Cuando el opresor era bueno
Muchas veces se ha interpretado el cap. 47 de Génesis para ilustrar la manera cómo los opresores se aprovechan de la necesidad, la pobreza y el hambre del pueblo para despojarlos de sus propiedades. Esa manera de ver las cosas ha creado una imagen negativa de Egipto. Es cierto que Egipto más tarde oprimió al pueblo de Dios; sin embargo en esta instancia, Dios usó al faraón para la sobrevivencia y formación en nación de su pueblo escogido. El faraón permitió el traslado de Jacob y su familia; les concedió el uso de una buena tierra, sustento y fuentes de trabajo a los hermanos de José. Debemos reconocer que Dios es soberano en usar a cualquier persona para su propósito.
Es nuestra responsabilidad
José asumió un especial cuidado de todas las necesidades de su familia, que de momento se encontraba en circunstancias de desventaja. Nosotros, como cristianos, necesitamos demostrar nuestro interés hacia nuestros padres, especialmente cuando ya están ancianos e incapacitados, y por nuestra familia durante aquellas épocas cuando las cosas no marchan bien. Dios puede habernos colocado en una situación desde la cual podemos ser instrumentos para el bienestar de aquellos que son parte de nosotros por los vínculos de la sangre.
En línea con la revelación de Dios a José y a Jacob, el faraón acepta el asentamiento y encarga al mismo José que se encargue de su ejecución. Les concede el territorio de Gosén, que más tarde se identifica políticamente como la tierra de Ramesés en tiempos del éxodo. Le abre aún la posibilidad de integrar a algunos de sus hermanos, si tuvieran idoneidad, a cargos en la estructura político-económica del imperio. José también provee el sustento para toda su familia con el mismo sistema de racionamiento implantado en todo el imperio. Este racionamiento estaba basado en el número de las personas, mencionándose en especial a los niños para resaltar la seguridad de la posteridad. Este no es un plan de sobrevivencia para una generación solamente sino de preservación de vida de la descendencia.
Egipto en nada se perjudica con este asentamiento. Al contrario, recibe varias ventajas importantes. Primero, se deja poblar un territorio no usado, por razones económicas y estrategia militar. En este sentido, los egipcios no tienen que acomodar a los israelitas entre ellos. Segundo, el imperio tiene ahora una población “almohada” en una zona vulnerable de invasión bélica. Cualquier ataque al imperio de procedencia mesopotámica o cananea, primero tendría que chocar con los israelitas, ahora vasallos del imperio. Tercero, se abre la posibilidad de un aumento productivo y aporte económico adicionales para el imperio. Cuarto, la posibilidad de integración de recursos humanos con sus aportes y contribuciones propias para beneficio del faraón. Y finalmente una ventaja política adicional. Ahora José, el hombre fuerte y tal vez el único que podría “competir” con el faraón, no tendrá ya ninguna razón de abandonar Egipto o formar su propio pueblo en competencia con el imperio.
José presenta también a su padre al faraón. Aparentemente el único dato interesante para el faraón es la edad avanzada del patriarca. Jacob aprovecha la ocasión para señalar su vida como una peregrinación en la tierra. En contraste con el pensamiento del faraón/Egipto —que la tierra es el lugar seguro y permanente donde hay que construir pirámides para “eternizarse”— Jacob/Israel afirma aquí que una mejor promesa, una patria celestial preparada por Dios, es el destino final de los patriarcas. Además, Jacob pronuncia su bendición sobre el faraón al inicio y al final de la entrevista. Este hecho es significativo por dos razones. Primera, el faraón era considerado como una divinidad. Sin embargo, Jacob le ubica bajo la bendición de Dios, dándole así testimonio del Dios verdadero y de la condición de todo hombre ante él. Además, en contraste con su abuelo Abraham quien fue de maldición al faraón de su tiempo, Jacob es instrumento de bendición para este faraón y su pueblo. El concurso de José hasta ahora y la venida de esta familia de ahora en más, serán un canal de bendición para Egipto. Así se cumple uno de los compromisos patriarcales: el de ser de bendición a todas las familias de la tierra. El faraón era el propietario y dispensador de sustento material. Jacob era el instrumento y dispensador de la bendición divina. Ambos se benefician y se complementan mutuamente.
Política administrativa de José
La sabia política administrativa de José obtuvo los siguientes logros: Primero, a cambio del sustento que era provisto de los alimentos almacenados, José transfiere todas las propiedades de los egipcios al faraón. Paulatinamente los egipcios impedidos por la sequía, tuvieron que ceder “al gobierno” todo su dinero, ganado y por último sus propiedades. Segundo, a cambio de permanecer cada uno en sus respectivas “ex propiedades”, José los hace siervos sumisos del faraón. El faraón era literalmente el “dueño y señor” de Egipto y de los egipcios, gracias a la política administrativa de un extranjero. Se hace la salvedad que los sacerdotes no perdieron sus propiedades porque ellos recibían de la misma ración del faraón para su sustento.
