Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

El regreso del Hijo del hombre

Así, aunque os digan: He aquí al Mesías que está en el desierto, no vayáis allá; o bien: Mirad que está en la parte más interior de la casa, no lo creáis. Porque como el relámpago sale del oriente y se deja ver en un instan­te hasta el occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre. Y dondequiera que se hallare el cuerpo, allí se juntarán las águilas. Pero después de la tribulación de aquellos días, Se verán fenómenos prodigiosos en el sol, la luna y las estre­llas, el sol se oscurecerá, la luna no alumbrará, y las estrellas caerán del cielo, y en la tierra estarán conster­nadas y atónitas las gentes por el estruendo del mar y de las olas, secándose los hombres de temor y de sob resal­to, por las cosas que han de sobrevenir a todo el univer­so; y las virtudes o los ángeles del cielo temblarán. Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hom­bre, a cuya vista todos los pueblos de la tierra prorrum­pirán en llantos; y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes resplandecientes del cielo con gran poder y majestad y gloria; el cual enviará sus ángeles, que a voz de trompeta sonora congregarán a sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde un horizonte del cielo hasta el otro. Como quiera, vosotros, al ver que comienzan a suceder estas cosas, abrid los ojos, y alzad la cabeza, estad de buen ánimo, porque vuestra redención se acerca. Tomad esta comparación sacada del árbol de la higue­ra: cuando sus ramas están ya tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca. Pues así tam­bién, cuando vosotros viereis todas estas cosas, tened por cierto que ya el Hijo del hombre está para llegar, que está ya a la puerta. Lo que os aseguro es que no se acabará esta generación hasta que se cumpla todo esto. El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasa­rán. Mateo 24: 26-35; Marcos 13: 24-31; Lucas 21: 25-33

En los días por venir, Jesús veía que dos peligros amenazarían a la Iglesia.

(i) Habría el peligro de los falsos dirigentes. Un falso dirigente es una persona que trata de propagar su propia versión de la verdad más bien que la verdad como se encuentra en Jesucristo; y una persona que trata de vincular a otros consigo misma más bien que con Jesucristo. La consecuencia inevitable de esto es que un falso dirigente produce división en lugar de edificar la unidad. La prueba de cualquier dirigente es si se parece a Cristo.

(ii) El segundo peligro es el del desaliento. Hay algunos a los que se les enfriará el amor a causa de la creciente impiedad del mundo. El verdadero cristiano es aquel que mantiene su fe cuando esta se encuentra en las mayores dificultades; y que, en las circunstancias más descorazonadoras, se niega a creer que el brazo de Dios se haya acortado o que Su poder haya disminuido.

La llegada del Rey

Sus discípulos se Le acercaron en privado cuando estaba sentado en el Monte de los Olivos, y Le dijeron: Dinos cuando sucederán estas cosas; y dinos también cuál será la señal de Tu venida y de la consumación de esta edad. Y el Evangelio del Reino se proclamará en todo el mundo habitado para testimonio a las naciones, y entonces llegará el final. Porque como relumbra, el relámpago yendo desde el Este hasta el Oeste, así será la venida del Hijo del Hombre. Donde esté el cuerpo, allí se juntarán los buitres.

Aquí habla Jesús directamente de Su Segunda Venida. El Nuevo Testamento no usa nunca la frase la Segunda Venida. La palabra que usa para describir la vuelta de Cristo, en gloria es Parusía; esta palabra ha pasado al castellano y a otras lenguas como un sinónimo de la Segunda Venida; es muy corriente en el resto del Nuevo Testamento, pero en los evangelios este es el único lugar en que aparece (versículos 3, 27, 37, 39). Lo interesante es que es la palabra corriente para la llegada de un gobernador a su provincia, o de un rey a sus súbditos. Describe una llegada en autoridad y en poder.

El resto de este capítulo tiene mucho que decirnos acerca de este tema; pero de momento notamos que, cualquier otra cosa que sea verdad acerca de la doctrina de la Segunda Venida, es cierto que conserva dos grandes hechos.

(i) Conserva el hecho del triunfo definitivo de Cristo. Aquel a Quien los hombres crucificaron será un día el Señor de toda la humanidad. Para Jesucristo, el final estaba seguro -y era Su soberanía universal.

