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Evangelio según Mateo

Mateo, Marcos y Lucas se conocen generalmente como los Evangelios Sinópticos. Sinóptico viene de dos palabras griegas que quieren decir ver juntamente, y quiere decir por tanto lo que se puede ver juntamente. La razón de este nombre es la siguiente. Cada uno de estos tres Evangelios hace un relato de los mismos acontecimientos de la vida de Jesús. Cada uno de ellos añade u omite algo; pero, hablando en general; sus materiales y distribución son los mismos. Por tanto es posible colocarlos en columnas paralelas para compararlos entre sí.

Cuando se hace eso, se ve claramente que existe la más íntima relación imaginable entre ellos. Si, por ejemplo, comparamos la historia de la alimentación de los cinco mil (Mateo 14:12-21; Marcos 6:30-44; Lucas 9:10-17) nos encontramos con exactamente la misma historia contada en casi exactamente las mismas palabras.

Otro ejemplo es la historia de la curación del paralítico (Mateo 9:1-8; Marcos 2:1-12; Lucas 5:17-26). Los tres relatos son tan parecidos que hasta un pequeño paréntesis -«dijo entonces al paralítico»- ocurre en los tres exactamente en el mismo lugar. La correspondencia entre los tres Evangelios es tan considerable que no podemos evitar llegar a la conclusión de que, o los tres extrajeron el material de una fuente común, o dos de ellos se basaron en el otro.

El primero de los Evangelios

Cuando examinamos el asunto más detenidamente vemos que hay razones para creer que Marcos fue el primer Evangelio que se escribió, y que los otros dos, Mateo y Lucas, usaron Marcos como base. Marcos se puede dividir en 105 secciones. De éstas, 93 secciones aparecen en Mateo y 81 en Lucas. De las 105 secciones de Marcos hay sólo 4 que no se encuentran ni en Mateo ni en Lucas. Marcos tiene 661 versículos; Mateo tiene 1.068, y Lucas 1.149. Mateo reproduce no menos de 606 de los versículos de Marcos; y Lucas 320. De los 55 versículos de Marcos que Mateo no reproduce, Lucas reproduce 31; así que no hay más que 24 versículos en todo Marcos que no se encuentran ni en Mateo ni en Lucas.

No es solamente la sustancia de los versículos lo que se reproduce, sino hasta las mismas palabras. Mateo usa el 51 por ciento de las palabras de Marcos; y Lucas el 53 por ciento. Como regla general, tanto Mateo como Lucas siguen el orden de los acontecimientos de Marcos. A veces uno de los dos se aparta; pero nunca están de acuerdo los dos en diferir de Marcos; siempre por lo menos uno de ellos sigue el orden de Marcos.

Mejoras a Marcos

Como Mateo y Lucas son los dos más largos que Marcos, se podría sugerir que Marcos es un resumen de Mateo y Lucas; pero hay otra serie de hechos que demuestran que Marcos es anterior. Mateo y Lucas tienen la costumbre de mejorar y corregir a Marcos, si podemos decirlo así. Vamos a fijarnos en algunos ejemplos.

Algunas veces Marcos parece limitar el poder de Jesús; por lo menos, algún crítico mal intencionado podría tratar de demostrar que eso es lo que hace. Aquí tenemos tres relatos del mismo incidente:

Marcos 1:34: Y sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios;
Mateo 8:16: y con la palabra echó fuera a los demonios y sanó a todos los enfermos,
Lucas 4:40: y Él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

Vamos a tomar otros tres ejemplos parecidos:

Marcos 3:10: como había sanado a muchos,
Mateo 12:15: y sanaba a todos,
Lucas 6:19: y sanaba a todos.

Mateo y Lucas cambian el muchos de Marcos por todos para que no quede ninguna sugerencia de que el poder de Jesucristo fuera limitado. Hay un cambio similar en el relato de los acontecimientos de la visita de Jesús a Nazaret. Vamos a comparar el relato de Marcos con el de Mateo.

Marcos 6:5-6: No pudo hacer allí ningún milagro… Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos.
Mateo 13:58: Y no hizo allí muchos milagros debido a la incredulidad de ellos.

