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Hebreos 6: La necesidad de progresar

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

(iii) Está la información acerca de los lavatorios. Esto quiere decir que el cristiano debe darse cuenta de lo que quiere decir de veras el bautismo. El primer libro de enseñanza cristiana para los que estaban a punto de entrar en la iglesia y el primer libro de orden de cultos se llama La Didajé, La enseñanza de los Doce Apóstoles. Se escribió alrededor del año 100 d.C., y establece las reglas para el bautismo cristiano. Para entonces todavía no había surgido el bautismo infantil. Las personas venían directamente del paganismo, y el bautismo era la entrada en la iglesia y la confesión de fe. La Didajé empieza por seis capítulos cortos acerca de la fe y de la vida cristiana. Empieza diciéndole al candidato al bautismo lo que debe creer y cómo debe vivir. Y luego, a partir del capítulo siete, prosigue: « Por lo que se refiere al bautismo, bautizarás de la siguiente manera: Cuando hayas instruido al candidato sobre todas estas cosas, bautízale en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua corriente. Si no dispones de agua corriente, bautízale en cualquier clase de agua. Sino le puedes bautizar en agua fría, úsala caliente. Si no puedes obtener ninguna de las dos, derrama agua tres veces sobre la cabeza del candidato en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Antes de bautizarle, haz que ayunen el candidato y el que le va a bautizar, y que los que puedan hagan lo mismo. Debes exhortar al bautizando a que ayune dos o tres días antes de la ceremonia.»

Esto es interesante. Demuestra que el bautismo de la Iglesia Primitiva era, si se podía, por inmersión total. Nos cuenta que a la persona que iba a recibir el bautismo, o se la sumergía, o se le derramaba agua tres veces, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Tomamos nota de que al bautismo precedía un tiempo de instrucción, porque había que practicar la fe y la vida cristiana antes de recibir el sacramento del bautismo. El candidato tenía que preparar, no sólo su mente, sino también su espíritu, mediante el ayuno. En aquellos días nadie entraba en la iglesia sin saber lo que hacía. Por eso el autor de Hebreos dice: « Antes de recibir el bautismo, ya se os instruyó acerca de las cosas fundamentales de la fe cristiana. No debe haber necesidad de volver a ellas. Ahora tenéis que edificar una fe más plena sobre ese cimiento.»

(iv) Está la imposición de manos. En la práctica judía, esto tenía tres significados.

(a) Era la señal de la transferencia de la culpa. El sacrificador ponía las manos sobre la cabeza de la víctima para simbolizar el hecho de que transfería su culpa al
animal que ofrecía.

(b) Era la señal de la transferencia de la bendición. Cuando un padre bendecía a su hijo, ponía sus manos sobre la cabeza del hijo como una señal de que le transmitía su bendición.

(c) Era la señal de que se apartaba a una persona para una tarea especial. A un hombre se le imponían las manos cuando se le ordenaba para el ministerio.

En la Iglesia Primitiva se le imponían las manos al que había sido bautizado, para que recibiera el Espíritu Santo (Hechos 8:17; 19:6). Esto no se ha de entender en sentido material. En aquellos días se miraba a los apóstoles con reverencia porque habían sido los amigos de Jesús en la Tierra. Era realmente emocionante que le tocara a uno una persona que había estado con Jesús y había tocado Sus manos. El efecto de la imposición de manos no dependía de la posición del que las imponía, sino de su carácter y de lo cerca que estaba de Jesús.

(v) Está la resurrección de los muertos. Desde el principio, el Cristianismo fue una religión de inmortalidad. Le daba al hombre dos mundos en los que vivir; le enseñaba que lo mejor estaba todavía por venir, lo que hacía este mundo un lugar de entrenamiento para la eternidad.

(vi) Está la sentencia que perdura por toda eternidad. El Cristianismo fue desde el principio una religión de juicio. A ningún cristiano se le dejaba olvidar que, al final, tendría que encontrarse con Dios, y que lo que Dios pensara de él era infinitamente más importante que lo que pensara la gente, entre otras cosas porque sus consecuencias perdurarían por toda eternidad.

Crucificar a cristo otra vez

Porque los que fueron iluminados ya una vez, y saborearon el don gratuito del Cielo, y llegaron a participar del Espíritu Santo, y saborearon la maravillosa Palabra de Dios y los poderes de la era venidera… y se han vuelto atrás, es imposible que pasen otra vez por la renovación del arrepentimiento; porque lo que están haciendo ésos es crucificar por sí mismos otra vez al Hijo de Dios y hacer de Él un espectáculo grotesco. Porque, cuando la tierra ha bebido la lluvia que viene regularmente sobre ella y produce verduras que son útiles a los que la cultivan, participa de la bendición de Dios; pero, cuando no produce más que espinos y cardos, se la abandona y deja como cosa maldita, y al final se la destina al fuego.

Este es uno de los pasajes más terribles de la Escritura. Empieza con una especie de lista de los privilegios de la vida cristiana.

El cristiano ha sido iluminado. Esta es una de las ideas favoritas del Nuevo Testamento. Sin duda tiene su origen en la figura de Jesús como la Luz del mundo, la Luz que ilumina a todas las personas que vienen al mundo (Juan 1:9; 9:5). Como dijo el mártir Bilney: « Cuando oí las palabras: «Jesucristo vino al mundo a salvar pecadores», fue como si rompiera el día de pronto en medio de la más oscura noche.» La luz del conocimiento, del gozo y de la dirección amanece cuando se encuentra a Cristo. Tan íntimamente entretejida con el Cristianismo llegó a estar esta idea que la iluminación (fótismós) llegó a ser sinónima de bautismo, y el ser iluminado (fótízesthai), de ser bautizado. De hecho, eso es lo que muchos han entendido, y han considerado que este pasaje quiere decir que no hay posibilidad de perdón para los pecados que se cometen después de haber sido bautizado. De ahí que haya habido tiempos y lugares en los que el bautismo se ha pospuesto hasta el momento de la muerte para mayor seguridad. Más adelante discutiremos esa idea.

2 respuestas

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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