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Deuteronomio 21: Expiación de un asesinato cuyo autor se desconoce

En el código de Hammurabi y en las actuales costumbres de los nómadas de Moab hay algo que tiene parecido con esta disposición, aunque en el fondo se distingue totalmente de ella. Desde Génesis sabemos que la sangre derramada clama al cielo, pidiendo la sangre del homicida, con que ha de ser expiado el crimen. En caso de que éste exista de verdad, la muerte del criminal debe seguirse irremisiblemente. Con ella la justicia divina queda aplacada, y el pueblo purificado del crimen que en medio de él se cometió. Ahora bien, en el caso presente el crimen se da por cierto, y sus consecuencias religiosas también; pero el reo es ignorado, y la expiación no puede tener lugar. ¿Qué hacer? Pues la ciudad más cercana, en la que pudieran recaer primeramente las sospechas, debe hacer lo que en el derecho canónico antiguo se llamaba purgatio canónica. Para ello deben los ancianos — representantes calificados de ella — matar una novilla, lavarse las manos y protestar no haber tenido parte en aquel crimen. Con la sangre de la novilla queda expiado el crimen, y la nación purificada de él. La intervención de los sacerdotes, que algunos consideran como adición de un glosista, aseguraría ante la justicia el cumplimiento del rito. La elección del sitio para cumplir la ceremonia, el valle o torrente, parece obedecer al deseo de que la sangre sea llevada por el torrente, de forma que la tierra quede como purificada. Las condiciones de que la novilla que se ha de matar no haya trabajado ni haya sido sometida al yugo, indica el carácter religioso del acto, pues se la concibe como una víctima expiatoria por la sangre inocente derramada ante Dios, y por eso se requiere que sea selecta. El lugar donde se sacrifique debe ser también no cultivado, es decir, intacto, no profanado por el arado. Los ancianos deben lavar sus manos (seguramente en el arroyo) ante la víctima en señal de inocencia, y piden a Dios que acepte esta expiación por la sangre inocente derramada, en sustitución de la sangre del asesino. De este modo el pueblo israelita queda purificado ante Dios del crimen cometido.

Deu 21:1 Si en la tierra que Jehová tu Dios te da para que la poseas, fuere hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se supiere quién lo mató,

Deu 21:2 entonces tus ancianos y tus jueces saldrán y medirán la distancia hasta las ciudades que están alrededor del muerto.

Deu 21:3 Y los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto, tomarán de las vacas una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado yugo;

Deu 21:4 y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle escabroso, que nunca haya sido arado ni sembrado, y quebrarán la cerviz de la becerra allí en el valle.

Deu 21:5 Entonces vendrán los sacerdotes hijos de Leví, porque a ellos escogió Jehová tu Dios para que le sirvan, y para bendecir en el nombre de Jehová; y por la palabra de ellos se decidirá toda disputa y toda ofensa.

Deu 21:6 Y todos los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto lavarán sus manos sobre la becerra cuya cerviz fue quebrada en el valle;

Deu 21:7 y protestarán y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto.

Deu 21:8 Perdona a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Jehová; y no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada.

Deu 21:9 Y tú quitarás la culpa de la sangre inocente de en medio de ti, cuando hicieres lo que es recto ante los ojos de Jehová.

El crimen anónimo echaba una mancha de sangre sobre toda la comunidad; se requería, por lo tanto, una acto de expiación comunitaria. El procedimiento legal y religioso debía ser llevado a cabo por los ancianos y los jueces miembros del tribunal central, los ancianos de la ciudad que asumían esa responsabilidad, y los sacerdotes. La cerviz de una becerra era quebrada como señal del castigo que el crimen merecía.

Cuando se cometía un crimen y el autor del mismo huía, toda la comunidad cargaba con la responsabilidad. Casi de la misma manera, si la ciudad tenía una intersección peligrosa y alguien era asesinado ahí, la comunidad era responsable tanto de los daños como de las restauraciones. Dios estaba señalando la necesidad que tenía la comunidad entera de responsabilizarse de lo que sucedía alrededor de ellos y de corregir cualquier situación que pudiera ser potencialmente peligrosa: física, social o moral.