Mateo se resiste a decir que Jesús no pudo hacer ningún milagro; y cambia la expresión en consecuencia. Algunas veces Mateo y Lucas omiten pequeños detalles de Marcos que pudieran tomarse como para minimizar a Jesús. Mateo y Lucas omiten tres afirmaciones de Marcos:

Marcos 3:5: Entonces, mirándolos con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones,
Marcos 3:21: Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderlo, porque decían: «Está fuera de Sí.»
Marcos 10:14: Jesús, se indignó.

Mateo y Lucas se resisten a atribuir emociones humanas de ira e indignación a Jesús, y se rebelan a creer que nadie pudiera sugerir que Jesús estaba loco.

A veces Mateo y Lucas alteran ligeramente las cosas de Marcos para librarse de afirmaciones que podría parecer que muestran a los apóstoles en una luz negativa. No citamos más que un ejemplo, el de la ocasión en que Santiago y Juan trataron de asegurarse los puestos principales en el Reino venidero. Comparemos la introducción a esa historia en Marcos y Mateo:

Marcos 10:35: Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se Le acercaron y Le dijeron:
Mateo 20:20: Entonces de Le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante Él y pidiéndole algo.

Mateo se resiste a atribuirles motivos de ambición directamente a los dos apóstoles, y se los atribuye a su madre.

Todo lo dicho deja suficientemente claro que Marcos es el primero de los Evangelios. Marcos hace una narración sencilla, clara y directa; pero Mateo y Lucas ya han empezado a sentir la influencia de consideraciones doctrinales y teológicas, lo que los hace más cuidadosos con lo que dicen.

La enseñanza de Jesús

Ya hemos visto que Mateo tiene 1.068 versículos; y Lucas, 1.149; y que entre los dos reproducen 582 de los versículos de Marcos. Eso quiere decir que en Mateo y Lucas hay otros materiales que Marcos no suple.

Cuando examinamos ese material nos encontramos con que más de 200 versículos de él aparecen casi idénticos en Mateo y Lucas. Por ejemplo, pasajes como Lucas 6:41s,. y Mateo 7:3,5; Lucas 10:21s y Mateo 11:25-27; Lucas 3:7-9 y Mateo 3:7-10 son casi exactamente iguales, respectivamente.

Pero aquí notamos otra diferencia. El material que Mateo y Lucas tomaron de Marcos era casi exclusivamente el que contenía hechos de la vida de Jesús; pero estos 200 versículos adicionales comunes a Mateo y Lucas contienen, no lo que Jesús hizo, sino lo que Jesús dijo. Es evidente en estos versículos que Mateo y Lucas están usando un libro de dichos de Jesús como fuente común.

Ese libro ya no existe; pero los investigadores le han asignado la letra Q que representa Quelle, que quiere decir fuente en alemán. Tiene que haber sido un libro extraordinariamente importante en su tiempo, porque sería el primer manual de las enseñanzas de Jesús.

Lugar de Mateo en la tradición Evangélica

Aquí es donde nos encontramos con el apóstol Mateo. Los estudiosos, están de acuerdo en que el primer Evangelio, tal como ha llegado hasta nosotros no fue obra de Mateo. Uno que hubiera sido testigo presencial de la vida de Cristo no habría necesitado usar Marcos como fuente para la vida de Jesús como hizo Mateo.

Pero uno de los primeros historiadores de la Iglesia, un hombre que se llamaba Papías, nos da este importantísimo detalle de información: «Mateo recogió los dichos de Jesús en lengua hebrea.»

Así que podemos creer que no fue sino Mateo mismo el que escribió ese libro que había de ser la fuente a la que todos acudieran si querían saber lo que Jesús había enseñado. Y fue porque mucho de ese libro-fuente se incorporó en el primer Evangelio por lo que se le adscribió el nombre de Mateo. Debemos estar agradecidos a Mateo siempre al recordar que es a él a quien debemos el Sermón del Monte y casi todo lo demás que sabemos de las enseñanzas de Jesús. Hablando en general, le debemos a Marcos nuestro conocimiento de los acontecimientos de la vida de Jesús, y a Mateo el de la esencia de la enseñanza de Jesús.

