La instrucción de los hijos
Los hijos de Israel, como herederos de los patriarcas, estaban incluidos en la promesa del pacto. Por eso, cada israelita debía ser instruido por sus padres. La continuidad de la fe dentro de la comunidad del pacto y el futuro de la comunidad de fe dependía de la enseñanza que los padres impartían a sus hijos. Los padres debían enseñar a sus hijos la obra salvadora de Jehová en la liberación de Israel de Egipto y los deberes que correspondían a cada israelita.
La pregunta que el niño hace a su padre es parte del ritual de la pascua. El propósito de enseñar a cada israelita la experiencia de Israel en el éxodo de Egipto era la de conservar en la memoria de las futuras generaciones lo que Jehová había hecho en Egipto para rescatar a su pueblo. La respuesta que el padre da a su hijo es parte de la confesión de fe de Israel. Esa respuesta es un recital de la gran obra de salvación hecha por Jehová, desde la redención de Israel de la esclavitud de Egipto hasta la entrada en la tierra prometida. Hay comentaristas que afirman que esta respuesta era una actualización de la obra salvífica de Jehová que un padre transmitía a su hijo y está relacionada con el credo israelita.
Las señales y los grandes prodigios incluyen no solamente la demostración de poder en Egipto sino también todas las señales hechas en el desierto durante los 40 años de peregrinación. La redención de Israel será completa cuando la promesa hecha a los patriarcas se cumpla con la conquista de la tierra de Canaán.
Por medio de su obediencia a la torah de Jehová, Israel heredaría la tierra prometida y la obediencia a la palabra de Dios sería la justicia de Israel. Justicia describe una relación verdadera y personal con Jehová. Cuando Abraham creyó en Dios él fue justificado. La completa obediencia a los preceptos de Dios justifica a Israel porque la obediencia de Israel produce una relación verdadera con Dios.
