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Eclesiastés 3: Perspectivas diversas sobre la vida

¿Quién sabe si el espíritu del hombre…? Encontramos un enfoque distinto. Porque esa es su porción. Si se deja el futuro a Dios queda para el hombre una sola posibilidad: alegrarse en sus obras en el aquí y ahora.

Proverbios 4:1-3 vuelve al tema de la injusticia pero aquí como “opresión”. Manifiesta una actitud distinta: ante la injusticia la seguridad de la justicia de Dios, ante la opresión la melancólica reflexión de que sería mejor morir o no haber nacido. No tienen quien los consuele (versículo 1). Nacam, significa que no hay quién para compadecer con ellos en su dolor. He visto que todo trabajo y toda obra excelente son resultado de la rivalidad del hombre contra su prójimo (versículo 4). Una manera contemporánea y un poco más suave de referirse al tema, que se ve que es muy antiguo, es el concepto de emulación. Por esto último se entiende el sentimiento que nos lleva a imitar los ejemplos superiores. Para la palabra hebrea se dan en castellano los siguientes equivalentes: celo, celos, afán, pasión, envidia. Un comentario a estas motivaciones humanas es el capítulo 13 de 1 de Corintios.

El necio se cruza de brazos (versículo 5). El necio no siente el desafío de emular a nadie, es la manera de unir este proverbio popular con la argumentación que el Predicador venía trayendo hasta aquí. A él no lo mueve de su indolencia el ejemplo de los demás, se muere de hambre pero se queda de “brazos cruzados”.

¡Hombres y animales, un mismo destino : la muerte! Los versículos 19-21 del capítulo 3 trazan una comparación entre los hombres y los animales. No debemos caer en el error de interpretar estos versículos con categorías aristotélicas acerca de la naturaleza del hombre y del animal pues no es intención de Eclesiastés establecer tal distinción. Aquí, y en este momento de la reflexión, el escritor trata simplemente de ver que tanto el hombre como los animales tienen un mismo último destino: la muerte, y que en este sentido, la condición del hombre no se diferencia del animal. El trasfondo de este pensamiento hay que buscarlo en el concepto de Seol, lugar al que van los muertos. Esta descripción está basada en Génesis 2, de donde el escritor toma la imagen de Dios dando el soplo de vida sobre la materia inerte. Para Eclesiastés, al igual que el soplo de vida viene de Dios, para hombres y animales, del mismo modo, cuando mueren y vuelven a ser materia, van a un mismo lugar, el Seol. El hecho terrible de la muerte mueve al Predicador a cuestionarse con inquietud. Parece ser que en su tiempo algunos se preguntaban o trataban de buscar una distinción entre el espíritu de la vida del hombre y del animal (versículo 21). Posiblemente Eclesiastés no daba con evidencias de diferencia. El versículo 22 termina con palabras de consuelo como último pensamiento y manifiesta que el hombre no conoce su futuro. En último extremo, todo depende de Dios y, como no sabemos qué pasará en el futuro, mejor vivir el presente (versículo 22) y dejar el resto en manos de Dios.

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