Mateo el publicano

De Mateo mismo sabemos muy poco. Leemos de su vocación en Mateo 9:9. Sabemos que era publicano, y que sería un hombre intensamente odiado, porque los judíos odiaban a los miembros de su propia raza que se habían puesto al servicio de sus conquistadores. Considerarían a Mateo un colaboracionista.

Pero había un don que Mateo poseía. La mayor parte de los discípulos eran pescadores. Tendrían poco conocimiento y práctica en eso de reflejar palabras en un papel; pero Mateo sería un experto en ello. Cuando Jesús llamó a Mateo, que estaba sentado en el puesto de los tributos públicos, Mateo se levantó y le siguió dejándolo todo atrás menos una cosa: su pluma. Y Mateo usó noblemente su habilidad literaria para llegar a ser el primer hombre que compiló las enseñanzas de Jesús.

El Evangelio de los judíos

Veamos ahora las características principales del Evangelio de Mateo para seguirlas atentamente cuando lo leamos. En primero y principal lugar, Mateo es el Evangelio que fue escrito para los judíos. Lo escribió un judío para convencer a los judíos.

Uno de los propósitos principales de Mateo es demostrar que las profecías del Antiguo Testamento se cumplieron en Jesús, y que por tanto Él tiene que ser el Mesías. Tiene una frase que resuena por todo el Evangelio como un tema sinfónico: «Esto sucedió para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor por medio de los profetas.» Esta frase aparece en el Evangelio no menos de 16 veces: El nacimiento de Jesús y Su nombre fueron el cumplimiento de la profecía (1:21-23); también lo fue la huida a Egipto (2:14s); la matanza de los niños (2:16-18); el que José fijara su residencia en Nazaret y Jesús creciera allí (2:23); el uso que Jesús hizo de parábolas (13:34s); la entrada triunfal (21:5-11); la traición por treinta piezas de plata (27:9), y el echarse a suertes la ropa de Jesús cuando pendía de la cruz (27:35). El propósito primario y deliberado de Mateo es mostrar que las profecías del Antiguo Testamento tuvieron su cumplimiento en Jesús; que todos los detalles de Su vida fueron vislumbrados por los profetas, y así obligar a los judíos a reconocer que Jesús era el Mesías.

A Mateo le interesaban principalmente los judíos. La conversión de los judíos era lo que más anhelaba el corazón del escritor. Cuando la mujer siriofenicia busca Su ayuda, la primera respuesta de Jesús es: «Yo no soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (15:24). Cuando Jesús envía a los Doce al trabajo de evangelización, Sus instrucciones son: «Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel» (10:5s). Sin embargo no se ha de pensar que este Evangelio excluye a los gentiles. Muchos vendrán de Oriente y Occidente a asentarse en el Reino de Dios (8:11). El Evangelio se ha de predicar a todo el mundo (24:14); y es Mateo el que nos da la gran comisión de la Iglesia: « Id y haced mis discípulos a todos los pueblos» (28:19). Está claro que el interés primario de Mateo son los judíos, pero prevé el día en que todas las naciones se incorporarán.

El judaísmo de Mateo también se ve en su actitud para con la Ley. Jesús no vino para destruirla, sino para cumplirla. Ni la parte más insignificante de ella debe omitirse. No hay que enseñar a nadie a quebrantar la Ley. La integridad de los cristianos debe exceder a la de los escribas y fariseos (5:17-20).

Mateo lo escribió uno que conocía y amaba la Ley, y que veía que aún la Ley tiene su lugar en la economía cristiana.

Una vez más encontramos una aparente paradoja en la actitud de Mateo hacia los escribas y fariseos. Se les reconoce una autoridad especial: «En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo» (23:2). Pero al mismo tiempo es el Evangelio que más seria y constantemente los condena.

