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Hebreos 2: La salvación que no debemos descuidar

Debemos, por tanto, prestar atención con sumo interés a lo que se nos ha comunicado. Porque, si la Palabra que se transmitió por medio de los ángeles se confirmó que estaba certificada como válida, y si toda transgresión y desobediencia a ella recibía justa sanción, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos tan gran Salvación, una Salvación de tal dignidad que tuvo su origen en las palabras del Señor, y luego llegó a nosotros con la garantía de los que la habían escuchado de Sus labios, al mismo tiempo que Dios mismo le adjuntaba Su propio testimonio con señales y milagros y muchas obras poderosas, y dándonos una participación del Espíritu Santo de acuerdo con Su voluntad?

El autor hace un argumento a fortiori, de menos a más, que era característico de la enseñanza rabínica. Tiene en mente dos revelaciones. La primera fue la revelación de la Ley, que se transmitió por medio de ángeles; es decir, los Diez Mandamientos.

A cualquier transgresión de aquella Ley seguía un castigo estricto y justo. Y la otra revelación es la que se nos ha transmitido directamente por medio de Jesucristo, el Hijo. Por venir en y a través del Hijo es infinitamente más importante que la revelación de la verdad de Dios que trajeron los ángeles; y, por tanto, cualquier transgresión a ella debe ser seguida de un castigo mucho más terrible. Si no se debe descuidar la revelación que vino por medio de ángeles, ¡cuánto menos se deberá descuidar la que vino por medio del Hijo!

En el primer versículo puede que haya una figura todavía más gráfica que la de la traducción corriente. Las dos palabras clave son prosejein y pararrein. Hemos tomado prosejein en el sentido de prestar atención, que es una de sus acepciones corrientes. Pararrein tiene muchos significados. Se usa de algo que fluye o que resbala R-V: « no sea que nos deslicemos»-; se puede decir de un anillo que se le sale a uno del dedo; de una partícula de comida que se le va a uno por la otra vía; de un tema que se introduce casualmente en la conversación; de un punto que se le escapa a alguien en un razonamiento; de algún dato que se le ha ido a uno de la mente; de algo que se ha traspapelado; es decir, de algo que se ha dejado que se pierda por descuido.

Pero estas dos palabras tienen también un sentido marinero. Prosejein puede querer decir amarrar un barco; y pararrein se .puede decir de un barco que se ha dejado por descuido que pasara de largo el puerto porque el marinero no ha contado con el viento, o con la corriente, o con la marea. Así es que el primer verso se podría traducir de una manera más gráfica: «Por tanto, debemos tener cuidado de anclar nuestras vidas a lo que se nos ha enseñado, no sea que el barco de la vida se nos pase el puerto a la deriva, y acabemos en un naufragio.» Es una imagen gráfica de un barco que va a la deriva a su propia destrucción porque el marinero está dormido.

Para la mayor parte de nosotros el peligro no está tanto en lanzarnos al desastre como en dejarnos llevar al pecado sin darnos cuenta. Son menos los que le dan la espalda a Dios en un momento determinado y deliberadamente, que los que se dejan llevar a la deriva día tras día y cada vez más lejos de Dios. No son tantos los que cometen algún pecado desastroso; pero son muchos los que, casi imperceptiblemente, se dejan involucrar en alguna situación hasta que despiertan para encontrarse con que han hecho trizas su propia vida y el corazón de alguien más. Debemos estar constantemente en guardia ante el peligro de vivir a la deriva.

El autor de Hebreos clasifica bajo dos epígrafes los pecados que atraen el castigo de la Ley; los llama transgresión y desobediencia.

La primera de estas palabras es en griego parábasis, que quiere decir literalmente cruzar una línea, «pasarse de la raya». El conocimiento y la conciencia han trazado una línea, y el pasarla es pecado. La segunda palabra es parakoé. Parakoé significó en su origen oír mal, como, por ejemplo, uno que es medio sordo. Luego pasó a significar oír descuidadamente, «como quien oye llover», de una manera que, por falta de atención, o malentiende- o no capta lo que se le ha dicho. Y acaba por querer decir indisposición a oír, y, por tanto, desobediencia a la voz de Dios. Es cerrar los oídos deliberadamente a Sus mandamientos, advertencias e invitaciones.

