvo.

La cueva de Adulam

Después del contragolpe que había recibido en Gat, David huyó a la cueva de Adulam. Realmente son varias las cuevas cerca de la ciudad de Adulam, que en sí queda entre Gat y Hebrón. El terreno se levanta varios centenares de metros en esa parte, a unos 18 km. al sudeste de Gat. No son cuevas muy profundas pero son adecuadas para proteger a un grupo de considerable tamaño. Las más grandes no eran las preferidas por razones de humedad, oscuridad y la abundancia de escorpiones y murciélagos que habitaban sus rincones. Adulam probablemente viene de una palabra que significa esconderse y será luego un escondrijo. Algunos dicen que viene de otra palabra que es ser justo o equitativo, y en ese caso significa “justicia del pueblo”. Nos parece que la primera alternativa cabe mejor dadas las circunstancias. El famoso misionero y explorador inglés W. M. Thompson en su muy conocido tema La Tierra y el Libro ubica la cueva al este de Tecoa, cerca del mar Muerto. Es cierto que hay cuevas allí y algunas muy grandes, pero casi todos los geógrafos la ubican más cerca de Gat, de donde había huido David.

Se reúnen alrededor de David no sólo su familia sino 400 hombres sin otra esperanza. El texto los describe como oprimidos o angustiados (de la raíz “derramar” o “verter”); endeudados y amargados de espíritu (muy bien se traduce amargado o triste). Es una trinidad de desesperanza. Nótese algo comparable con el Hijo de David en Marcos 2:15 que describe los seguidores de Jesús en Galilea.

David lleva a su familia a refugiarse con el rey de Moab. Este país fue enemigo de Saúl y por lo tanto Saúl no buscaría a la familia de David allí. Además Rut, la bisabuela de David, había sido moabita. Sin embargo David negociaba su exilio personalmente. En la LXX dice el versículo 4: “Persuadió (o suplicó) en presencia del rey.” Abogaba la causa y atendía a los suyos. Es un lindo ejemplo de un amor que comienza en el hogar y con la gente más cerca de uno. David mientras tanto está en la fortaleza, palabra hebrea relacionada con la cumbre de la montaña y por eso un fuerte. Herodes llamaba Mazada a su fortaleza en la cumbre de la montaña al lado del mar Muerto. Durante este período de la vida de David, él escribió por lo menos un salmo, quizás el 57. El doctor F. F. Bruce ha señalado la correspondencia entre 57:1 y el significado de esta palabra fortaleza. Dos veces en el Job 57:1 David se refiere a su lugar de refugio, aunque los traductores usen otros términos parecidos para expresar la idea. Este salmo señala el gran peligro en que se encuentra David y a la vez el gozo que tiene en Dios. Son estas experiencias tan duras que maduran el espíritu de David y le transforman en hombre de Dios. David dejó que la paciencia tuviera su obra completa en él.

Esta es la primera vez que encontramos al profeta Gad. Su nombre quiere decir afortunado aunque no sabemos nada de su historia o trasfondo. Su primer mensaje de Dios es este: “No te quedes en la fortaleza.” Había llegado el momento de activarse y como vamos a ver en el Capítulo 23, las ciudades de Judá necesitaban de un protector. Es posible estar tan ocupado con el enemigo que nos olvidamos de nuestra misión. Ningún bien hacían David y sus hombres refugiados en una cueva. Pero ahí afuera en Judá, podrían hacer mucho bien, sirviendo a Dios y a sus semejantes. Se ve que este encuentro de David y Gad fue muy afortunado. Así que David partió y acampó en el bosque de Haret. Este nombre se refiere en hebreo a una maraña de árboles. El lugar se ha identificado con la orilla de la cordillera que pasa por Hebrón, al este de Queila. Fue un buen lugar donde esconderse y a la vez salir de allí en campañas.

La matanza en Gabaa

Saúl mientras tanto, estaba cavilando de manera morbosa en su preocupación paranoica. No podía pensar nada más que en David. Está sentado debajo de un hermoso tamarisco pero no hace nada. Fue Chesterfield que dijo: “La ociosidad es la fiesta de los insensatos.” Fue la ociosidad que entre otras cosas arruinó a Sodoma. Saúl seguramente tenía sus responsabilidades como rey, pero las descuidaba por pensar tanto en David. Su discurso tan lastimero revela su autoconmiseración.

Saúl está convencido de que David es su enemigo. Es un caso de decirse mentiras hasta creerlas. Y aunque equivocado, como rey y cabeza del gobierno él perseguía al supuesto subversivo y esta persecución le obsesiona. Ahora, hasta sus propios soldados leales los considera como cómplices de David. En este momento entra Doeg que se describe aquí como encargado de los siervos de Saúl. Es cierto que la construcción del texto heb. indicaría esta traducción; pero un buen número de expertos mencionan la posibilidad de que la preposición podría considerarse una expresión de asociación, es decir con ellos. Y esto cabe mejor en el contexto de la ocasión. Doeg se encuentra entre o con los siervos de Saúl y se presenta ante el rey para informarle de la presencia de David en Nob no hacía muchos días.

