Con la salida de Ismael, la descendencia prometida queda fortalecida y sin peligro de competencia.
Abimelec hace alianza con Abraham
Este incidente ilustra la necesidad y responsabilidad de Abraham de mantener una relación correcta no sólo con Dios, sino también con la población local para asegurar su sobrevivencia y la realización del propósito de su vida. La alianza con Abimelec, que es la culminación de una relación pacífica ya establecida anteriormente, asegura a Abraham dos cosas: el usufructo de una porción de tierra y sus recursos en la zona de Beerseba y la ausencia de conflicto bélico con un grupo étnico bien identificado y bien establecido en esa zona. Los filisteos bien podían ser peligro de exterminación para la familia de Abraham. La iniciativa parte de Abimelec al reconocer que la prosperidad de Abraham se debe a la relación especial de Dios con Abraham: Dios está contigo. La alianza demanda una relación de lealtad (bondad, misericordia) mutua que incluye a los descendientes y a la tierra que sirve de residencia. Al mismo tiempo se resuelve un conflicto sobre los derechos de usufructo de una fuente de agua, elemento vital en aquella zona. El arreglo es pacífico y Abimelec se esfuerza en afirmar que el conflicto no se debió a él sino a la acción exclusiva e independiente de sus siervos. No obstante, así como Abimelec quería un juramento de paz con Abraham, éste se asegura con el juramento de Abimelec que la fuente de agua es devuelta a su legítimo dueño.
Los conflictos sobre derechos de fuentes de agua en las zonas desérticas ocurren frecuentemente. En el sistema económico de los nómadas y seminómadas, las únicas propiedades aceptadas como privadas son las fuentes de aguas así determinadas y los sepulcros. La alianza finaliza con los juramentos solemnes entre ambas partes acompañados de los rituales correspondientes y la designación memorial de la fuente de agua: Beerseba, que hace referencia al juramento y a las siete corderas del ritual. El resultado de esta alianza es la seguridad de residencia de Abraham y sus descendientes en tierra de los filisteos por mucho tiempo.
Al principio del episodio, Abimelec es quien reconoce la dirección de Dios. Al final, Abraham planta un tamarisco como árbol memorial y dedica el lugar en adoración al Dios eterno. El tamarisco es un árbol propio de esa zona desértica y de crecimiento relativamente rápido. Produce una resina que es comestible. La nota sobre este acto refleja la importancia de los árboles en el desierto y que en la religiosidad local los santuarios estaban ubicados bajo árboles y en lugares elevados. Al establecer Abraham este santuario en forma permanente en Beerseba, lo dedica al Dios eterno (El Olam). Con este título se reconoce y se proclama la eternidad de Dios y que su presencia y gracia no están limitadas al tiempo. La zona de Beerseba, en la parte norte del Neguev, se convierte en un centro residencial importante de los patriarcas. Dos rutas principales pasaban por Beerseba. Una, de norte a sur, que de Hebrón partía hacia Egipto y la otra, de este a oeste, que desde el Arabá partía hacia la costa del Mediterráneo. Se convierte en la ciudad donde más tiempo residen Abraham e Isaac. Además, se consagra como un centro de adoración muy importante para los patriarcas. Es a Beerseba donde Jacob acude para encontrar orientación de Dios en cuanto a su traslado y el de su familia a Egipto. En el lenguaje geográfico, Beerseba era el límite poblacional sur del territorio de Israel. De Dan (norte) a Beerseba (sur) significa “de punta a punta” o “todo el territorio”.