El autor de Hebreos acaba este párrafo mencionando tres cosas por las que la revelación cristiana es única.

(i) Es única por su origen. Procede directamente de Jesucristo mismo. No consta de suposiciones y tentativas acerca de Dios; es la misma voz de Dios que viene a nosotros en Jesucristo.

(ii) Es única por su transmisión. Había llegado a las personas a las que se escribió Hebreos de otras que lo habían escuchado directamente de los labios de Jesús. La única persona que puede pasarles a otras la Verdad cristiana es la que conoce a Cristo «más que de segunda mano.» Para enseñar a otros tenemos que saber a ciencia cierta; y sólo podemos presentar a Cristo si Le conocemos personalmente.

(iii) Es única por su efectividad. Se manifestó con señales y milagros y muchas obras poderosas. Alguien felicitó una vez a Thomas Chalmers después de una de sus grandes conferencias. « Sí -respondió él-; pero, ¿qué efecto tuvo?» Como Denney solía decir, la finalidad última del Cristianismo es hacer buenos a los malos; y la prueba del Cristianismo auténtico es que cambia las vidas. Los milagros morales del Evangelio están a la vista de todo el mundo.

Recuperación del destino humano

No fue a los ángeles a los que Dios sujetó el orden de cosas por venir del que estamos hablando. En cierto lugar de la Escritura hay alguien que da testimonio de este hecho: «¿Qué es el hombre para que Te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre, para que le visites? Por un poco de tiempo le pusiste por debajo de los ángeles; le coronaste de gloria y honor; le pusiste por encima de la obra de Tus manos; sometiste todo bajo sus pies.» El hecho de que todo le esté sometido quiere decir que no hay nada que no lo esté. Pero, como están las cosas, no vemos que todas le están sometidas. Pero vemos al Que por un poco de tiempo fue puesto por debajo de los ángeles, a Jesús mismo, coronado de gloria y honor a causa de su mortal sufrimiento, un sufrimiento que Le sobrevino a fin de que, por la Gracia de Dios, pudiera beber por todos los seres humanos hasta la última gota de la copa de la muerte.

Tal vez no sea éste un pasaje fácil de entender; pero cuando lo conseguimos, es maravilloso. El autor empieza con una cita del Salmo 8:4-6. Tenemos que darnos cuenta de una cosa: el Salmo 8 entero se refiere al ser humano. Canta la gloria que Dios le ha dado. No está claro que se refiera al Mesías.

Hay una frase en el salmo que nos despista un poco. Es la referencia al hijo del hombre. Tenemos tanta costumbre de ver aplicada esta frase a Jesús que pensamos que siempre se tiene que referir a Él. Pero en hebreo un hijo de hombre es sencillamente un hombre. Por ejemplo: en el libro de Ezequiel, más de ochenta veces Dios se dirige al profeta llamándole hijo de hombre. «Hijo de hombre, pon tu rostro contra Jerusalén» (Ezequiel 21:2). «Hijo de hombre, profetiza y di…» (30:2).

En el salmo que se cita aquí hay dos frases paralelas que quieren decir lo mismo: «¿(qué es el hombre para que Te acuerdes de él?», y « ¿O el hijo del hombre para que le visites?» El salmo es un gran canto lírico a la gloria del ser humano tal como Dios quiere que sea: es realmente un desarrollo de la promesa de Dios en la Creación según Génesis 1:28, cuando Dios le dijo a la primera pareja: «… Tened dominio sobre los peces del mar, las aves de los cielos, y sobre todos los animales que se mueven sobre la tierra.»

La gloria del ser humano, incidentalmente, es aún mayor de lo que nos hace suponer la versión Reina-Valera, que dice: « Le has hecho poco menor que los ángeles» (Salmo 8:5). Esa es la traducción correcta del griego, pero no del original hebreo, en el que se dice que el hombre ha sido hecho poco menor que Elóhim; y ElóMm es la palabra más corriente para Dios. Lo que escribió el salmista acerca del ser humano fue realmente: «Tú le has hecho poco menos que Dios», como traducen o indican en nota otras biblias. Así es que este salmo canta la gloria del ser humano, que fue creado poco menos que divino, y que Dios quiso que gobernara toda la creación.

