La matanza en Gabaa
Saúl mientras tanto, estaba cavilando de manera morbosa en su preocupación paranoica. No podía pensar nada más que en David. Está sentado debajo de un hermoso tamarisco pero no hace nada. Fue Chesterfield que dijo: “La ociosidad es la fiesta de los insensatos.” Fue la ociosidad que entre otras cosas arruinó a Sodoma. Saúl seguramente tenía sus responsabilidades como rey, pero las descuidaba por pensar tanto en David. Su discurso tan lastimero revela su autoconmiseración.
Saúl está convencido de que David es su enemigo. Es un caso de decirse mentiras hasta creerlas. Y aunque equivocado, como rey y cabeza del gobierno él perseguía al supuesto subversivo y esta persecución le obsesiona. Ahora, hasta sus propios soldados leales los considera como cómplices de David. En este momento entra Doeg que se describe aquí como encargado de los siervos de Saúl. Es cierto que la construcción del texto heb. indicaría esta traducción; pero un buen número de expertos mencionan la posibilidad de que la preposición podría considerarse una expresión de asociación, es decir con ellos. Y esto cabe mejor en el contexto de la ocasión. Doeg se encuentra entre o con los siervos de Saúl y se presenta ante el rey para informarle de la presencia de David en Nob no hacía muchos días.
Se puede suponer que Doeg respondió inocentemente a la invectiva de Saúl. Pero el Salmo 52 le describe como uno que ama la maldad. No sigue a Dios sino busca su propio bien y cómo enriquecerse y congraciarse con los hombres. Es un poderoso que se jacta de sus proezas y su fin es la destrucción. En este caso es responsable por la muerte de 85 miembros de la familia de Ajimelec.
Saúl acusa a Ajimelec de tres cosas: conspirar con David contra él, rebelarse (levantarse), y acecharle (ponerle emboscada). La defensa de Ajimelec es magnífica. Es concisa pero resume todo lo necesario. Dice también tres cosas: que David es el hombre más digno de confianza ven todo el reino, que los sacerdotes siempre le habían ayudado, y que era ignorante de cualquier disgusto que los dos hubieran tenido. Con semejante defensa no habría tribunal que le hubiera declarado culpable. Pero Saúl ha dejado de pensar lógicamente. Su mente sospechosa le juzga de culpable sin razonar con cordura. El mero hecho de que ninguno de sus siervos quisiera extender su mano para matar a los sacerdotes es evidencia suficiente para afirmar su inocencia. ¡Cuántas injusticias se han perpetrado en el nombre de la religión y de la supuesta ortodoxia! Saúl considera a Ajimelec como traidor, pero como dice Parker: “La traición contra el pueblo, contra la humanidad, y contra Dios es gran pecado.”
Doeg es el instrumento de destrucción. Va a Nob también y mata a todos, puesto que es ciudad de sacerdotes. Deuteronomio 13:13-14 condena la ciudad que se ha dedicado exclusivamente a la idolatría, pero no es el caso aquí. Saúl mira a todos como cómplices de la supuesta subversión y valiéndose de un despiadado sin escrúpulos, hace matar a todos. Con esto Nob deja de existir. Ningún lugar parecido a este se ha identificado en tiempos modernos aunque según Nehemias 11:32 el nombre aparece en tiempos posexílicos. Algunos lo han ubicado sobre el monte Scopus donde el general romano Tito estableció su campamento para la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de J. C.