Diversas leyes

Deu 21:10 Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos,

Deu 21:11 y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer,

Deu 21:12 la meterás en tu casa; y ella rapará su cabeza, y cortará sus uñas,

Deu 21:13 y se quitará el vestido de su cautiverio, y se quedará en tu casa; y llorará a su padre y a su madre un mes entero; y después podrás llegarte a ella, y tú serás su marido, y ella será tu mujer.

Deu 21:14 Y si no te agradare, la dejarás en libertad; no la venderás por dinero, ni la tratarás como esclava, por cuanto la humillaste.

Dios permitía a los israelitas tomar mujeres cautivas en ciudades distantes, pero debían abandonar el paganismo y aceptar el judaísmo antes de casarse. No se explica la razón por la cual Dios permitía el divorcio si después la mujer no le agradaba al esposo.

La concesión que en esta perícopa se contiene respecto a la apropiación de mujeres cautivas parece una excepción a la ley tan reiterada de no tomar mujeres extranjeras como esposas. Ya hemos visto que — según las leyes de guerra de la época — las mujeres formaban parte del botín de guerra. En nuestro caso, la prisionera pasa de una nación a otra, muriendo a la que le dio el ser, por lo que deberá hacer duelo durante treinta días, despojándose de cuanto era signo de su antigua nacionalidad. Con esto comienza una vida nueva en la nación israelita. Caso de que el marido israelita la repudiara, la dejará libre, sin poder invocar sobre ella el derecho de guerra vendiéndola como esclava. Es esto una mitigación del derecho de guerra antiguo, conforme al espíritu humanitario del Deuteronomio.

Deu 21:15 Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida;

Deu 21:16 en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito;

Deu 21:17 mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.

Se trata en esta disposición de poner límite a la voluntad arbitraria del padre, cortando de raíz perturbaciones familiares. Se niega al padre el derecho de declarar primogénito al hijo de la esposa preferida en una sociedad en que estaba legalmente admitida la poligamia. La existencia del derecho de primogenitura aparece ya en la época patriarcal5. El deuterononomista supone este derecho y trata de canalizarlo conforme a las exigencias de la equidad: aunque el primogénito sea hijo de la aborrecida, a él le pertenece la parte doble o los dos tantos en la distribución general entre todos los hijos. La legislación rabínica regulará esta materia dividiendo el patrimonio en tantas partes más una como hijos son, de forma que el primogénito se lleve dos partes6. De hecho, en la práctica los padres procuraban eludir esta legislación haciendo donaciones especiales a los hijos preferidos7. En el código de Hammurabi se permite al padre que mientras viva pueda hacer alguna donación en favor del hijo preferido8; pero no existe propiamente el derecho de primogenitura, como tampoco existe entre los árabes.

Deu 21:18 Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere;

Deu 21:19 entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva;

Deu 21:20 y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho.

Deu 21:21 Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá.

Los hijos desobedientes y rebeldes debían ser llevados ante los ancianos de la ciudad y luego apedreados hasta la muerte. No hay registro bíblico o arqueológico de que este castigo fuera alguna vez llevado a cabo, pero el punto era que la desobediencia y la rebelión no debían ser toleradas en el hogar ni se debía permitir que quedara sin corrección.

Estos versículos demuestran la importancia del quinto mandamiento.

Sin embargo, no parece que se cumpliera puntualmente esta ley, ya que en numerosos relatos bíblicos se habla de la exposición prolongada de los cadáveres para escarmiento del pueblo.

