(iii) La tercera característica esencial de un sacerdote es esta: ninguno se nombra a sí mismo, sino es nombrado por Dios. El sacerdocio no es un oficio que una persona escoge, sino un privilegio y una gloria a los que es llamada. El ministerio de Dios entre los hombres no es un empleo ni una carrera, sino una vocación. El ministro de Dios debería mirar atrás y decir, no « Yo escogí este trabajo», sino « Dios me escogió y me dio este ministerio» -es decir, servicio a Él y a los hombres.
El autor de Hebreos muestra a continuación que Jesucristo cumple las grandes condiciones del sacerdocio.
(i) Empieza por la última. Jesús no escogió su tarea; Dios Le escogió para ella. Cuando fue bautizado por Juan Le vino a Jesús una voz que Le decía: « Tú eres mi amado Hijo; hoy te comunico Mi propia vida y naturaleza» (Salmo 2:7).
(ii) Jesús ha pasado por las experiencias más amargas y nos comprende en todas nuestras cualidades y debilidades. El autor de Hebreos tiene cuatro grandes pensamientos sobre Jesús.
(a) Recuerda a Jesús en Getsemaní. Eso es lo que está pensando cuando habla de las oraciones y súplicas, del clamor y las lágrimas de Jesús. La palabra que usa para clamor (kraygué) es muy significativa. Indica un grito que la persona no quiere lanzar, que « se le escapa» de la garganta en el estrés de un dolor insoportable. Así que el autor de Hebreos dice que no hay agonía del espíritu humano que no haya pasado Jesús. Los rabinos tenían un dicho: «Hay tres clases de oración, cada una más elevada que la anterior: oración, clamor y lágrimas. La oración se hace en silencio; el clamor, elevando la voz; pero las lágrimas lo vencen todo.» Jesús conoció hasta la oración desesperada de las lágrimas.
(b) Jesús aprendió de todas las experiencias porque las arrostró con reverencia santa. La frase griega para « Aprendió de lo que sufrió» es como un trabalenguas -émathen af hón épathen. Este es un pensamiento que aparece a menudo en los pensadores griegos. Esquilo, el primero de los grandes dramaturgos griegos, tenía un lema característico: « Aprendér viene de sufrir» (páthei máthos). Llamaba al sufrimiento una especie de gracia salvaje de los dioses. Herodoto por su parte declaraba que sus sufrimientos eran ajárista mathérnata, una ingrata forma de aprender. Y un poeta moderno dice de los poetas: « Aprendemos en el sufrimiento lo que enseñamos en la canción.» Dios nos habla en las experiencias de la vida, .y especialmente en las que acrisolan el corazón y el alma; pero sólo podemos oír Su voz cuando aceptamos con temor reverente lo que viene a nosotros. Si lo recibimos con resentimiento, los gritos de nuestro corazón nos hacen sordos a la voz de Dios.
(c) Por medio de las experiencias que pasó, la versión Reina-Valera dice de Jesús que habiendo sido perfeccionado (teleiún). Teleiásn es el verbo del adjetivo téleios. Téleios puede traducirse correctamente por perfecto siempre que recordemos lo que los griegos entendían por perfección. Para ellos el que una cosa fuera téleios quería decir que cumplía exactamente el propósito para el que fue diseñada. Cuando usaban la palabra no pensaban en la perfección abstracta o metafísica, sino en términos de su funcionalidad. Lo que el autor de Hebreos quiere decir es que todas las dolorosas experiencias que pasó Jesús le capacitaron para ser el Salvador que la humanidad necesitaba.
(d) La Salvación que obró Jesús es una salvación eterna. Es algo que nos pone a salvo en el tiempo y en la eternidad. El hombre está a salvo con Cristo para siempre. No hay circunstancias que le puedan arrancar de la mano de Cristo.
Resistirse a crecer
La historia que se me ha encargado que os transmita sobre esta cuestión es larga, difícil de contar y de comprender, porque os habéis vuelto duros de oído. Porque, por supuesto: a estas alturas ya deberíais ser maestros, por todo el tiempo que ha pasado desde que escuchasteis el Evangelio por primera vez; y, sin embargo, todavía necesitáis que se os digan los sencillos elementos del principio del Mensaje de Dios. Os habéis sumido en un estado en el que necesitáis leche en lugar de alimento sólido; porque, está claro que si alguien está en la etapa de la lactancia, no puede saber de veras qué es la integridad cristiana, porque no es más que un bebé. Pero el alimento sólido está para los que han alcanzado la mayoría de edad, para los que, por el desarrollo de la debida clase de hábito, ya han llegado a la etapa en que tienen la percepción entrenada para distinguir entre el bien y el mal.
Aquí el autor de Hebreos trata de las dificultades que se le presentan al intentar presentarles a sus lectores un concepto adecuado del Evangelio.