Se puede suponer que Doeg respondió inocentemente a la invectiva de Saúl. Pero el Salmo 52 le describe como uno que ama la maldad. No sigue a Dios sino busca su propio bien y cómo enriquecerse y congraciarse con los hombres. Es un poderoso que se jacta de sus proezas y su fin es la destrucción. En este caso es responsable por la muerte de 85 miembros de la familia de Ajimelec.

Saúl acusa a Ajimelec de tres cosas: conspirar con David contra él, rebelarse (levantarse), y acecharle (ponerle emboscada). La defensa de Ajimelec es magnífica. Es concisa pero resume todo lo necesario. Dice también tres cosas: que David es el hombre más digno de confianza ven todo el reino, que los sacerdotes siempre le habían ayudado, y que era ignorante de cualquier disgusto que los dos hubieran tenido. Con semejante defensa no habría tribunal que le hubiera declarado culpable. Pero Saúl ha dejado de pensar lógicamente. Su mente sospechosa le juzga de culpable sin razonar con cordura. El mero hecho de que ninguno de sus siervos quisiera extender su mano para matar a los sacerdotes es evidencia suficiente para afirmar su inocencia. ¡Cuántas injusticias se han perpetrado en el nombre de la religión y de la supuesta ortodoxia! Saúl considera a Ajimelec como traidor, pero como dice Parker: “La traición contra el pueblo, contra la humanidad, y contra Dios es gran pecado.”

Doeg es el instrumento de destrucción. Va a Nob también y mata a todos, puesto que es ciudad de sacerdotes. Deuteronomio 13:13-14 condena la ciudad que se ha dedicado exclusivamente a la idolatría, pero no es el caso aquí. Saúl mira a todos como cómplices de la supuesta subversión y valiéndose de un despiadado sin escrúpulos, hace matar a todos. Con esto Nob deja de existir. Ningún lugar parecido a este se ha identificado en tiempos modernos aunque según Nehemias 11:32 el nombre aparece en tiempos posexílicos. Algunos lo han ubicado sobre el monte Scopus donde el general romano Tito estableció su campamento para la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de J. C.

Recapitulación de las locuras de Saúl Después de la muerte de Goliat, Saúl intentó contra la vida de David, directa o indirectamente, por lo menos diez veces.

1. Mientras David intentaba calmar el mal espíritu tocando el arpa a su pedido, le arroja la lanza para matarlo.

2. Le confiere un sospechoso honor designándolo jefe de un batallón de mil hombres para enfrentar a los filisteos, no esperando la victoria de éste sin que los filisteos le den muerte en el campo de batalla.

3. No cumple con su promesa de dar a su hija mayor a David, dándosela a otro.

4. Propone a David la ruin condición que éste mate a cien filisteos antes de darle su hija Mical.

5. El tortuoso manejo de la diplomacia con los filisteos.

6. Los intentos de un abierto complot para que Jonatán y sus siervos dieran muerte a David.

7. Los instintos de someter a David a peligrosos enfrentamientos guerreros poniéndolo en primera línea en el combate.

8. El asalto personal con la lanza real.

9. El intento de capturar a David en su propia casa.

10. La fracasada persecución hasta Ramá. Pese a tanta insania y provocación, David actuó prudentemente, como repetidamente lo señala el autor de esta historia, captando de esta manera el amor imperecedero de Jonatán, quien a pesar de su condición jerárquica como sucesor al trono, en ningún momento celó a David reconociendo su posición y protegiéndolo firmemente en todos sus caminos.

La escapada de Abiatar

Abiatar quiere decir “padre de abundancia” en hebreo. Este hijo del sacerdote Ajimelec escapa y encuentra a David con quien se queda. David le dice: Quédate conmigo, expresión que lleva en sí la idea de morar o habitar continuamente. Recuerda la palabra de Jesús: “Sígueme”. Asegura su protección al decirle: estarás seguro, palabra hebrea que significa bien custodiado o guardado. Y el que sigue al Hijo de David, el Señor Jesucristo, es guardado, custodiado y preservado. A pesar de esta grata invitación brindada a Abiatar, en su vejez él apoya a Adonías el hermano de Salomón y fue desterrado por éste al asumir el mando. Cabe también decir aquí que la profecía de 1 de Samuel 2:32-33 se va cumpliendo con la matanza de los sacerdotes descendientes de Elí y con la transferencia del sacerdocio en tiempos de Salomón. Todo esto hubiera sido evitado por la fidelidad y obediencia del sacerdote Elí. Pero Dios visita la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generaciones. ¡Cuán terrible es el pecado! ¡Cuán lejos van extendiéndose las consecuencias de su error! Sólo la sangre de Jesucristo es suficiente para limpiarnos de todo pecado y restaurarnos a una posición de favor delante de Dios.

Es notable que David admite responsabilidad por la matanza. Juan Sanford dice que solamente una persona sicológicamente honesta puede hacer una declaración como ésta. No quiere decir necesariamente que tal persona sea buena, pero significa que tiene la valentía de confrontar la realidad y confesar su existencia. Kunkel comenta que tal honestidad es la base para todas las demás virtudes. Sin esta honestidad nunca supera actitudes egocéntricas. Aquí, una vez más, se ve la gran diferencia entre David y Saúl. El rey no trataba con honestidad la realidad de las circunstancias y negaba su culpabilidad.

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