La constitución patriarcal de la familia en Israel antiguo exigía que se conservase la autoridad de su jefe. Acaso en tiempos anteriores el padre gozaría de autoridad para hacer de juez en la causa de su hijo; aquí ha perdido ya ese derecho y debe acudir a los jueces de la ciudad, como el pater familias de la antigua Roma, lo que refleja una situación social más evolucionada. Por otra parte, se habla de los ancianos de la ciudad y de la puerta de la ciudad, todo lo cual nos lleva al ambiente social de la época de los jueces9. La ley es severa, y se refiere a los casos de insubordinación permanente y contumaz del hijo que no quiere obedecer a sus padres10. A esto se añade su vicio de embriagarse, todo lo cual prueba que es un caso desesperado, que plantea un problema familiar agudo y un escándalo ante la sociedad. Por eso debe ser juzgado por los ancianos de la ciudad y públicamente en el lugar de mayor concurrencia, la puerta de la ciudad. Todos los hombres de la ciudad deben lanzar sus piedras contra el hijo rebelde, extirpando así todo conato de rebeldía contra la autoridad paterna. En el derecho babilónico, el padre puede repudiar al hijo, pero después de declaración judicial12, y la legislación romana daba al padre derecho de vida y muerte en la familia.

Deu 21:22 Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero,

Deu 21:23 no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado;(A) y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.

Entre todos los focos de impureza que la Ley reconoce, el cadáver es el primero, de forma que cuanto había en la casa o en la tienda donde moría alguno, quedaba, por lo mismo, impuro. En el caso del ajusticiado, la contaminación era mayor, pues era como un maldito de Yahvé. Por eso se prescribe aquí que se retire al punto su cadáver, lo que a la vez era un acto de humanidad y de respeto al muerto. Esta es la ley alegada por Nicodemo para obtener de Pilato el cuerpo exánime de Jesús.

La horca no era un método utilizado para ejecutar la pena de muerte por los israelitas. De acuerdo con esta secuencia, el hombre era muerto y después colgado a un árbol, como una advertencia a la gente de que violar la Ley de Dios costaba caro. Maldito por Dios es el colgado : El apóstol Pablo utilizó esta frase para presentar una analogía con Cristo. Al igual que el cuerpo del criminal era maldecido por Dios, así Cristo, colgado de la cruz, llevaba sobre sí el castigo divino, la misma vergüenza que todo criminal condenado. Al tomar sobre sí la maldición de la Ley, Jesucristo nos redimía de ella.

Leyes misceláneas

Esta sección del código deuteronómico consiste de una colección de leyes que procuraban explicar las implicaciones de los Diez Mandamientos, especialmente los que regulaban las relaciones entre los miembros de la comunidad del pacto. Las leyes que aparecen en esta sección procuraban proveer una dirección moral para el pueblo de Israel. Estas leyes trataban de la pureza de la tierra y del pueblo, del matrimonio y de las relaciones matrimoniales. Además, continuando el espíritu humanitario de Deuteronomio, las leyes también discuten la situación y el cuidado de las personas pobres que vivían dentro de la comunidad israelita.

Expiación del pueblo

El texto introduce el caso del hallazgo del cuerpo de una persona que no murió por causa natural, sino que fue víctima de un homicidio. El cuerpo de la víctima fue hallado en un campo fuera de la ciudad. En casos de homicidio, la ley israelita demandaba que el asesino muriera por su crimen, pero en este caso el homicida era desconocido. Por cuanto se ignoraba quién había matado a la víctima, las leyes que regulaban el asesinato no podían ser aplicadas al homicida, pero, por cuanto la sangre de la persona muerta clamaba por justicia, la comunidad donde el cuerpo fue hallado tenía la responsabilidad de hacer expiación por el pueblo y así declarar la inocencia de la comunidad. El concepto de esta ley estaba basado en la tradición que aparece en la muerte de Abel. La sangre de Abel, derramada por su hermano Caín, clamaba desde el suelo pidiendo la sangre del homicida, con la cual se haría expiación por el crimen. La referencia a que el crimen sucedió en la tierra que Jehová había dado a Israel como herencia sirve para enfatizar que la tierra prometida que Jehová había dado a su pueblo era una tierra santa.

La ciudad más cercana del lugar donde el cuerpo fue hallado tenía la responsabilidad de hacer la expiación por el pueblo. Para decidir cuál ciudad era la más cercana, los ancianos de las ciudades que estaban más cerca de la persona muerta calculaban la distancia entre el cadáver y las ciudades vecinas para decidir cuál era la ciudad más cercana.