(ii) Conserva el hecho de que la Historia se dirige a alguna parte. Algunas veces se ha supuesto que la Historia se iba precipitando a un caos cada vez más salvaje, y que no es nada más que «la historia de los pecados y las locuras humanas.» Algunas veces se ha supuesto que la Historia era cíclica, y que el mismo ciclo de cosas sucedía una y otra vez. Los estoicos creían que hay ciertos períodos fijos, y que al final de cada uno se destruye el mundo en una gran conflagración, y que entonces la misma historia tiene lugar de nuevo hasta en sus más mínimos detalles.
Como decía Crisipo: «Entonces el mundo es restaurado de nuevo otra vez, y con una organización precisamente igual a la anterior. Las estrellas se mueves otra vez en sus órbitas, cada una siguiendo su curso como en el período anterior, sin ninguna variación. Sócrates y Platón y cada persona individual vivirán de nuevo con los mismos amigos y compatriotas. Pasarán las mismas experiencias y realizarán las mismas actividades. Todas las ciudades y las aldeas y los campos serán restaurados exactamente como fueron. Y esta restauración del universo tiene lugar, no una vez, sino una y otra y otra veces -de cierto, por toda eternidad, sin fin.» Este es un pensamiento lúgubre, el de que las gentes están abocadas a un eterno molino en el que no hay progreso ni posibilidad de escapar.

Pero la Segunda Venida contiene en sí esta verdad esencial: Que hay « un acontecimiento divino en lontananza, al que toda la creación se dirige,» y ese acontecimiento no es la disolución general, sino el gobierno universal y eterno de Dios.

Aprended la lección que os enseña la higuera. Cuando se le ponen las ramas tiernas y empieza a echar hojas, sabéis que ya viene el verano. Pues lo mismo vosotros: cuando veáis que suceden todas estas cosas, tomad nota de que Él está cerca, a las puertas. Os digo la pura verdad: Esta generación no pasará sin que todas estas cosas hayan tenido lugar. Antes pasarán los cielos y la Tierra que Mis palabras. Nadie sabe el día ni la hora, ni siquiera los ángeles del Cielo ni el Hijo, sino solo el Padre. Como sucedió el tiempos de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque, así como en aquellos días antes del Diluvio pasaban el tiempo comiendo y bebiendo, casándose los hombres y las mujeres, hasta el día que Noé se metió en el arca, y no se dieron cuenta de lo que iba a pasar hasta que vino el Diluvio y los barrió a todos, así será la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos hombres en el campo, y uno será tomado y el otro dejado. Habrá dos mujeres moliendo con un molino, y una será tomada y la otra dejada.

Pocos pasajes nos presentan mayores dificultades que este. Está en dos secciones que parecen contradecirse mutuamente. La primera parece indicar que, como uno puede decir por las señales de la naturaleza cuando el verano está próximo, así puede decir por las señales del mundo cuando estará al llegar la Segunda Venida. Y entonces parece que sigue diciendo que la Segunda Venida sucederá durante la vida de la generación..que-estaba escuchando a Jesús en aquel momento.

La segunda sección dice definitivamente que nadie sabe cuándo será la Segunda Venida: ni los ángeles, ni el mismo Jesús, sino solo Dios; y que llegará sobre la humanidad tan repentinamente como una tormenta.

Hay aquí una dificultad muy real que, aunque no podamos resolverla totalmente, debemos por lo menos intentarlo.

Tomemos como punto de partida «Os digo la pura verdad: Esta generación no pasará sin que todas estas cosas hayan` tenido lugar.» Cuando consideramos ese dicho, surgen tres posibilidades.

(i) Si Jesús lo dijo refiriéndose a Su Segunda Venida, se equivocó, porque no tuvo lugar durante la vida de la generación que Le estaba escuchando. Muchos aceptan ese punto de vista, creyendo que Jesús tenía un conocimiento limitado como hombre, y creía que volvería en la vida de aquella generación. Podemos aceptar que, en Su humanidad, Jesús tenía un conocimiento limitado; pero es difícil creer que cometió un error en relación con una verdad espiritual tan importante como esta.

(ii) Es posible que Jesús dijera algo parecido, que se ha alterado en la transmisión. En Marcos 9:1 leemos que Jesús dijo: «De verdad os digo que hay algunos que están aquí que no probarán la muerte antes de ver el Reino de Dios venir con poder.» Eso fue gloriosa y triunfalmente cierto. En la vida de aquella generación, el Reino de Dios se extendió poderosamente hasta el punto de que hubo cristianos en todo el mundo.