El mismo principio nos encontramos en la salvaje denuncia de ellos que hace Juan el Bautista llamándolos raza de víboras (3:7-12). Objetaban a que Jesús comiera con publicanos y pecadores (9:11). Atribuía el poder de Jesús, no a Dios, sino al príncipe de los demonios (12:24). Conspiraban para eliminarle (12:14). Jesús advierte a sus discípulos contra la levadura de los escribas y fariseos, su mala enseñanza (16:12). Son como malas hierbas condenadas a ser desarraigadas (15:13). Son incapaces de leer las señales de los tiempos (16:3). Son los asesinos de los profetas (21:41). No hay capítulo en todo el Nuevo Testamento que contenga una condenación más violenta. que Mateo 23, que no es una condenación de lo que enseñaban los escribas y los fariseos, sino de cómo eran. Jesús los condena porque no estaban a la altura de sus propias enseñanzas y sí muy por debajo de cómo deberían ser.

Hay algunos otros intereses especiales en Mateo. Mateo muestra un interés especial en la Iglesia. De hecho, es el único de los Evangelios Sinópticos que usa la palabra iglesia. Sólo Mateo introduce el pasaje acerca de la Iglesia después de la confesión de Pedro en Cesárea de Filipo (Mateo 16:13-23; cp. Marcos 8:27-33; Lucas 9:18-22). Sólo Mateo dice que hay que zanjar las diferencias en la iglesia (18-17). Para cuando Mateo se escribió la Iglesia ya se había convertido en una gran organización e institución; y, por supuesto, era el factor dominante de la vida cristiana.

Mateo especialmente tiene un fuerte interés apocalíptico. Es decir, que Mateo tiene un fuerte interés especialmente en todo lo que Jesús dijo acerca de Su Segunda Venida, el fin del mundo y el Juicio Final.

Mateo 24 nos da un relato más completo que ninguno de los otros Evangelios del discurso apocalíptico de Jesús. Mateo es el único que tiene las parábolas de los Talentos (25:14-30); las Vírgenes prudentes e insensatas, y las Ovejas y los Cabritos (25:31-46). Mateo tiene un interés especial en las últimas cosas y en el Juicio Final.

Pero hasta ahora no habíamos llegado a la más importante de todas las características de Mateo. Es, por encima de todo, el Evangelio de la enseñanza.

Ya hemos visto que el apóstol Mateo fue el que hizo la primera colección y el primer manual de las enseñanzas de Jesús. Mateo era un gran sistematizador. Tenía costumbre de agrupar en un Jugar todo lo que sabía de la enseñanza de Jesús sobre cualquier, asunto. El resultado es que en Mateo encontramos cinco grandes bloques en los que se reúne y sistematiza la enseñanza de Jesús. Todas estas secciones se refieren al Reino de Dios. Son las siguientes:

El Sermón del Monte, o La Ley del Reino (5-7).
Las Obligaciones de los Mensajeros del Reino (10).
Las Parábolas del Reino (13).
La Grandeza y el Perdón en el Reino (18).
La Venida del Rey (24-25).

Mateo hace mucho más que reunir y sistematizar. Hay que recordar que Mateo estaba escribiendo mucho antes de que se descubriera la imprenta, cuando los libros escaseaban y eran muy caros, porque tenían que escribirse a mano. En aquellos tiempos, comparativamente pocas personas podían poseer un libro; y, por tanto, si querían conocer y usar la enseñanza y la historia de Jesús, tenían que llevarlas en la memoria.

Mateo, por tanto, siempre organiza las cosas de manera que le sea más fácil al lector memorizarlas. Coloca las cosas en grupos de tres en tres o de siete en siete. Hay tres mensajes de Dios a José; tres negaciones de Pedro; tres preguntas de Pilato; siete parábolas del Reino en el capítulo 13; siete ayes a los escribas y fariseos en el capítulo 23.

La genealogía de Jesús con la que empieza el Evangelio es un buen ejemplo de esto. Tiene por objeto demostrar que Jesús es el Hijo de David. En hebreo no había” signos numéricos; cuando hacía falta indicarlos se usaban las letras del alfabeto. En hebreo no se escriben las vocales. Por ejemplo, las letras de David son DWD; si estas letras se toman como números, suman 14; y la genealogía consta de tres grupos de nombres en cada uno de los cuales hay catorce. Mateo hace todo lo posible para colocar las enseñanzas de Jesús de tal manera que se puedan asimilar y recordar.

Todos los maestros tienen una deuda de gratitud con Mateo, por que Mateo escribió lo que es por encima de todo el Evangelio del maestro.

