Gén 28:15 He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.
A Jacob se le ofreció también la promesa del pacto de Dios con Abraham e Isaac. Pero no bastaba con ser el nieto de Abraham. Jacob tuvo que establecer una relación personal con Dios. Dios no tiene nietos: todos tenemos que establecer una relación personal con El. No basta escuchar historias maravillosas acerca de los cristianos de nuestra familia. Cada cual tiene que llegar a ser parte de la historia
Gén 28:16 Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.
Gén 28:17 Y tuvo miedo, y dijo: !!Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.
Gén 28:18 Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.
Jacob asoció a Dios con el lugar donde había tenido el sueño. Quiso perpetuar su recuerdo con la piedra que había puesto de cabecera y la consagró con aceite.
Gén 28:19 Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el,[a] aunque Luz[b] era el nombre de la ciudad primero.
Betel estaba aproximadamente 16 km al norte de Jerusalén y 96 km al norte de Beerseba, donde vivían sus padres. Fue allí donde Abraham ofreció uno de sus primeros sacrificios a Dios al entrar al país. Al principio, Betel fue un importante centro de adoración; más tarde fue un centro de adoración idólatra. El profeta Oseas condenó sus prácticas impías.
Gén 28:20 E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir,
Gén 28:21 y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.
Jacob estaba procurando hacer suya la promesa y adoptar a Jehová como su Dios , formalizando una relación como la que su padre disfrutó. Estas palabras no son cínicas ni un intento de chantaje.
Gén 28:22 Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.
El diezmo apartaré para ti : La décima parte, aunque aparece en la posterior Ley Mosaica, tuvo su origen en la época de los primeros patriarcas Abraham y Jacob. Por lo tanto, el diezmo es parte del pacto de Abraham, no meramente de los mandamientos dados a Moisés.
El sueño de Jacob hace énfasis en la gracia de Dios: Dios le asegura que es el Señor de la historia. Jacob era el representante de la tercera generación que recibía las promesas del pacto de Abraham, no porque Jacob era justo, sino como una prueba del llamado y la fidelidad de Dios a Abraham . Aunque Jacob nunca había escuchado antes la voz divina, el Señor se identificó a sí mismo como el Dios de Abraham e Isaac .
¿Trataba Jacob de regatear con Dios? Es posible que, al no saber cómo adorar y servir a Dios, lo tratara como a un sirviente que realiza un servicio a cambio de una propina. O es posible que Jacob no estuviera regateando sino ofreciendo su futuro a Dios. Quizás le estaba diciendo: «Ya que me has bendecido, te seguiré». Ya sea que Jacob estuviera regateando u ofreciéndose, Dios lo bendijo. Pero Dios todavía tenía algunas lecciones difíciles que Jacob debía aprender.
Isaac envía a Jacob a Padamaram.
En primer lugar, la decisión viene ante la presentación de Rebeca del peligro de Jacob de emparentar también con cananeas lo cual, agregado a la situación de Esaú, sería ya insoportable. Detrás de este argumento está la necesidad urgente de que Jacob huya de Esaú. Y esta razón es una huida digna y provechosa a los intereses familiares. Segundo, Isaac instruye con toda precisión a Jacob en cuanto a la obtención de esposa. No debe ser cananea. Debe ser una de las hijas de Labán, hermano de Rebeca, por lo que Jacob debe ir necesariamente a Padamaram. Ya no es más un criado fiel el que va en busca de la mujer apropiada. Es el mismo interesado que debe ir a buscarla. Tercero, Isaac encomienda a Jacob al cuidado del Dios Todopoderoso quien es el que ha de hacer prosperar a Jacob hasta llegar a ser una nación poderosa. Y por último, Isaac transmite la bendición patriarcal a Jacob. Esta bendición es la herencia de Abraham y es la concesión de la tierra por heredad. Aquí se combinan las responsabilidades humanas de conseguir la esposa apropiada y procurar sobrevivir con las concesiones divinas (protección, fecundidad de descendencia y herencia de tierra). La bendición es muy oportuna ya que la descendencia estaba aún ausente y además el portador de la herencia de tierra estaba abandonando la tierra prometida.
