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Génesis 7: El diluvio universal

Gén 7:23 Así fue destruido todo ser que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, los reptiles, y las aves del cielo; y fueron raídos de la tierra, y quedó solamente Noé, y los que con él estaban en el arca.

Sobre la faz de la tierra : La vida marina aparentemente sobrevivió a pesar del fenómeno y no hay indicio alguno de su subsecuente recreación.

Gén 7:24 Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento cincuenta días.

Ciento cincuenta días incluyen los cuarenta días del descenso de las aguas. El arca flotó sobre aguas tranquilas durante 110 días.

¿Cubrió la tierra entera? Un diluvio universal es ciertamente posible. Hay suficiente agua en el planeta para cubrir toda la tierra seca (la tierra comenzó así, véase 1.9, 10). Más tarde, Dios prometió que nunca más la destruiría con un diluvio. Así que, debió haber cubierto toda la tierra o destruido toda las partes habitadas de ella. Recuerde que Dios mandó el diluvio para destruir la maldad que había en la tierra. Se necesitaba un gran diluvio para lograr eso.

Murieron todos los hombres, mujeres y niños que había en el mundo, excepto los que estaban en el arca. Podemos imaginar fácilmente el terror que los embargó. Nuestro Salvador nos dice que hasta el mismo día en que llegó el diluvio, ellos estaban comiendo y bebiendo, Lucas xvii, 26, 27; estaban sordos y ciegos a todas las advertencias divinas. La muerte los sorprendió en esta postura. Ellos se convencieron de su necedad cuando ya era demasiado tarde. Podemos suponer que intentaron todos los medios posibles para salvarse, pero todo fue en vano. Los que no se encuentran en Cristo, el Arca, ciertamente serán destruidos, destruidos para siempre. —¡Hagamos una pausa y consideremos este tremendo juicio! ¿Qué puede prevalecer delante del Señor cuando él está airado? El pecado de los pecadores será su ruina, temprano o tarde, si no se arrepienten. El Dios justo sabe llevar la ruina al mundo de los impíos, 2 Pedro iii, 5. ¡Qué terrible será el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos! Felices los que son parte de la familia de Cristo y que como tales están a salvo con Él; ellos pueden esperar sin desmayo y regocijarse de que triunfarán cuando el fuego queme la tierra y todo lo que en ella hay. Podemos suponer algunas distinciones favorables en nuestro propio caso o carácter, pero, si descuidamos, rechazamos o abusamos de la salvación de Cristo, pese a las imaginadas ventajas, seremos destruidos en la ruina común de un mundo incrédulo.

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