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Hebreos 6: La necesidad de progresar

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

El cristiano ha saboreado el don gratuito que viene del Cielo. Sólo en Cristo podemos encontrar la paz con Dios. El perdón no es algo que se puede ganar; es un don gratuito. Sólo cuando venimos a la Cruz, nuestra carga rueda sima abajo. El cristiano conoce por experiencia el inconmensurable alivio que nos trae el perdón de Dios. Como cantó El Peregrino: Vine cargado con la culpa mía de lejos, sin alivio a mi dolor; mas en este lugar, ¡oh, qué alegría!, mi solaz y mi dicha comenzó.

Aquí cayó mi carga, y su atadura en este sitio rota yo sentí. . ¡Bendita Cruz, bendita sepultura! ¡Y más bendito Quien murió por mí! El cristiano participa del Espíritu Santo. Tiene en su vida una nueva dirección y un poder nuevo. Ha descubierto la presencia de un poder que no sólo le dice lo que tiene que hacer, sino que le ayuda a hacerlo.

El cristiano saborea la maravillosa Palabra de Dios. Esta es otra manera de decir que ha encontrado la verdad. Es característico de los seres humanos el buscar la verdad a tientas, como los ciegos. Es parte del castigo y del privilegio de ser seres humanos el no poder descansar hasta que hemos descubierto el sentido de la vida. En la Palabra de Dios encontramos la Verdad y el sentido de la vida.

El cristiano saborea los poderes de la era venidera. Los judíos creían que el tiempo se dividía en dos eras: la era presente (ho nyn aión), que era totalmente mala, y la era por venir (ho mellón aión), que sería totalmente buena. Algún día Dios intervendría; vendría una sacudida destructora, y el Día del Señor. Entonces terminaría esta era presente, y empezaría la era por venir. Pero el cristiano saborea ya, aquí y ahora, las bendiciones de la era por venir, del Reino de Dios. Aun en el tiempo prueba, saborea ya anticipadamente la eternidad. El autor de Hebreos completa así su brillante catálogo de las bendiciones del cristiano; y después, de pronto, resuena como un trueno: «¡Pero se vuelven apóstatas, se vuelven atrás!»

¿Qué quiere decir con eso de que es imposible que los que se han convertido en apóstatas no pueden ser renovados para arrepentimiento? Muchos pensadores han tratado de darle la vuelta a esta palabra imposible (adynaton). Erasmo sostuvo que había que tomarla en el sentido de «difícil hasta el punto de casi imposible.» Bengel adujo que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios, y que debemos encomendar los que han caído en esta condición a la misericordia del amor singular de Dios. Pero, cuando leemos este pasaje, debemos recordar que se escribió en una época de persecución: y en tiempos así la apostasía es el pecado capital. En cualquier tiempo de persecución, uno puede «salvar la vida» renegando de Cristo; pero eso querría decir que estima su vida más que a Jesucristo, Que nos advirtió lealmente de ese peligro y de sus consecuencias, y nos dejó el ejemplo supremo: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de Mí y del Evangelio, la salvará» (Marcos 8:35).

Esta manera clara y tajante de decir las cosas siempre ha surgido en tiempos de persecución. Doscientos años después de escribirse esta carta tuvo lugar la terrible persecución de tiempos del emperador Diocleciano. Cuando llegó la calma después de la tempestad, la única prueba que se aplicaba a los miembros de la iglesia que habían sobrevivido era: « ¿Renegaste de Cristo para salvar la vida?» Si había renegado de su Señor, desde entonces tendría cerrada la puerta de la iglesia. Kermit Eby cuenta que un eclesiástico francés, cuando le preguntaron qué había hecho durante la Revolución Francesa, musitó: «Sobrevivir.»

Esta es la condenación del que ama su vida más que a Cristo. No se dijo para establecer la doctrina de que no hay perdón para los pecados que se cometan después del bautismo. ¿Quién es capaz de decirle a otro que está más allá del límite del perdón de Dios? Lo que se quería mostrar era la terrible seriedad de escoger la supervivencia en este mundo a costa de la lealtad a Cristo.

El autor de Hebreos dice a continuación una cosa terrible. Los que cometen apostasía crucifican a Cristo otra vez. Este es el tema de la gran leyenda de Quo vadis. Nos cuenta que la persecución de Nerón sorprendió a Pedro en Roma, y le falló el valor. Iba bajando la Vía Apia para escapar con vida, cuando, de pronto, se encontró con una figura en el camino. Era Jesús mismo.

«Quo vadis, Domine? -preguntó Pedro. Y Jesús contestó: «Vuelvo a Roma para ser crucificado otra vez; esta vez en tu lugar.»

Y Pedro, a quien la vergüenza le devolvió el valor, se dio la vuelta y se dirigió a Roma para morir como mártir. Más adelante en la historia de Roma hubo un emperador que trató de atrasar el reloj: Juliano quería acabar con el Cristianismo y traer otra vez a los dioses del paganismo. Ibsen le hace decir: «¿Dónde está Él ahora? ¿Ha estado trabajando en otra parte desde que sucedió aquello en Gólgota?… ¿Dónde está El ahora? ¿Y qué si eso, lo del Gólgota, cerca de Jerusalén, fue un suceso de cuneta, algo que pasó, por así decirlo, de pasada? ¿Qué si Él sigue, y sigue, sufriendo y muriendo y conquistando una y otra vez, mundo tras mundo?»

Hay aquí una verdad segura. Detrás del pensamiento del autor de Hebreos hay una concepción tremenda. Veía la Cruz como un acontecimiento que abría una ventana al corazón de Dios. La veía como revelando, en un momento del tiempo, el amor sufrido que hay siempre en ese corazón. La Cruz decía a los hombres: «Así es como Yo os he amado y os amaré siempre. Esto es lo que me hace vuestro pecado. Esta es la única manera en que puedo llegar a redimiros.»

En el corazón de Dios hay siempre, mientras exista el pecado, esta agonía de amor dolorido y redentor. El pecado no quebranta sólo la Ley de Dios; también quebranta Su corazón. En verdad, cuando renegamos, crucificamos otra vez a Cristo.

Además, el autor de Hebreos dice que cuando renegamos hacemos de Cristo un espectáculo grotesco. ¿Cómo puede ser eso? Si pecamos, el mundo dirá: «Así es que para eso es para lo que sirve el Cristianismo. Eso es todo lo que ese Cristo puede hacer. Eso es todo lo que consiguió la Cruz.» Ya está bastante mal el que, cuando un miembro de la iglesia cae en pecado, queda en una situación vergonzosa y desacredita a la iglesia; pero lo que es peor con mucho es que hace que la gente se burle de Cristo.

2 respuestas

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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