Para hacer expiación por el pueblo los ancianos de la ciudad más cercana tomarían una vaquilla que todavía no hubiera sido sometida al yugo ni al trabajo. El simbolismo del rito es desconocido pero el sentido es nítidamente religioso. La muerte de la ternera tenía un carácter expiatorio, su muerte simbolizaba la sangre inocente derramada delante de Dios.

Después de seleccionar el animal para el sacrificio, los ancianos de la ciudad donde el homicidio había sucedido llevaban la novilla a un lugar donde había un arroyo permanente y allí rompían la nuca de la ternera. El acto de romper la nuca de un animal aparece en conexión con la presentación del primogénito del asno. La nuca del primogénito del asno era rota cuando él no era redimido por un cordero. La muerte de la vaquilla indicaba que la muerte del animal no era un sacrificio regular para la expiación del pecado, porque la expiación del pecado demandaba el derramamiento de sangre. La muerte del animal simbolizaba el sufrimiento y la muerte que el homicida debía sufrir, pero el animal inocente tomaba su lugar.

La presencia de los sacerdotes durante la ceremonia servía para enfatizar el carácter religioso y expiatorio del ritual. Los sacerdotes decidían todo pleito o todo daño. Según las leyes del antiguo Oriente, un clan o una ciudad se hacía responsable por la muerte de una persona si el homicida no era hallado. Si el asesino era desconocido, la comunidad tenía que pagar o compensar a la familia de la víctima por el daño causado a la familia del muerto.

En la presencia de los sacerdotes, los ancianos de la ciudad lavaban sus manos sobre la vaquilla desnucada y confesaban la inocencia de la comunidad. El simbolismo de este acto explica el propósito de este ritual. La muerte del animal declaraba que los ancianos reconocían que la persona culpada debía morir por su crimen así como la ternera. Sin embargo, la acción de lavar las manos era una declaración solemne de que ellos y toda la comunidad eran inocentes y que ningún habitante de aquella ciudad era responsable de aquel crimen. La declaración de inocencia servía para testificar que la comunidad no tenía responsabilidad por el homicidio y que ellos desconocían quién había cometido el crimen. La palabra declararán tiene un sentido de testificar en una corte de ley. Con sus palabras y con el simbolismo de lavarse las manos, los ancianos declaraban dos veces que la comunidad era inocente del homicidio.

Después de haber declarado la inocencia de la comunidad, los ancianos oraban y suplicaban a Jehová que perdonara al pueblo. La palabra perdonada tiene la idea de “expiar” (heb. kipper). En el AT expiar era el acto por el cual Jehová perdonaba el pecado del pueblo y quitaba la contaminación. El acto de expiación era por medio de un sacrificio establecido por Jehová. La palabra kipper viene de una palabra que significa “cubrir”. El concepto básico de expiación implica eliminar un obstáculo que causa la separación entre una persona y Dios. La oración de los ancianos era entonces una suplica a Jehová para que aceptara la muerte de la ternera como una expiación de la sangre inocente derramada por una persona desconocida. La oración fue hecha al Dios que había redimido a Israel. La palabra redimido es una referencia a la redención de Israel de Egipto. Esta palabra aparece diversas veces en Deuteronomio para indicar la obra redentora de Dios. La oración de los ancianos fue hecha a Jehová por causa de su relación especial con Israel y porque él era un Dios compasivo, un Dios que se complacía de su pueblo.

Es posible que después del ritual de expiación y de la oración de los ancianos, los sacerdotes, actuando como representantes de Jehová, declaraban a la comunidad inocente de la sangre derramada y perdonaban al pueblo de la consecuencia del homicidio. De esta manera el pueblo de Israel quedaba purificado del crimen que había sido cometido en la comunidad.

Sangre inocente

La ley hacía provisión para remover la culpa corporal de una comunidad cuando encontraba evidencias de un crimen, pero no podían descubrir al culpable del crimen. La solución consistía en el sacrificio de un animal y el lavado de las manos de los sacerdotes sobre el animal sacrificado.

De la misma manera Cristo derramó su sangre inocente para expiar los pecados de toda la humanidad. Sin su acto de sacrificio, nuestra salvación no hubiera sido posible. Por eso, necesitamos reconocer su obra sacrificial, arrepentirnos de nuestros pecados, y confiar en que Cristo nos perdonará y nos limpiará de toda maldad.

