Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Ezequiel 46: Ordenanzas de adoración y de sacrificio

Ofrendas del príncipe

Durante los días laborables estaba cerrada la puerta oriental que daba acceso al atrio interior (la del atrio exterior debía estar siempre cerrada). Los sábados y primeros de mes, novilunios, se abrirá aquélla para que entre únicamente el príncipe. Debe permanecer en el vestíbulo de dicha puerta, sin entrar en el atrio interior, y desde allí asistir al sacrificio de las víctimas que los sacerdotes inmolarán sobre el altar de los holocaustos. Como es laico, no puede entrar en la zona reservada a los sacerdotes durante las funciones. El pueblo de la tierra, o la masa laical popular, ebe permanecer en el atrio exterior. El príncipe, por su parte, debe ofrecer especiales sacrificios los sábados: seis corderos y un carnero con la oblación de un efá de harina por el carnero, y otra cantidad, según sus posibilidades, por los corderos, y un hin de aceite por efá. En los días primeros de mes, novilunios, debe ofrecer un novillo, más lo que ofrecía los sábados. Estas prescripciones son diferentes de las tradicionales mosaicas.

Se señala que el príncipe no debe pisar el atrio interior, y, por tanto, que debe salir por la puerta que entró, sin sobrepasar el umbral. El pueblo de la tierra, en cambio, no debe salir por la puerta que entró: el que entró por la puerta norte debe salir por la del sur, y viceversa. La puerta oriental permanecía siempre cerrada. Y el príncipe debe entrar al mismo tiempo que el pueblo. En las gestas y solemnidades se ofrecerá un efá de harina por el novillo, otro por el carnero; una parte prudencial libre por los corderos, y un hin de aceite por cada efá. Estos eran sacrificios reglamentarios obligatorios; pero, además, se podían ofrecer otros espontáneamente. En ese caso, el príncipe entrará por la misma puerta oriental, que se abría los sábados, y saldrá como está prescrito para esos días. Además, debía ofrecerse el sacrificio perpetuo o cotidiano: todas las mañanas se ofrecerá un cordero en holocausto y un sexto de efá de flor de harina. Nada se dice del holocausto de la tarde, como se prescribía en la legislación mosaica.

Inalienabilidad de la posesión territorial del príncipe

El profeta quiere evitar los antiguos abusos de la monarquía, prohibiendo al príncipe que enajene sus bienes y que tome de los bienes de sus subditos. Sólo podrán heredarle legítimamente sus hijos, de forma que, si el príncipe cedió alguno de sus bienes a sus subditos, éstos disfrutarán de la posesión sólo hasta el año de remisión, es decir, sólo podrán usufructuarlo durante siete años, ya que cada siete años tenía lugar el año de remisión. Es el año de la emancipación de los esclavos. De este modo se salva perpetuamente la división del territorio hecha en principio, y el príncipe siempre tendrá lo que se le asignó y no se verá obligado por la necesidad a apropiarse de los bienes de sus subditos.

Las cocinas del templo

Los departamentos dedicados a cocer las carnes de ciertos sacrificios, los de expiación y por el delito, estaban al occidente. Este fragmento parece fuera de lugar en este capítulo, y más bien encaja a continuación Deuteronomio 42:14. Se da la razón de por qué el cocimiento de dichas carnes se hacía en lugar aparte: para no santificar al pueblo, que está en el atrio exterior, es decir, comunicarle la santidad inherente a dichas víctimas destinadas al sacrificio, inhabitándolos para los actos profanos de la vida cotidiana.

Las cocinas para las carnes que ofrecían los laicos están dispuestas en cuatro pequeños atrios en los cuatro ángulos del templo. Son de unos 20 metros de largo por unos 15 de ancho, y a lo largo de la pared estaban los fogones con el instrumental necesario. Allí cocían los del pueblo las carnes que les pertenecían de los sacrificios. Esos fogones debían de ser unas piedras distribuidas debidamente para colocar sobre ellas la olla que se había de calentar. Los servidores de la casa que intervienen en estas faenas son los levitas, dedicados a servicios auxiliares en el recinto del templo, como ayudantes de los sacerdotes, y entre ellos este de preparar las carnes a los laicos que celebraban sus banquetes familiares en determinados sacrificios.

  • Páginas:
  • 1
  • 2
  • 3

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar