El bautismo era un rito judío. Si un hombre quería aceptar la fe judía, tenía que hacer tres cosas: tenía que circuncidarse, que ofrecer sacrificio y que bautizarse. Un lavatorio ceremonial para limpiarse de la contaminación era muy corriente en las prácticas judías (cp. Levítico, 11-15). Los detalles del bautismo judío eran los siguientes: el bautizando se cortaba el pelo y las uñas; se desnudaba totalmente; el baño bautismal tenía que contener 40 seahs, es decir, unos 300 litros de agua. El agua tenía que tocar todas las partes de su cuerpo. Hacía su confesión de fe ante tres hombres que eran sus padrinos. Mientras permanecía en el agua se le leían partes de la Ley, se le dirigían palabras de aliento y se le impartían bendiciones. Cuando surgía del agua era un miembro del pueblo judío; había entrado en la fe judía mediante el bautismo.
Mediante el bautismo cristiano, una persona entraba en Cristo. Los cristianos originales consideraban el bautismo como algo que producía una unión real con Cristo. Por supuesto, en una situación misionera en la que los hombres llegaban directamente del paganismo, el bautismo era, en la mayor parte de los casos, bautismo de adultos que habían tenido una experiencia que un bebé no podría tener. Pero tan realmente como un converso judío estaba unido a la fe judía, el converso cristiano estaba unido con Cristo (cp. Romanos 6: 3ss; Colosenses 2:12). El bautismo no era un mero rito externo; era una unión real con Cristo.
Pablo dice a continuación que habían quedado revestidos de Cristo. Aquí puede que haya una referencia a una costumbre que existió posteriormente. El bautizando estaba vestido con una túnica blanca, simbólica de la nueva vida en la que se introducía. Lo mismo que el iniciado se ponía una nueva ropa blanca; su vida quedaba revestida de Cristo.
El resultado era que en la Iglesia no había diferencias entre sus miembros; todos habían- llegado a ser hijos de Dios. En el versículo 28 Pablo dice que las distinciones entre judío y griego, esclavo y libre, varón y hembra, quedaban borradas.
Hay aquí algo de gran interés. En la oración judía de la mañana, que Pablo habría usado en toda su vida precristiana, un judío daba gracias a Dios porque « Tú no me has hecho ni un gentil, ni un esclavo, ni una mujer.» Pablo toma esa oración, y le da la vuelta. Las viejas distinciones habían desaparecido en el tiempo del Nuevo Testamento: todos eran una sola cosa en Cristo.
Ya hemos visto (versículo 16) que Pablo interpreta las promesas hechas a Abraham como cumplidas especialmente en Cristo; y, si estamos incorporados en Cristo, nosotros también heredamos las promesas -y este gran privilegio no nos viene por un cumplimiento legalista de la Ley, sino por un acto de fe en la Gracia gratuita de Dios.
Sólo una cosa puede borrar las distinciones marcadamente aparentes y las separaciones entre una persona y otra; cuando todos estamos en deuda con la Gracia de Dios y estamos en Cristo, solamente entonces seremos todos realmente una sola cosa. No es la fuerza de la persona, sino el amor de Dios lo que puede unir definitivamente un mundo desunido.

3 comentarios
Leticia Pesina
Maestro, tuve un poco de problema con algunos versículos de este Cap. 3 de Galatas. Aun su explicación no me fue muy clara. En resumen, la única manera de tener una relación debida con Dios, es por medio de la fe, así tendremos paz. Mil gracias. Seguimos con el Cap. 4 mañana .
Leticia Pesina
Valentin Calderon Lionel gracias por su respuesta!
Valentin Calderon Lionel
Bendiciones Hermana. Siempre resulta difícil entender La Palabra de Dios. Unicamente recuerda siempre que La Palabra no es para ser entendida, es para ser vivida..