¿Capricho o convicción?
Cuando Jacob se ve al borde del final de su vida pide a José que lo lleve de Egipto y lo sepulte en el sepulcro de sus padres. Este no era un capricho de «viejo moribundo» sino una expresión de su convicción en la firme promesa de Dios dada a braham, a Isaac y a Jacob. Esta fue la misma petición que más adelante hará José mismo.
Es indudable que la últimas palabras que decimos antes de morir pueden hacer un impacto profundo en la mente de quienes nos rodean. Esas palabras expresan nuestros valores y aquello por lo cual hemos vivido. Que nosotros podamos expresar nuestra convicciones en las promesas de Dios y que ellas puedan impactar a nuestros hijos para que vivan y mueran por ellas.
Poniendo la mira en el plan de Dios para el pueblo, Jacob solemnemente pide y responsabiliza a José que sea enterrado en Canaán, en el sepulcro familiar de Hebrón. Este pedido tiene varios significados. Primero, está modelado en línea con la relación correcta entre Dios y los hombres. Esta relación incluye la gracia, la verdad o fidelidad y la misericordia. Segundo, indica que Jacob mira a la muerte no como el final de la vida, sino como un tránsito de reunión con sus padres. De ahí la necesidad de estar en el sepulcro familiar. Tercero, Egipto no es la residencia final para Israel. Hay un destino, un propósito mejor que en su tiempo Dios ha de permitir que se cumpla. Jacob se adelanta a esperar a su pueblo. Las palabras de promesas de Dios para los patriarcas, por fe, eran ya realidades en las cuales debían actuar. También Jesucristo afirmó claramente que el que cree en el Hijo “ya” tiene la vida eterna