Pero, continúa diciendo el autor de Hebreos, la situación real es muy diferente. El propósito original era que el ser humano tu- viera dominio sobre todo, pero no lo tiene. Es una criatura frus- trada por las circunstancias, derrotada en las tentaciones, ceñida de debilidades. El que debía ser libre está preso; el que debía ser rey es un esclavo. Como dijo G. K. Chesterton, una cosa es cierta: que el hombre no es lo que estaba previsto que fuera.

El autor de Hebreos continúa: A esta situación vino Jesucristo, sufrió y murió; y porque sufrió y murió entró en la gloria. Y ese sufrimiento, y esa muerte, y esa gloria son para el ser humano, porque Él murió para hacerle lo que debe ser. Murió para librar al ser humano de su frustración y esclavitud y debilidad, y colocarle en la posición que debe ocupar. Murió para recrear a la humanidad hasta que llegue a ser lo que fue creada para ser. En este pasaje hay tres grandes ideas básicas.

(i) Dios creó al hombre, varón y hembra (Génesis 1:27), sólo un poco menor que Él mismo, para que gobernara la creación.

(ii) El hombre, por el pecado, entró en derrota en vez de en señorío.

(iii) A este estado de derrota vino Jesús, a fin de hacer al hombre lo que fue creado para ser, por medio de Su vida, y muerte, y gloria.

Dicho de otra manera: El autor de Hebreos nos muestra tres cosas.

(i) Nos muestra el ideal de lo que el hombre debe ser -semejante a Dios y señor del universo.

(ii) Nos muestra el estado actual del hombre -la frustración en vez del señorío, el fracaso en vez de la gloria.

(iii) Nos muestra cómo se puede cambiar lo actual por lo ideal por medio de Jesucristo. El autor de Hebreos ve en Cristo al Que, por Sus sufrimientos y Su gloria, puede hacer al hombre lo que era el propósito original de Dios, que sin Cristo jamás hubiera podido ser.

El sufrimiento esencial

Porque, para cumplir Su propósito de traer muchos hijos a la gloria, estaba de acuerdo con el carácter de Aquél por Quien y por medio de Quien todo existe el hacer al Pionero de la Salvación perfectamente adecuado para Su misión por medio del sufrimiento. Porque el Que santifica y los que son santificados deben tener la misma filiación; razón por la cual no duda en llamarlos hermanos, como cuando dice: «Les diré Tu Nombre a mis hermanos; Te cantaré himnos en medio de la reunión de Tu pueblo. » Y en otro lugar: «Pondré en Él toda mi confianza.» Y de nuevo: «¡Aquí estamos, Yo y los hijos Suyos que Dios me dio!» Los que aquí llama hijos tienen una naturaleza de carne y hueso; así es que Él la compartió plenamente con ellos para, por Su muerte, aniquilar al diablo, que tiene el poder de la muerte, y libertar a todos los que, por miedo a la muerte, estaban sujetos toda la vida a una existencia de esclavos. Porque . supongo que no es a los ángeles a los que ayuda, sino a la descendencia de Abraham. Así es que Él tenía que llegar a ser en todo como Sus hermanos para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en todas las cosas que tienen relación con Dios para ganar el perdón de los pecados de Su pueblo. Porque, en cuanto El mismo fue tentado y sufrió, puede ayudar a los que están pasando pruebas.

Aquí usa el autor de Hebreos uno de los grandes títulos de Jesús. Le llama Pionero (arjégós) de gloria. La misma palabra se le aplica a Jesús en Hechos 3:15; 5:31; Hebreos 12:2. Corrientemente quiere decir el cabeza o jefe. Así se dice de 2eus, el cabeza de los dioses griegos, o de un general como cabeza de su ejército. Puede querer decir fundador, o iniciador. Se usa del fundador de una ciudad o de una dinastía o de una escuela filosófica. Se puede usar con el sentido de fuente u origen. Así, de un buen gobernador se dice que es el arjégós de la paz, o de uno malo, que es el arjégós de la confusión.