Trato de una mujer cautiva

Esta sección introduce otra ley relacionada con la práctica de la guerra. Las palabras que introducen la ley que regula el trato de una mujer capturada en la guerra son las mismas que aparecen en 20:1 para introducir las leyes regulando la conducta de la guerra. Es posible que los enemigos mencionados aquí no eran los cananeos, porque desde la perspectiva deuteronómica, los cananeos debían ser completamente destruidos por Israel durante la invasión de Canaán. Posiblemente, la persona mencionada era una mujer que iba a ser hecha prisionera en una de las guerras de Israel contra las naciones vecinas. Según las culturas del antiguo Oriente, las mujeres conquistadas en la guerra eran parte del botín de guerra. A los israelitas les era permitido tomar a las mujeres y niños como botín de guerra y en casos excepcionales, un israelita podía tomar a una mujer cautiva para ser su esposa. Sin embargo, si algún soldado deseaba tomar una de las mujeres cautivas para ser su esposa, la mujer tenía que cumplir diversas condiciones.

Primeramente, era llevada a la casa de su nuevo dueño para ser integrada a su familia. En segundo lugar, tenía que participar de un ritual de purificación. Como parte de este ritual, la mujer tenía que rapar su cabeza, arreglar sus uñas y quitarse el vestido con el cual fue capturada. Estas acciones representaban una renuncia de su vida antigua y de las costumbres de su país. Este ritual también representaba su preparación para entrar a una nueva vida, a una nueva patria y a un nuevo hogar.

Además de estas acciones simbólicas, la mujer cautiva tenía que lamentar por un mes a su padre y a su madre. La expresión hará duelo lit. significa “llorar”, “lamentar”. Esta lamentación por la patria perdida y por la separación de su padre y su madre servía para declarar que, para ella, la vida antigua había pasado y que ahora empezaba a vivir una nueva vida. Su nueva vida incluía abandonar su antigua vida religiosa para adoptar la religión de su esposo y abandonar su dios para aceptar al Dios de Israel.

Después de este período de purificación, el hombre israelita podía tomar a la mujer cautiva como su esposa y consumar el matrimonio. La ley deuteronómica establecía una provisión especial para garantizar el derecho de la mujer que fue sacada de su país como prisionera de guerra e incorporada a la casa de un israelita por medio del matrimonio. Esta provisión una vez más revela el espíritu humanitario del deuteronomista y su deseo de elevar la situación social de la mujer israelita.

Si después del matrimonio el esposo despreciaba a su esposa y decidía divorciarse de ella, él no podía tratarla como una esclava. La expresión y ella no te agrada también aparece en la ley acerca del divorcio. Esta provisión de la ley deuteronómica tenía la finalidad de proveer derechos para la mujer divorciada, aun cuando fuera una extranjera. No podía ser considerada propiedad de su esposo ni ser vendida. Tenía el mismo derecho que una mujer israelita. La expresión la dejarás ir libre significaba que ella salía de la casa de su esposo no como una esclava vendida, sino como una mujer divorciada, pero al mismo tiempo libre. La carta de divorcio garantizaba a la mujer una posición de independencia en la sociedad israelita. Si el esposo no deseaba dar a su esposa la carta de divorcio y decidía mantenerla en su casa, él no tenía derecho de tratarla con brutalidad. La palabra traducida deshonrado aparece para indicar abuso sexual. El deuteronomista considera que la mujer usada y abusada por su esposo, era digna de la protección de la ley.

Los derechos de la mujer cautiva

La ley protegía a la mujer cautiva en una época cuando la crueldad prevalecía como método de tratamiento más común. Se suponía que la mujer cautiva estaría en duelo por su suerte. Por eso, la ley exigía el separar un mes para permitirle expresar su dolor por su situación y adaptarse emocionalmente a su nueva situación.

En algunos casos los hombres israelitas desarrollaban afecto hacia la mujer cautiva, y decidían que querían casarse con ella. En tales casos, tenían que seguir una ceremonia que representaba el abandono de los ritos religiosos paganos de la mujer, y su aceptación en la comunidad de los israelitas. La actitud humanitaria se enfatiza en todo este rito.

