Desarrollo del pensamiento de Pablo
En este pasaje encontramos la idea final de Pablo acerca del matrimonio. Hay cosas que había escrito acerca del matrimonio que nos sorprenden y nos hacen desear que no las hubiera escrito. Y lo peor es que son esos pasajes los que se suelen citar para mostrar lo que Pablo pensaba del matrimonio.
Uno de los capítulos más extraños es 1 Corintios, 7. Allí Pablo está hablando acerca del matrimonio y de las relaciones entre hombre y mujer. La verdad es que Pablo enseña allí que el matrimonio se permite meramente para evitar algo peor. «A causa de la tentación de la inmoralidad -escribe-, que cada uno tenga su propia mujer, y que cada mujer tenga su propio marido» (1 Corintios 7:2). Permite que las viudas se casen otra vez, pero sería mejor si se quedaran como están (1 Corintios 7:39s). Preferiría que los solteros y las viudas no se casaran; «pero si no se pueden aguantar, deben casarse; porque es mejor casarse que estar ardiendo de pasión» (1 Corintios 7:9).
Había una razón para que Pablo escribiera eso. Era porque esperaba la Segunda Venida de Jesús en cualquier momento. Por tanto, estaba convencido de que los creyentes no debían comprometerse con ningún asunto terrenal, a fin de concentrarse en usar todo el tiempo disponible para prepararse para la vuelta del Señor. «El hombre soltero está entregado a los asuntos del Señor, y cómo agradarle; pero el casado está involucrado en los asuntos del mundo, cómo agradar a su mujer» (1 Corintios 7:32s).
Entre 1 Corintios y Efesios hay un espacio de tiempo de unos nueve años. En esos años, Pablo se dio cuenta de que la Segunda Venida no iba a ser tan pronto como él había creído, que de hecho él y su pueblo estaban viviendo, no en una situación temporal, sino en una situación más o menos permanente. Y es en Efesios donde encontramos la auténtica enseñanza de Pablo sobre el matrimonio: que el matrimonio cristiano es la relación más preciosa de la vida, cuyo único paralelo es la relación entre Cristo y la Iglesia.
También es posible que el pasaje de Corintios esté coloreado por la experiencia personal de Pablo. Parece que cuando era un celoso judío fue miembro del sanedrín. Cuando nos habla de su conducta con los cristianos dice: « Yo daba mi voto contra ellos» (Hechos 26:10). También parece que una de las cualificaciones para ser miembro del sanedrín era estar casado, y que, por tanto, Pablo debe de haber sido casado. Nunca menciona a su mujer. ¿Por qué? Bien puede ser que ella se pusiera en contra suya cuando él se hizo cristianó. Bien puede ser que cuando Pablo escribió Corintios estuviera hablando desde una situación en la que no solo esperaba la vuelta de- Cristo, sino también se encontraba sumido en uno de sus mayores problemas y más dolorosos conflictos en su propio matrimonio; así que veía el matrimonio como un problema para el cristiano.
El fundamento del amor
Alunas veces se descoloca totalmente el énfasis de este pasaje, y se ve como si su esencia fuera la subordinación de la mujer al marido. La frase: « El marido es el cabeza de la mujer,» se cita a menudo aisladamente. Pero la base del pasaje no es el dominio, sino el amor. Pablo dice ciertas cosas acerca del amor que debe tenerle un marido a su mujer.
(i) Debe ser un amor sacrificial. Debe amarla como Cristo amó a la Iglesia y Se dio a Sí mismo por ella. No debe ser nunca un amor egoísta. Cristo amó a la Iglesia, no para que la Iglesia hiciera cosas por Él, sino para hacer Él cosas por ella. Crisóstomo hace un desarrollo maravilloso de este pasaje: «¿Te has dado cuenta de cuál es la medida de la obediencia? Presta atención también a la medida del amor. ¿Te gustaría que tu mujer te obedeciera como obedece la Iglesia a Cristo? Ten de ella el mismo cuidado que tiene Cristo de la Iglesia. Y, si fuera necesario que dieras tu vida por ella, o que se te descuartizara mil veces, o sufrir lo que fuera por ella, no lo rechaces… Cristo trajo a la Iglesia a Sus pies por medio del gran cuidado que tuvo de ella, no con amenazas ni con temor ni con cosas parecidas; compórtate tú así con tu mujer.»
El marido es el cabeza de la mujer -cierto, Pablo lo dice; pero también dice que el marido debe amar a su mujer como Cristo amó a la Iglesia, con un amor que nunca ejerce una tiranía de control sino que está dispuesto a hacer cualquier sacrificio por el bien de la esposa.
(ii) Debe ser un amor purificador. Cristo limpió y consagró a la Iglesia por medio del agua del Bautismo el día en que cada miembro de la Iglesia hizo su confesión de fe. Bien puede ser que Pablo tuviera en mente una costumbre griega. Una de las costumbres griegas del matrimonio era que, antes de que la esposa fuera llevada a su marido, se bañaba en el agua de una corriente consagrada a algún dios o diosa. En Atenas, por ejemplo, la novia se bañaba en las aguas del Calirroe, que estaba consagrado a la diosa Atenea. Pablo está pensando en el Bautismo. Mediante el agua del Bautismo y la confesión de fe, Cristo buscó hacer una Iglesia para Sí, limpia y consagrada, de tal manera que no le quedara ninguna mancha que la ensuciara ni arruga que la afeara. Cualquier amor que arrastra a una persona .hacia abajo es falso.
Cualquier amor que insensibiliza en lugar de suavizar el carácter, que recurre al engaño, que debilita la fibra moral, no es amor. El verdadero amor es el gran purificador de la vida.
(iii) Debe ser un amor que cuida. Un hombre debe amar a su mujer como ama su propio cuerpo. El verdadero amor no ama para obtener servicios, ni para asegurarse la satisfacción de sus necesidades físicas; se preocupa de la persona amada.
Hay algo que no es como es debido cuando un hombre considera a su mujer, consciente o inconscientemente, simplemente como la que le hace la comida y le lava la ropa y le limpia la casa y le cuida a los hijos.
(iv) Es un amor inquebrantable. Por este amor un hombre deja padre y madre y se une a su mujer. Ambos llegan a ser una cola carne. Él está unido a ella como los miembros del cuerpo están unidos entre sí; y el separarse de ella sería para él como el desgarrar los miembros de su cuerpo. Aquí tenemos sin duda un ideal para una edad en la que se cambiaba -o se cambia- de cónyuge tan fácilmente como se cambia de ropa.
(v) Toda la relación se realiza en el Señor. En el hogar cristiano Jesús es el Huésped siempre presente, aunque invisible. En un matrimonio cristiano no están implicadas dos personas, sino tres -y la tercera es Cristo.