Mateo tiene una última característica final. La idea dominante de Mateo es la de Jesús como Rey. Escribe para demostrar la realeza de Jesús.

En el mismo principio, la genealogía está para demostrar que Jesús es el Hijo de David (1:1-17). El título Hijo de David se usa con más frecuencia en Mateo que en ningún otro Evangelio (15:22; 21:9; 21:15). Los Magos vinieron buscando al que había nacido Rey de los judíos (2:2). La Entrada Triunfal es una presentación deliberadamente dramática de Jesús como Rey (21:1-1l). Ante Pilato, Jesús acepta el título de Rey (27:11).

Hasta en la Cruz, el título que figura sobre Su cabeza es el de Rey, aunque fuera en burla (27:37). En el Sermón del Monte Mateo nos muestra a Jesús citando la Ley, y cinco veces abrogándola con un regio: «más yo os digo…» (5:21,27,34, 38,43). Su proclamación final es: «Toda autoridad me ha sido dada» (28: i 8).

La descripción de Jesús que encontramos en Mateo es la de un Hombre nacido para ser Rey. Jesús recorre sus páginas revestido de la púrpura y el oro de la realeza.

Cronología

Herodes el Grande comienza a gobernar 37 a.C.
Jesús nace 6/5 a.C.
Huida a Egipto 5/4 a.C.
Herodes el Grande muere 4 a.C.
Regreso a Nazaret 4/3 a.C.
Judea pasa a ser una provincia romana 6 d.C.
Jesús visita el templo siendo niño 6/7
Tiberio César coronado emperador 14
Poncio Pilato nombrado gobernador 26
Jesús inicia su ministerio 26/27
Jesús escoge sus doce discípulos 28
Jesús alimenta a cinco mil 29Jesús muere, resucita y asciende 30

Datos esenciales

El propósito del Evangelio de Mateo es probar que Jesús es el Mesías, el Rey eterno. Escrito por Mateo (Leví) para los judíos, entre 6065 d.C. Mateo era un judío cobrador de impuestos que llegó a ser uno de los discípulos de Jesús. Este Evangelio es el enlace entre el Antiguo Testamento y el Nuevo por su énfasis en el cumplimiento de la profecía.

Versículo clave:

«No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir» (5.17).

Personas clave:

Jesús, María, José, Juan el Bautista, los discípulos, los líderes religiosos, Caifás, Pilato, María Magdalena

Lugares clave:

Belén, Jerusalén, Capernaum, Galilea, Judea

Características particulares:

Mateo está lleno de lenguaje mesiánico («Hijo de David» aparece por todo el Evangelio) y referencias al Antiguo Testamento (53 alusiones y 76 referencias). No es un registro cronológico. Su propósito es presentar una evidencia clara de que Jesús es el Mesías, el Salvador.

Al pasar lentamente la caravana de automóviles por la ciudad, miles de personas se aglomeran en las veredas con la esperanza de captar algo de lo que sucede. Las bandas en marcha anuncian la llegada con gran fanfarria, y los agentes de seguridad revisan la multitud y corren al lado de la limusina. Con pompa y protocolo, símbolos modernos de eminencia e importancia, se pregona el arribo de un jefe de estado. Sean estos líderes por nacimiento o por elección, los honramos y respetamos.

Los judíos esperaban a un líder que poetas y profetas inspirados habían anunciado siglos antes. Creían que ese Mesías («el Ungido») los rescataría de la opresión romana y establecería un nuevo reino. Como rey, gobernaría la tierra con justicia. Sin embargo, muchos judíos no se habían fijado en las profecías que decían que aquel rey también sería un siervo sufrido que primero sería rechazado y asesinado. Por lo tanto, no es de extrañar que pocos judíos reconocieron a Jesús como el Mesías. Con su humildad y simplicidad, ¿cómo podía aquel humilde maestro de Nazaret ser su rey? Pero Jesús era y será siempre el Rey de toda la tierra.

Mateo (Leví) fue uno de los doce discípulos de Jesús. Había sido un despreciado recaudador de impuestos, pero aquel hombre de Galilea lo transformó. Mateo escribió este Evangelio para sus compatriotas judíos con el propósito de demostrarles que Jesús era el Mesías y explicarles el Reino de Dios.