El derecho del hijo primogénito

La ley deuteronómica que trata del derecho del hijo primogénito es de gran importancia en situaciones donde un hombre es marido de dos o más mujeres. Monogamia, o sea, la relación matrimonial entre un hombre y una mujer fue siempre el ideal de Dios para todos los seres humanos. Pero la poligamia, el matrimonio de un hombre con más de dos mujeres, aun cuando nunca fue aprobado por Dios, era una práctica muy común en el AT. Los patriarcas Abraham y Jacob, Elcana y muchos de los reyes de Israel tuvieron dos o más esposas.

Uno de los problemas del matrimonio polígamo en el AT fue que muchas veces, una esposa era más favorecida que otra. En el caso de Jacob, él amó a Raquel más que a Lea y Lea era considerada una mujer aborrecida, o sea despreciada. El propósito de esta ley es de mantener el derecho del hijo primogénito, aun cuando éste fuera el hijo de la esposa aborrecida. Esta ley acerca del derecho del hijo primogénito era de mucha importancia en una sociedad donde el derecho de primogenitura determinaba autoridad y privilegio dentro de la familia. En una familia el primogénito recibía el respeto de sus hermanos y ejercía autoridad sobre ellos. Después de la muerte de su padre, el primogénito recibía una doble porción de los bienes que cada uno de sus hermanos heredaba y él se tornaba en el líder de la familia o del clan.

Por causa de la poligamia que se practicaba en la sociedad israelita, la ley deuteronómica hace una distinción entre el primogénito del padre y al primogénito de una mujer, o sea, el hijo que abría el seno materno. La ley presenta el caso del hombre que tenía dos hijos primogénitos, uno de cada esposa. La ley declara que el esposo no podía declarar el primogénito de la esposa que él amaba como el heredero de todos sus bienes y así despreciar a su verdadero heredero, el hijo primogénito de la esposa aborrecida. La ley deuteronómica afirma que un hijo no podía ser declarado el hijo primogénito por el deseo de su padre. El padre tenía que reconocer su verdadero hijo primogénito y darle la doble porción de sus bienes como su herencia, aun cuando él era el hijo de la esposa menospreciada. El tenía derecho de recibir la herencia de su padre porque él era su primogénito, la primicia de su vigor.

Hijos desobedientes

Muchas veces los padres lamentan mucho la desobedie

ncia y los actos de rebeldía de parte de sus hijos. Pero el pasaje a énfasis a la importancia de la crianza de los hijos, la cual consiste en los siguientes pasos:

1. La instrucción de los hijos, desde pequeños.

2. La amonestación, con explicaciones amplias de las razones.

3. La corrección, cuando hay evidencias de rebeldía.

4. El ejemplo con el comportamiento correcto.

El seguir estos pasos resultará en la crianza de hijos que respetan a sus padres y las figuras de autoridad en la comunidad.

El hijo primogénito

Las leyes contemporáneas no dan privilegio especial al hijo primogénito en nuestros países, como se hacía en la antigüedad. Parece que el primogénito gozaba de cierta autoridad y responsabilidad que era única, porque había la posibilidad que tendría que asumir el papel de la autoridad final en el hogar. Por eso, se defendía el derecho del primogénito, y a veces la rivalidad llegaba al punto de violencia. Este pasaje tiene el propósito de proteger el derecho del primogénito, aun en casos donde el padre intentaba evitarlo. El problema se intensificó cuando existía la poligamia, situación común en aquel entonces. Casi siempre el esposo tenía preferencia por una de las esposas, y su hijo no siempre era el primogénito en la familia. La ley prohibía el tratar de eliminar al hijo que justamente tenía derecho de tal título.

El castigo del hijo rebelde

El intento de esta ley es mantener la autoridad paterna dentro del seno de la familia. La existencia de esta ley es una de- claración evidente de que el quinto mandamiento, que demanda a los hijos que honren al padre y a la madre, estaba siendo violado.