En todos estos usos se adhiere a la palabra una idea básica: un arjégós es el que inicia algo con el fin de que otros puedan participar después. Inicia una familia en la que nacerán otros; una ciudad en la que residirán otros; una escuela filosófica en la que otros le seguirán en la búsqueda de la verdad y la paz que él mismo ha encontrado; es el autor de bendiciones en las que otros entrarán después. Un arjégós es el que abre un camino que otros van a seguir. Alguien ha usado esta analogía: suponed que un barco ha encallado en unas rocas, y que la única manera de rescatar a los pasajeros es ir nadando hasta la orilla con una maroma para asegurarla y que otros puedan salvarse agarrándose a ella. El que tiene que nadar a la orilla el primero es el arjégós de la salvación de los demás. Esto es lo que el autor de Hebreos quiere decir cuando llama a Jesús el arjégós de nuestra Salvación. Jesús ha abierto el camino hacia Dios que todos podemos seguir.

¿Cómo llegó Jesús a eso? La versión Reina-Valera de 1960 y alguna otra dice que Dios « perfeccionase por aflicciones»; las revisiones anteriores conservaban lo que puso Casiodoro de Reina, «hiciese consumado por aflicciones», que siguen varias traducciones modernas españolas. El verbo que R-V60 traduce por perfeccionar es teleiún, que deriva del adjetivo téleios, que la Vulgata, a la que siguen muchas, tradujo por perfecto. Pero en el Nuevo Testamento téleios tiene un sentido muy especial, que no tiene nada que ver con la perfección abstracta, metafísica o filosófica. Se usa, por ejemplo, de un animal que no tiene defectos y que puede por tanto ofrecerse en sacrificio; de un estudiante que ya no es un principiante; de un ser humano que ha llegado a la mayoría de edad; de un cristiano que se ha incorporado plenamente a la iglesia y está bautizado. El principal sentido de téleios en el Nuevo Testamento es siempre el de una cosa, animal o persona que cumplen plenamente el propósito que se les ha asignado. Por tanto, .el verbo teleiún querrá decir, no tanto perfeccionar como hacer perfectamente adecuado para la tarea que se le ha asignado. Así que, lo que el autor de Hebreos quiere decir es que Jesús, por medio del sufrimiento, llegó a ser totalmente idóneo para la tarea de ser, el Pionero de nuestra Salvación. ¿Por qué?

(i) Fue en el sufrimiento como se identificó realmente con la raza humana. El autor de Hebreos cita tres textos del Antiguo Testamento que anuncian la identificación del Mesías con la humanidad: Salmo 22:22; Isaías 8:17 y 18. Si Jesús hubiera venido a este mundo de una forma que no pudiera sufrir, habría sido distinto de los demás seres humanos, y no habría podido ser su Salvador. Como dijo Jeremy Taylor: «Cuando Dios quiso salvar a los hombres, lo hizo por medio de un Hombre.» De hecho, esta identificación con nosotros es la esencia de la idea cristiana de Dios. Cuando los griegos pensaban en la relación de sus dioses con la humanidad, su idea clave era la indiferencia; pero la idea clave del Evangelio es la identificación. Por medio del sufrimiento, Jesucristo se ha identificado con la naturaleza humana. No había otra manera.

(ii) La identificación capacita a Jesucristo para simpatizar con nosotros. Esta palabra quiere decir etimológicamente sentir con otro. Es casi imposible comprender el dolor o el sufrimiento de otra persona si no lo hemos pasado nosotros. Una persona que no sufra de los nervios no puede entender las torturas que sufren los que padecen de los nervios. Una persona que está completamente sana no puede simpatizar con la que se cansa fácilmente, ni la que nunca ha sufrido dolores con la que los sufre. El que aprende fácilmente no comprende al que tiene dificultades en el estudio. Una persona que nunca ha estado afligida no entiende el dolor de corazón de la persona a la que ha alcanzado la aflicción. Una persona que no ha amado nunca no puede comprender, ni la gloria repentina, ni la dolorida soledad del corazón amante. Antes de poder simpatizar con nadie, tenemos que pasar por su misma experiencia, ¡y eso es precisamente lo que hizo Jesús!

(iii) Porque Jesús ha compartido nuestros sufrimientos, puede compartir nuestros sentimientos; y puede ayudarnos. Ha asumido nuestros dolores y nuestras tentaciones; y el resultado es que sabe qué ayuda necesitamos, y puede dárnosla.

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