Mateo comienza su relato con la genealogía de Jesús. Luego se dedica al nacimiento de Jesús y sus primeros años, la huida de su familia a Egipto para evitar al asesino Herodes y su regreso a Nazaret. Después de que Juan el Bautista lo bautiza (3.17) y sufre la tentación en el desierto, Jesús comienza su ministerio público, escoge a sus primeros discípulos y enseña el «Sermón del Monte» (capítulos 5 al 7). Mateo a continuación muestra la autoridad de Jesús al relatar sus milagros de curar a los enfermos, liberar a los poseídos por el demonio y aun resucitar personas.

Pero el ministerio de Jesús enfrentó oposición y los capítulos 12-15 narran el odio y el hostigamiento a que fue objeto por los que estaban vinculados al sistema religioso.

En los capítulos 16-20, Mateo continúa relatando las enseñanzas de Jesús relacionadas con el Reino. Durante ese tiempo, Jesús habló con sus discípulos acerca de su muerte y resurrección inminentes (16.21), y reveló su verdadera identidad a Pedro, Jacobo y Juan (17.1-5). Al final de su ministerio, Jesús entró triunfalmente en Jerusalén (21.1-11). Pero muy pronto la oposición entró en acción y su muerte estuvo próxima. De modo que Jesús impartió a sus discípulos enseñanzas relacionadas con el futuro: qué debían esperar antes de su regreso (capítulo 24) y cómo vivir hasta ese entonces (capítulo 25).

En Mateo, la parte final (capítulos 26-28), enfoca los días finales de Jesús en la tierra: la última cena, su oración en Getsemaní, la traición de Judas, la huida de los discípulos, la negación de Pedro, los juicios ante Caifás y Pilato, las palabras finales de Jesús en la cruz y su sepultura en una tumba prestada. Pero la historia no termina allí, porque el Mesías resucitó de la muerte, derrotando a la muerte y enviando a sus discípulos para que continuaran su obra haciendo discípulos en todas las naciones.

A medida que lea el evangelio, escuche el claro mensaje de Mateo: Jesús es el Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores. Celebre su victoria sobre el mal y la muerte y haga a Jesús el Señor de su vida.

Bosquejo

A. Nacimiento y preparación de Jesús, El Rey (1.1-4.11)

El pueblo de Israel estaba esperando al Mesías, su Rey. Mateo inicia su libro mostrando que Jesucristo era descendiente de David. Pero Mateo va más allá, al mostrar que Dios no envió a Jesús para ser un rey terrenal sino un rey celestial. Jesús no vino para reinar en la tierra de los hombres sino en la vida de las personas. Su reino será mucho más sobresaliente que el de David, porque nunca tendrá fin. Aun cuando nació, muchos aceptaron a Jesús como su Rey. Herodes, el gobernante, así como Satanás, temía el reinado de Jesús y procuró detenerlo pero no faltaron los que le rindieron adoración y le trajeron regalos dignos de un rey. Debemos estar dispuestos a reconocer a Jesús por lo que es realmente y adorarle como Rey de nuestras vidas.

B. Mensaje y ministerio de Jesús El Rey (4.12-25.46)

Jesús comienza su ministerio
Jesús predica el Sermón del Monte
Jesús realiza muchos milagros
Jesús explica acerca del Reino
Jesús tropieza con diferentes reacciones hacia su ministerio
Jesús halla oposición en los líderes religiosos
Jesús enseña en el Monte de los Olivos

Jesús predica el Sermón del Monte, que esencialmente consta de orientaciones para vivir en su Reino. También narró muchas parábolas acerca de la diferencia existente entre su reino y los reinos de la tierra. Perdón, paz y dar el primer lugar a otros son algunas de las características que hacen que uno sea grande en el Reino de Dios. Ahora debemos vivir tomando en cuenta las normas de Dios. Jesús vino para mostrarnos cómo vivir como súbditos fieles en su Reino.

