Los Diez Mandamientos tratan dos temas: La relación correcta entre el pueblo y Jehová y la relación buena entre los miembros de la comunidad. A pesar de que algunos consideran que la división incluye cinco reglas para cada sección, parece mejor dividirlas en cuatro.
La constitución moral de Israel es positiva en su expresión y en su empuje. La expresa de dos maneras:
(1) Por el uso de tres verbos positivos y
(2) por el empleo de las formas negativas. Los verbos positivos, yo soy, acuérdate y honra, introducen tres principios positivos: La relación correcta con Dios, la manera correcta de adorar a Dios y la manera correcta de vivir en la comunidad del pacto. Las expresiones negativas explican lo que significan los conceptos positivos e indican en sí elementos positivos. Una prohibición veda la acción en una área solamente, dejando otras áreas sin restricciones. Un mandamiento positivo es más inclusivo: Se puede hacer únicamente lo especificado y se dejan áreas más grandes totalmente excluidas. Un mandamiento positivo no permite contemplar experiencias fuera de la cultura o tecnología de aquel momento. Las prohibiciones anuncian principios y no formulan un código legal. Cada generación y cultura tendrán que aplicar los principios eternos a su época.
Lo negativo también indica que hay limitaciones puestas sobre la libertad absoluta. Las reglas son dirigidas al individuo (notar el uso de la segunda persona singular) que vive en la comunidad del pacto. Son individuales en forma; sin embargo, son colectivas en aplicación. El individuo está relacionado estrechamente con el grupo. Israel, como nación, estaba en el jardín de infantes. Tal como un niño tiene que aprender la obediencia antes de entender por qué hacerlo, el pueblo tuvo que pasar por la etapa del temor, la falta de sazón, antes de poder comprender una lealtad que resulta en el amorx. Los Diez Mandamientos son leyes que contrarrestan la tendencia del ser humano hacia un comportamiento egoísta, y ponen freno sobre el comportamiento antisocial. Las reglas éticas sirven de guía para el individuo y de protección para la comunidad contra abusos particulares; favorecen el bienestar del pueblo sobre la libertad del individuo.
La palabra hebrea para ley es torah, que proviene de una raíz que significa «arrojar», «tirar», o «disparar». El significado derivado es «señalar», «enseñar», o «mostrar el camino». Así pues, la ley significa instrucción, dirección, o revelación divina. Como tal, la ley es una parte fundamental de la revelación del pacto que enseña al pueblo de Dios cómo vivir diariamente.
Para los fieles de Israel, la ley era una bendición. Jesús dijo de ella: No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir. Por supuesto, se debe hacer una distinción entre la ley del AT y las tradiciones orales de los rabinos derivadas de la ley. En la época de Jesús los fariseos habían dejado al lado los principios de la ley y habían instituido un sistema legal, detallado y complicado, de cómo cumplir con todas las categorías identificadas de ella.
Una vez le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no andaban de acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comían pan con las manos impuras. Jesús les respondió que ellos, los que hacían la pregunta, habían dejado los mandamientos de Dios y se habían aferrado a la tradición de los hombres. Jesús no asignaba igual validez a la tradición oral de los rabinos que a la Torah del AT. Estaba dispuesto a hacer a un lado una ley particular en obediencia a una ley superior.
