Gén 45:27 Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió.
Jacob necesitaba alguna evidencia antes de aceptar la noticia increíble de que José estaba vivo. Tomás tampoco creyó que Jesús había resucitado mientras no pudo verlo y tocarlo. Es difícil creer lo que nos dicen sin conocer todos los hechos, y algunas veces dudamos con hechos y todo. Las nuevas de Dios pueden ser difíciles de creer. No pierda la esperanza de que Dios le tenga guardado un futuro maravilloso.
Gén 45:28 Entonces dijo Israel: Basta; José mi hijo vive todavía; iré, y le veré antes que yo muera.
Juda
Las personas que son líderes siempre sobresalen. Quizás no se destacan ni actúan de una determinada manera hasta que surge la necesidad de entrar en acción. Entre sus cualidades están la franqueza, la decisión, la acción y el control. Estas cualidades pueden utilizarlas lo mismo para hacer mucho bien que para hacer mucho mal. El cuarto hijo de Jacob, Judá, era un líder natural. Los sucesos de su vida le proporcionaron varias oportunidades de ejercitar esas cualidades. Desafortunadamente, las decisiones de Judá siempre reflejaban más la presión del momento que un deseo consciente de cooperar con el plan de Dios. Pero cuando se daba cuenta de sus errores, estaba dispuesto a reconocerlos. Su experiencia con Tamar y la confrontación final con José son ejemplos de la disposición de Judá a reconocer su culpa cuando lo confrontaban. Fue una de las cualidades que transmitió a su descendiente David.
Ya sea que tengamos o no cualidades naturales de líder como Judá, tenemos en común con él la tendencia a cegarnos ante nuestro propio pecado. Pero no muy a menudo tenemos la misma disposición a reconocer nuestros errores. Podemos aprender de Judá que no es sabio esperar a que nuestros errores nos fuercen a reconocer que actuamos mal. Es mucho mejor que abiertamente confesemos nuestros errores, carguemos con nuestra culpa y busquemos el perdón.
Juda era un líder natural, franco y decidido; pensaba con claridad y sabía actuar bajo mucha presión; estaba dispuesto a cumplir su palabra y afrontar las consecuencias si era necesario; era el cuarto de doce hijos. De su descendencia Dios haría nacer al rey David y a Jesús, el Mesías.
Aún así tenía sus debilidades y errores: sugirió a sus hermanos que vendieran como esclavo a José; no cumplió su deber con su nuera Tamar.
De su vida aprendemos que: Dios lo tiene todo bajo control a pesar de la situación inmediata; la indecisión a menudo empeora las situaciones; el ofrecimiento de Judá de dar su vida por la de Benjamín es un ejemplo de lo que su descendiente Jesús haría por la humanidad.
Lo encontramos en Canaán y Egipto, fungiendo como pastor. Hijo de Jacob y Lea. Esposo de la hija de Súa. Suegro de Tamar. Once hermanos, al menos una hermana, y por lo menos cinco hijos
José se identifica a sus hermanos.
Este relato también está cargado de emociones, informaciones precisas y profundas interpretaciones de acciones pasadas y planes futuros a la luz de la revelación de Dios. La identificación de José sigue un proceso natural y emotivo muy peculiar. Primero, José despide a todos para quedar él solo con sus hermanos. Esta identificación era un asunto familiar, de mucha intimidad y emotividad. Ni siquiera se necesitará intérprete porque el discurso será en el idioma hebreo (es mi boca la que os habla). Segundo, José da expresión libre a sus sentimientos tantas veces contenidos y aplazados. Otra vez vemos a un hombre íntegro, tierno y emotivo. Su lloro fue sin inhibición de cargo ni cuidado ante las autoridades egipcias quienes lo escucharon. Tercero, se identifica familiarmente a sus hermanos enfatizando su interés en su padre. No es la identificación como gobernador lo importante ahora, sino el de hermano e hijo del mismo padre. En el discurso anterior el centro de interés ocupaba el padre. José igualmente indica que su mayor interés es en su padre. Ante el terror e incredulidad de sus hermanos, José apela a una identificación física y sentimental. Se elimina la distancia que los estaba separando y José pronuncia la frase tan temida cuya realidad había perseguido a sus hermanos: José, vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Cuarto, les tranquiliza y les explica el verdadero significado de aquella acción. El incidente del costal de dinero, el de la copa y la venta en esclavitud ponían en alto riesgo de castigo y venganza a los hermanos. Y más en la ausencia del padre quien pudiera mediar. Pero José les consuela, aceptando los hechos como la voluntad de Dios. Fue Dios quien envió a José de antemano a Egipto y le puso en el cargo de responsabilidad para preservación de vida de la descendencia de Jacob. Les provee así un alivio al sentimiento de culpabilidad, consecuencia de aquella acción. Es interesante que José pronuncia que es del pesar o la consecuencia de la acción que ellos deben olvidarse, y no de la acción en sí, la que todavía fue un acto de venta de su hermano. Quinto, dirige la atención ahora hacia Canaán y hacia el futuro. Quedan cinco años más de hambre y se hace necesario que Jacob y toda la familia se trasladen a Egipto para sobrevivir. Se garantiza territorio y sustento suficiente para las personas y los rebaños. La tierra de Gosén ofrecida es la zona del delta del Nilo, al norte y apta para la ganadería, ocupación a la que se dedicaban Jacob y sus hijos.