C. Muerte y resurrección de Jesús, El Rey (26.1-28.20)

Jesús fue formalmente presentado a la nación de Israel pero lo rechazaron. Qué extraño que a un rey lo acusen, arresten y crucifiquen. Pero Jesús demostró su poder aun sobre la muerte por medio de su resurrección, y logró que se nos diera entrada en su Reino. Con todas estas evidencias de que Jesús es el Hijo de Dios, debiéramos aceptarlo como nuestro Señor.

Importancia

Jesucristo, el Rey Jesús es revelado como el Rey de reyes. Su nacimiento milagroso, su vida y enseñanzas, sus milagros y su triunfo sobre la muerte muestran su identidad verdadera. A Jesús no se le puede comparar con ninguna persona o poder. Él es la autoridad suprema del tiempo y la eternidad, del cielo y de la tierra, de los hombres y de los ángeles. Debiéramos darle el lugar que como Rey le corresponde en nuestra vida.

El Mesías Jesús era el Mesías, el que los judíos estaban esperando para que los librara de la opresión romana. Sin embargo, no lo reconocieron cuando vino, porque su reino no era del tipo que esperaban. El verdadero propósito del libertador ungido de Dios fue morir por todos para librarlos de la opresión del pecado. Por el hecho de que Dios envió a Jesús, podemos confiarle nuestra vida. Vale la pena todo lo que podemos reconocer en él y entregar a él, porque él vino para ser nuestro Salvador, nuestro Mesías.

Reino de Dios Jesús vino a la tierra para dar inicio a su reino. Su reino total será una realidad cuando vuelva y formarán parte de ese reino todos los que le hayamos seguido fielmente. Al Reino de Dios se entra por medio de la fe. Creyendo en Cristo podemos ser salvos del pecado y lograr que nuestra vida sea transformada. Debemos realizar las obras de su Reino a fin de estar preparados para su regreso.

Enseñanzas

Jesús enseñó a la gente por medio de sermones, ilustraciones y parábolas. De esta manera mostró los verdaderos ingredientes de la fe y cómo librarse de la vida infructuosa e hipócrita. Las enseñanzas de Jesús nos enseñan a prepararnos para vivir en su Reino viviendo como es debido. Su vida fue un ejemplo de sus enseñanzas, y nuestra vida debiera serlo también.

Resurrección

Cuando Jesús resucitó, lo hizo con poder como el verdadero Rey. En su victoria sobre la muerte, estableció sus credenciales como Rey, y su poder y autoridad sobre lo diabólico. La resurrección muestra el poder de Jesús que está a nuestro favor: ni aun la muerte pudo detener su plan de ofrecernos vida eterna. Aquellos que creen en Jesús pueden esperar una resurrección como la de él. Nuestra responsabilidad es difundir su historia en toda la tierra de modo que todos puedan disfrutar de su victoria.

Lugares clave en Mateo

La historia terrenal de Jesús empieza en el pueblo de Belén, en la provincia romana de Judea (2.1). Un intento de dar muerte al niño rey motivó que José llevara a su familia a Egipto (2.14). Cuando volvieron, Dios les guió para que se radicaran en Nazaret de Galilea (2.22, 23). Como a los treinta años de edad, Jesús recibió el bautismo en el río Jordán y Satanás lo tentó en el desierto de Judea (3.13; 4.1). Eligió como base de operaciones a Capernaum (4.12, 13) y desde allí ministró a través de todo Israel, narrando parábolas, enseñando acerca del Reino y sanando enfermos. Viajó al territorio de los gadarenos y sanó a dos endemoniados (8.28ss); alimentó a más de cinco mil personas con cinco panecillos y dos peces en la costa de Galilea, cerca de Betsaida (14.15ss); sanó a los enfermos en Genesaret (14.34ss); ministró a los gentiles en Tiro y Sidón (15.21ss); visitó Cesarea de Filipo, donde Pedro lo declaró Mesías (16.13ss); y enseñó en Perea al otro lado del Jordán (19.1). Al visitar por última vez Jerusalén, dijo a sus discípulos lo que le sucedería en breve (20.17ss). Pasó un tiempo en Jericó (20.29). Luego se quedaba por la noche en Betania mientras iba y volvía a Jerusalén durante su última semana (21.17ss). En Jerusalén lo crucificarían, pero resucitaría.

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