Deu 21:15 Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida;
Deu 21:16 en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito;
Deu 21:17 mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura.
Se trata en esta disposición de poner límite a la voluntad arbitraria del padre, cortando de raíz perturbaciones familiares. Se niega al padre el derecho de declarar primogénito al hijo de la esposa preferida en una sociedad en que estaba legalmente admitida la poligamia. La existencia del derecho de primogenitura aparece ya en la época patriarcal5. El deuterononomista supone este derecho y trata de canalizarlo conforme a las exigencias de la equidad: aunque el primogénito sea hijo de la aborrecida, a él le pertenece la parte doble o los dos tantos en la distribución general entre todos los hijos. La legislación rabínica regulará esta materia dividiendo el patrimonio en tantas partes más una como hijos son, de forma que el primogénito se lleve dos partes6. De hecho, en la práctica los padres procuraban eludir esta legislación haciendo donaciones especiales a los hijos preferidos7. En el código de Hammurabi se permite al padre que mientras viva pueda hacer alguna donación en favor del hijo preferido8; pero no existe propiamente el derecho de primogenitura, como tampoco existe entre los árabes.
Deu 21:18 Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde, que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre, y habiéndole castigado, no les obedeciere;
Deu 21:19 entonces lo tomarán su padre y su madre, y lo sacarán ante los ancianos de su ciudad, y a la puerta del lugar donde viva;
Deu 21:20 y dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho.
Deu 21:21 Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán, y morirá; así quitarás el mal de en medio de ti, y todo Israel oirá, y temerá.
Los hijos desobedientes y rebeldes debían ser llevados ante los ancianos de la ciudad y luego apedreados hasta la muerte. No hay registro bíblico o arqueológico de que este castigo fuera alguna vez llevado a cabo, pero el punto era que la desobediencia y la rebelión no debían ser toleradas en el hogar ni se debía permitir que quedara sin corrección.
Estos versículos demuestran la importancia del quinto mandamiento.
Sin embargo, no parece que se cumpliera puntualmente esta ley, ya que en numerosos relatos bíblicos se habla de la exposición prolongada de los cadáveres para escarmiento del pueblo.
