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Éxodo 5: Moisés y Aarón ante Faraón

Con la orden del faraón, el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto, es decir, por toda la zona del Delta, buscando rastrojo en lugar de paja. Mientras tanto, los capataces no dejaban de ejercer presión en cuanto al nivel de producción, y cuando era imposible mantenerlo, azotaban con latigazos a los vigilantes de los hijos de Israel como castigo.

La queja contra Moisés

De acuerdo con el sistema legal egipcio, los vigilantes pidieron una audiencia con el faraón buscando alivio. Con un lenguaje reverente y sumiso le explicaron el problema de la falta de paja que había reducido el nivel de producción. Consecuentemente, el castigo recibido era injusto puesto que la culpa era de los mismos egipcios, tu propio pueblo, por no darles paja.

La respuesta del faraón fue corta y sin admitir ninguna clase de diálogo: ¡Estáis ociosos!… Por eso decís: “Vayamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová .“ Id, pues, ahora y trabajad. No se os dará paja, pero habréis de entregar la misma cantidad de adobes. El monarca arrojaba de vuelta las palabras de Moisés y en efecto decía: “Si queréis ofrecer sacrificios, hacédmelos: Id ahora y trabajad. Os doy oportunidad amplia de servirme a mí”. Con todo, no disminuyó la cantidad requerida de adobes.

Al salir la delegación, Moisés y Aarón estaban esperándola. La queja era dura y los vigilantes se volvieron contra Moisés y Aarón culpándoles por sus problemas: Jehová os mire y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los ojos del faraón… poniendo en sus manos la espada para que nos maten.

El faraón había logrado su propósito. En vez de llevar a cabo su promesa de librar al pueblo, Moisés los había metido en peores circunstancias. Ahora la delegación pedía a Jehová que juzgara a Moisés y a Aarón y los castigara de acuerdo con su culpa. Temían que el faraón los matara si no podían mantener la cuota de producción de adobes, y la culpa era de Moisés por pedir permiso de salir y celebrar una fiesta a Jehová .

La oración de Moisés

Desanimado, Moisés llevó el desastroso problema a Dios. Era su primer contratiempo y no lo había esperado. Pero, en vez de rechazar su misión y abandonarla, buscó dirección divina. No se justificó ante los suyos, sino que acudió a Jehová : Señor… ¿Para qué me enviaste? El sentía una vez más el rechazo del pueblo y, pensaba que había sido abandonado por Dios. Desde su entrevista con el faraón en el nombre de Jehová las cosas habían empeorado y Dios no había librado al pueblo.

Verdades prácticas

1. Muy a menudo lo que Dios nos pide hacer está en contra de las costumbres o prácticas del mundo porque Dios nos usa para enderezar al mundo.

2. Los obstáculos para adorar a Dios siguen siendo numerosos en nuestros días. Cuando un nuevo creyente quiere ir al templo a adorar, muchas cosas y personas reclaman su atención al tiempo que él quiere ir, o encuentra la oposición de personas en su misma casa. Adorar a Dios requiere una decisión firme del adorador.

3. El trabajo, que debiera ser una bendición porque de él vienen nuestros ingresos, a menudo se convierte también en un obstáculo para adorar. El tiempo del trabajo se extiende frecuentemente horas extras, o requiere un horario que incluye los domingos y días de adoración. Al irse perdiendo la santidad del domingo los creyentes encuentran más dificultades para ir al templo. ¡He aquí otra necesidad de centrar nuestra sociedad en principios cristianos!

Verdades prácticas

1. Así como los magos egipcios, los que se oponen a la obra de Dios tienen poder para hacer cosas impresionantes; no obstante, hoy, como pasó con Moisés y Aarón, las señales o milagros del Señor son superiores al poder de la oposición. Los milagros son demostraciones del poder divino; atraen la fe y pueden ser útiles para ablandar el corazón de los que se oponen. ¡El milagro más grande del Señor es salvar y transformar totalmente la vida de uno!

2. Dios se reveló a faraón utilizando la naturaleza que había creado; sin embargo, los eventos tenían que ser interpretados por Moisés, el representante divino, para que fuesen entendidos como revelación.

3. Indica con claridad el propósito misionero del libro, lo cual es fundamental para su interpretación. Dios mandó su palabra al faraón: «. . . te he dejado con vida para mostrarte mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra.» El deseo divino que su nombre fuese conocido en todo el mundo daba (y da) autoridad a la obra misionera. Desde la creación la Biblia presenta a Dios como el creador de todo el universo y de todo lo que en él hay. El Señor ha obrado en el mundo para que todos lo conozcan. Desde el principio su gracia incluía al mundo entero, por lo que llamó a Israel para que el mensaje de salvación fuera anunciado a todas las naciones.

4. No todas las generaciones verán grandes actos justicieros de Jehová ; sin embargo, cada generación tendrá la responsabilidad de compartir la memoria sagrada del éxodo de Egipto con los suyos. Cada generación debe entregar la verdad a la que sigue. Tal confesión mantendrá viva la memoria de la salvación divina y ayudará a los hijos y a los nietos a saber quién es Jehová . Así, la historia sagrada vendrá a ser una parte de la herencia espiritual perpetua del pueblo.

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