En una sociedad patriarcal, como lo era la israelita, la autoridad paterna era la base de la vida social y familiar. Por esta razón, era necesario mantener la autoridad del padre sobre su familia. El caso presentado en esta ley habla de un padre que había perdido esta autoridad y necesitaba acudir a los ancianos de la ciudad para resolver un caso de insubordinación de parte de un hijo.

El caso aquí no es de un hijo que desobedece a su padre ocasionalmente, sino de un hijo contumaz, un hijo que constantemente se rebela contra la autoridad de su padre y de su madre. La ley trata del caso de un hijo que rechaza la disciplina paterna y no obedece la amonestación de sus padres. El hijo que se rebelaba contra sus padres se rebelaba contra Jehová y violaba la base religiosa y social de la comunidad del pacto. La destrucción de la familia era al mismo tiempo la destrucción de la base moral, social y espiritual de la sociedad y de la vida comunitaria de Israel como un pueblo que vivía bajo las estipulaciones del pacto.

En el caso del hijo rebelde y contumaz, los padres tenían el derecho de llevar a su hijo a la presencia de los ancianos de la ciudad y ellos, reunidos en la puerta de la ciudad donde se administraba la ley, servían como los jueces de la corte local. Los padres presentaban el caso a los jueces. El caso de los padres contra el hijo era serio: él era contumaz, rebelde, desobediente, libertino y borracho. Las palabras libertino y borracho aparecen como “comilones de carne” y “bebedores de vino”. Además de ser un rebelde, el hijo era un borracho, un escándalo para sus padres.

Si la acusación contra el hijo era corroborada por los ancianos, la sentencia de la corte era severa: el hijo rebelde era condenado a la muerte por apedreamiento. Los hombres de la ciudad tenían la responsabilidad de apedrearlo hasta la muerte. El propósito de esta ley era quitar el mal de la comunidad y para enseñar a otros hijos la consecuencia de la violación del quinto mandamiento. Este no es el único crimen en el AT donde el hijo rebelde era castigado con la pena de muerte. La ley también prescribe la pena de muerte para el hijo que golpea a sus padres y para el hijo que maldice a sus padres.

El AT no presenta ninguna evidencia de que este castigo fuese ejecutado. Esta ley trataba de despertar en cada israelita el respeto hacia los padres y suscitar en cada persona un sentimiento de reverencia y obediencia a la autoridad paternal. Aun cuando es imposible saber si la ley fue aplicada en Israel, la ley permanece, como una eterna advertencia a los jóvenes de Israel de la consecuencia de la rebelión contra la autoridad paternal.

La ley del ahorcado

Esta ley trata del caso de una persona que había cometido un crimen que merecía la pena de muerte. El ahorcamiento era practicado en el antiguo oriente. Los filisteos colgaron el cuerpo de Saúl. Los persas estaban planeando colgar a los israelitas durante una persecución religiosa. Los asirios, en sus campañas de conquista contra otras naciones, colgaban los cadáveres de las personas conquistadas en las paredes de las ciudades. Pero el ahorcamiento raramente aparece en el AT como una pena de muerte. Josué colgó el rey de Hai en un árbol hasta el atardecer. Es probable que los israelitas colgaban los cadáveres para mostrar que la ofensa del criminal había merecido la muerte.

La ley deuteronómica habla de la persona que había cometido un crimen que merecía la muerte y que después de ser ejecutada por su crimen, su cuerpo era exhibido públicamente después de la ejecución para enseñar a la comunidad la consecuencia de la violación de la ley. El malhechor era colgado en el árbol no para ejecutar la sentencia de muerte. Era colgado en el árbol después de la ejecución de su sentencia para aumentar su deshonra. Su deshonra era delante de Dios y delante de la comunidad.

El cuerpo de la persona ahorcada no podía quedar en el árbol durante la noche porque contaminaría la tierra. Por esta razón el cuerpo del ahorcado tenía que ser sepultado lo más pronto posible. El texto parece indicar que solamente un crimen atroz merecía este castigo. Por esta razón, la persona ahorcada era una maldición de Dios. Así que, el propósito del ahorcamiento era para declarar públicamente que un crimen atroz había sido cometido, pero que la justicia divina había sido hecha y que la tierra había sido purificada de este crimen abominable.

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