Deberes, objetivos y peligros
Así que, ¡arriba esos brazos caídos! ¡Firmes esas rodillas temblonas! Encaminad vuestros pasos por senderos derechos para que no se os disloquen los huesos de tanto cojear, sino se curen. Haced de la paz vuestro objetivo, y todos a una; y proponeos esa santidad sin la que nadie puede ver al Señor. Guardaos de perder ninguno la Gracia de Dios.
Guardaos de que ninguna influencia perniciosa se desarrolle y os envuelva en problemas, y guardaos de que el cuerpo principal de vuestro pueblo se contagie de tal cosa. Guardaos de caer ninguno en impureza sexual o volver a la vida del mundo como hizo Esaú, que renunció a sus derechos de primogénito a cambio de una comida. Ya sabéis muy bien que, cuando quiso después reclamar la bendición que podría haber heredado, se le rechazó; es decir, que ya no tuvo oportunidad para cambiar de actitud aunque buscó esa bendición con lágrimas.
En este pasaje el autor de Hebreos trata de los problemas de la vida diaria del cristiano. Sabía que a veces se le concede a uno el remontarse con alas de águila; sabía que a veces le es posible a uno correr sin fatigarse para perseguir algún gran objetivo; pero también sabía que lo más difícil es recorrer fielmente la distancia de cada día sin desmayar (Isaías 40:31). Aquí está pensando en la lucha cotidiana del cristiano.
Empieza recordándoles a sus lectores sus deberes. En todas las iglesias y sociedades cristianas hay algunos que son más flojos y más propensos a despistarse y a abandonar la lucha. Es la obligación de los más fuertes el inyectar nuevo vigor en los brazos caídos y fuerza fresca en los pies vacilantes. La frase que se usa para brazos flojuchos es la misma que se usa para describir a los israelitas cuando querían abandonar los rigores del viaje por el desierto y volverse atrás, a lo que entonces les parecía la comodidad y la abundancia de Egipto.
Los Salmos de Salomón 6:14ss contienen una descripción del trabajo de los verdaderos servidores y ministros: Han humedecido los labios resecos, y han elevado la voluntad desmayada… y los miembros decaídos han fortalecido y confirmado.
Una de las mayores glorias de la vida es la de animar al que está al borde de la desesperación e infundirle fuerza al que se encuentra agotado. Para ayudar a estas personas tenemos que enderezarles y allanarles el camino. El cristiano tiene un doble deber: hacia Dios y hacia sus semejantes. EL testimonio de Simeón 5:2, 3, contiene una iluminadora descripción del deber del hombre bueno: «Haz que tu corazón sea bueno a la vista de Dios, y tus caminos derechos a la vista de los hombres; así hallarás favor a la vista de Dios y a la de los hombres.»
A Dios se Le debe presentar un corazón limpio; y, a los hombres, una vida íntegra. Es un deber cristiano el mostrarles a los hombres un camino recto para andar, mantenerlos en el buen camino mediante el ejemplo personal, quitar del camino todo lo que les pueda hacer tropezar, facilitarles la marcha a los que tienen pies débiles o inseguros. Uno debe ofrecer el corazón a Dios, y su servicio y ejemplo a sus semejantes.
(ii) El autor de Hebreos pasa luego a los objetivos que se debe proponer siempre el cristiano.
(a) Debe proponerse como objetivo la paz. En la lengua y el pensamiento hebreos la paz no era una condición negativa, sino intensamente positiva. No era sólo la ausencia de guerra, sino dos cosas. La primera, todo lo que contribuye al sumo bien del hombre. Como lo veían los hebreos, el sumo bien era el encontrarse en obediencia a Dios. Proverbios dice: «Hijo mío, no te olvides de Mi Ley, sino guarde tu corazón Mis mandamientos: porque te añadirán abundancia de días y longitud de vida y paz» (3:1, 2). Uno de los objetivos del cristiano debe ser esa completa obediencia a Dios en la que la vida encuentra la mayor felicidad y bien y realización: su paz. La segunda cosa que quiere decir la paz es la perfecta relación entre las personas.
Representa un estado del que se ha desterrado el odio y todos buscan el bien de los demás. Hebreos dice: «Proponeos la perfecta convivencia que debe ser característica de los cristianos, en la unidad real y verdadera que viene de vivir en Cristo.»

1 comentario
Irisbelia Otero
Amén ?