Ahora bien, los cristianos originales esperaban que la Segunda Venida tuviera lugar inmediatamente. En su situación de sufrimiento y persecución esperaban y anhelaban la liberación que traería la venida de su Señor, y algunas veces tomaron dichos que se suponía que hablaban del Reino, y los relacionaron con la Segunda Venida, que era una cosa diferente. Algo así puede que sucediera aquí. Lo que Jesús puede que dijera es que Su Reino vendría poderosamente antes que pasara aquella generación.

(iii) Pero hay una tercera posibilidad. ¿Podría ser que la frase sin que todas estas cosas hayan tenido lugar no se refiriera a la Segunda Venida? ¿No es posible de hecho que se refiriera a la profecía con la que empezó el capítulo, el asedio y la caída de Jerusalén? Si aceptamos ésta, no queda ninguna dificultad. Lo que Jesús está diciendo es que estas serias advertencias Suyas acerca de la caída de Jerusalén se cumplirían en el marco de aquella generación -y se cumplieron de hecha 40 años más tarde. Parece con mucho lo mejor el tomar los versículos 32-35 como refiriéndose, no a la Segunda Venida. de Cristo, sino a la destrucción de Jerusalén; porque entonces se eliminan todas las dificultades.

Jesús continuó diciéndoles: -Cuando oigáis hablar de guerras y de rumores de guerras, no os inquietéis. Estas cosas tienen que suceder, pero todavía no es el fin. Unas naciones se levantarán contra otras, y unos reinos contra otros. En algunos lugares habrá terremotos, y en otros hambrunas. Estas cosas son el principio de los dolores de parto de la nueva era. Y en esos días, después de esa tribulación, el Sol se oscurecerá y la Luna no dará su luz, y las estrellas estarán cayendo del cielo, y las potencias de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre Que viene en las nubes con mucho poder y gloria. Y entonces Él enviará a Sus ángeles a recoger a los escogidos de los cuatro vientos, desde el límite de la Tierra hasta el límite de los cielos.

Aquí Jesús está hablando sin duda de Su Segunda Venida; pero -y esto es importante- reviste la idea en tres cuadros que son parte integrante del aparato del Día del Señor.

(i) Al Día del Señor precedería un tiempo de guerras. 4 Esdras 9:3 declara que antes del Día del Señor habrá sacudidas de lugares, tumulto de pueblos, maquinaciones de naciones, confusión de gobiernos, intranquilidad de príncipes.

El mismo libro dice en 13:31: Y vendrá confusión de mente sobre los moradores de la Tierra, y se harán el propósito de guerrear unos contra otros, ciudad contra ciudad, lugar contra lugar, pueblo contra pueblo y reino contra reino.

Los Oráculos Sibilinos preven que Un rey captura a otro, y se apodera de su tierra, y unas naciones arrasan a otras y los potentados y gobernadores salen todos huyendo a otra tierra, y la tierra cambia de población, y un imperio bárbaro arrasa Hellas y esquilma de sus riquezas la rica tierra, y los hombres se encuentran frente a frente en lucha (3:633-647).

2 Baruc tiene las mismas ideas. En 27:5-13 este libro concreta doce cosas que precederán a la nueva edad: En la primera parte estará el principio de las conmociones. En la segunda parte, los asesinatos de los magnates. En la tercera, la caída de muchos por muerte. En la cuarta, el uso de la espada. En la quinta, el hambre y la retención de la lluvia. En la sexta, terremotos y terrores… (Aquí hay un blanco en el manuscrito)… En la octava parte, una multitud de espectros y ataques dé espíritus malos. En la novena, caerá el fuego. En la décima, rapiña y mucha opresión. En la undécima, maldad e impureza. En la duodécima, confusión resultante de la mezcla de todas las cosas que se han mencionado.

Todos los habitantes de la Tierra se verán enfrentados entre sí (48:32). Y se odiarán unos a otros y se desafiarán unos a otros a la lucha. . Y sucederá que el que consiga sobrevivir a la guerra morirá en el terremoto, y al que se salve del terremoto le quemará el fuego, y al que se mantenga a salvo del fuego le destruirá el hambre.

Es abundantemente claro que cuando Jesús hablaba de guerras y rumores de guerras estaba usando ilustraciones que eran parte integrante de los sueños judíos del futuro.

(ii) Al Día del Señor precedería el oscurecimiento del Sol y de la Luna. El Antiguo Testamento también contiene mucho de esto (Amós 8: 9; Joel 2:10; 3:1 S; Ezequiel 32: 7s; Isaías 13:10; 34:4); de nuevo vemos que la literatura judía popular de tiempos de Jesús también estaba llena de estas cosas: Entonces se pondrá a brillar repentinamente el Sol durante la noche, y la Luna por el día… . . . . El curso de las estrellas cambiará (4 Esdras 5:4-7).

