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Efesios 5: Siguiendo el ejemplo de Dios

De este pasaje podemos deducir ciertos hechos acerca de las reuniones cristianas originales.

(i) La Iglesia Primitiva era una iglesia que cantaba. Se caracterizaba por los salmos e himnos y canciones espirituales; estaba tan feliz que no podía por menos de cantar.

(ii) La Iglesia Primitiva era una iglesia que daba gracias a Dios. Le resultaba natural el darle gracias a Dios por todas las cosas, en todos los lugares y en todas las circunstancias. Crisóstomo, el gran predicador de la Iglesia un poco posterior, expone la idea curiosa de que el cristiano puede dar gracias hasta por el infierno; porque el infierno es una advertencia que nos ayuda a mantenernos en el buen camino. La Iglesia Original era una Iglesia que daba gracias porque sus miembros estaban alucinados con la maravilla de que el amor de Dios los hubiera buscado y salvado; y porque sus miembros estaban seguros de que estaban en las manos de Dios.

(iii) La Iglesia Original era una iglesia en la que los miembros se honraban y se respetaban mutuamente. Pablo dice que la razón de este mutuo honor y respeto era que honraban a Cristo. Se veían los unos a los otros, no a la luz de sus profesiones o niveles sociales, sino a la luz de Cristo; y por tanto veían la dignidad de cada persona.

El vínculo precioso

Esposas, someteos a vuestros maridos como al Señor; porque el marido es el cabeza de la esposa como Cristo es el Cabeza de la Iglesia, aunque existe esta gran diferencia: que Cristo es el Salvador de todo el Cuerpo.

Pero, aun concediendo esta diferencia, como la Iglesia está bajo la autoridad de Cristo, así las esposas deben estar bajo la autoridad de sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras esposas como Cristo amó a la Iglesia y Se entregó a Sí mismo por ella, para poder purificarla y consagrarla por el lavamiento del agua al hacer ella confesión de su fe, para hacer que la Iglesia esté en Su presencia en toda su gloria, sin ninguna mancha que afee ni ninguna arruga que desfigure ni ninguna otra imperfección, sino para que pueda ser consagrada e impecable.

Así deben los maridos amar a sus esposas: amarlas como aman a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa realmente es como si se amara a sí mismo. Porque nadie aborrece nunca su propia carne; más bien la alimenta y cuida.

Así es como Cristo ama a la Iglesia, porque somos parte de Su Cuerpo. Por esta causa deja un hombre a su padre y a su madre, y se une con su esposa, y los dos forman una sola carne.

Esto es un símbolo que es sumamente grande -quiero decir, cuando se ve como un símbolo de la relación entre Cristo y la Iglesia. Pero tómese como se tome, que todos y cada uno de vosotros ame a su esposa como a vosotros mismos, y que la esposa respete a su marido.

Leyendo este pasaje en el siglo XX uno no se puede dar cuenta plenamente de lo maravilloso que es. A lo largo de los años, el sentido cristiano del matrimonio se ha llegado a aceptar ampliamente. La mayoría todavía lo reconocen como un ideal aun en estos día permisivos. Incluso cuando en la práctica se está muy lejos de alcanzar ese ideal; siempre ha estado presente en las mentes y en los corazones de las personas que viven en un ambiente cristiano. El matrimonio se considera la unión perfecta de cuerpo, mente y espíritu entre un hombre y una mujer. Pero las cosas eran muy diferentes cuando Pablo escribía. En este pasaje Pablo estaba proponiendo un .ideal que brillaba con una pureza radiante en un mundo inmoral.

Consideremos brevemente la situación en que Pablo escribió este pasaje. Los judíos tenían una opinión baja de las mujeres. En la oración de la mañana se incluía una frase en la que el varón judío daba gracias a Dios por no haberle hecho «gentil, esclavo o mujer.» Para la ley judía una mujer no era una persona, sino una cosa. No tenía ningunos derechos legales; era posesión absoluta de su marido, que podía hacer con ella lo que quisiera.

Los judíos tenían en teoría el ideal más alto del matrimonio. Los rabinos tenían algunos dichos como estos. «Un judío debe entregar su vida antes que cometer idolatría, asesinato o adulterio.» « El mismo altar vierte lágrimas cuando un hombre se divorcia de la mujer de su juventud.» Pero en los días de Pablo el divorcio se había generalizado trágicamente.

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