2 Baruc 32:1 habla del «tiempo en que el Poderoso ha de sacudir toda la creación.» Los Oráculos Sibilinos 3:796-806 hablan de un tiempo en que «aparecerán por la noche hacia los crepúsculos vespertino y matutino espadas en el cielo estrellado… y toda la luz del Sol faltará del cielo al mediodía, y los rayos de la Luna brillarán y volverán a la Tierra, y una señal viene de las rocas con corrientes de gotas de sangre.» La Asunción de Moisés prevé un tiempo cuando Los cuernos del Sol se romperán y se tornará oscuridad, y la Luna no dará su luz, y se convertirá toda en sangre; y el círculo de las estrellas será trastornado. (10:5).

De nuevo está claro que Jesús estaba usando el lenguaje popular que todo el mundo conocía.

(iii) Era una parte corriente de la imáginería el que los judíos iban a reunirse otra vez en Palestina desde los cuatro puntos cardinales. El Antiguo Testamento mismo abunda en esa idea (Isaías 27:13; 35:8-10; Miqueas 7:12; Zacarías 10:6-11); de nuevo la literatura popular amaba la idea: Tocad trompeta en Sión para reunir a los santos, Haced que se oiga en Jerusalén la voz del que trae buenas nuevas porque Dios ha tenido misericordia de Israel visitándole. Súbete sobre una altura, oh Jerusalén, y mira a tus hijos que el Señor ha reunido desde el Este y el Oeste. (Salmos de Salomón 11:1-3).

El Señor os reunirá juntamente en fe mediante Su tierna misericordia, y por causa de Abraham e Isaac y Jacob. (Testamento de Aser 7:5-7).

Cuando leemos las palabras gráficas de Jesús acerca de Su Segunda Venida debemos recordar que no nos dan ni un mapa de la eternidad ni un horario del futuro; sino que está usando sencillamente el lenguaje y las figuras que muchos judíos conocían y usaban desde hacía siglos.

Pero es sumamente interesante notar que las cosas que Jesús profetizó estaban ya sucediendo de hecho. Profetizó guerras, y los temidos partos estaban ya de hecho atacando las fronteras romanas. Profetizó terremotos, y en menos de cuarenta años el mundo romano quedó horrorizado por el terremoto que devastó Laodicea y por la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya en lava. Profetizó hambres, y hubo una hambruna en Roma en los días de Claudio. Hubo de hecho tal tiempo de terror en el futuro inmediato que, cuando Tácito empezó sus historias, dijo que todo lo que estaba sucediendo parecía demostrar que los dioses estaban buscando, no salvar, sino vengarse del Imperio Romano.

En este pasaje lo único que debemos retener es el hecho de que Jesús predijo que vendría otra vez. Los detalles no son tan importantes.

-Entonces habrá portentos en el Sol, en la Luna y en las estrellas, y las naciones no sabrán qué camino tomar, aterradas por el rugido del mar y de las olas, y los hombres desfallecerán de miedo ante lo que amenaza con sobrevenirle a la Tierra. Porque los cuerpos celestes sufrirán sacudidas. Y entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gloria y poder inmensos. Cuando todo esto empiece a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque ya faltará poco para vuestra redención. Jesús les dijo también una parábola para ilustrar su enseñanza: -Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya empiezan a brotar, sabéis sin que nadie os lo diga que se acerca el buen tiempo. Pues, lo mismo cuando veáis suceder estas cosas: tomad nota de que el Reino de Dios está cerca. Os aseguro que no pasará el tiempo de esta generación sin que suceda todo esto. Antes desaparecerán los cielos y la Tierra que dejen de cumplirse mis palabras. Andaos con mucho cuidado para que no se os entorpezca el corazón por causa de la glotonería y la embriaguez y de los intereses de esta vida, y ese Día os sobrecoja por sorpresa; porque caerá como una red sobre los pobladores de la Tierra. Manteneos en guardia, orando continuamente para estar en forma para sobrevivir a todo lo que ha de suceder y estar firmes ante el Hijo del Hombre. Jesús se pasaba el día enseñando en el templo, y de noche salía de la ciudad y se iba a dormir al raso en el monte de los Olivos. Y ala mañana siguiente venía otra vez toda la gente a escucharle en el templo.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar