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Hechos 12: encarcelado y libertado

(v) Herodes el Grande tuvo otro hijo que se llamó Aristóbulo. Su madre fue Mariamne, una princesa que descendía de los grandes héroes macabeos. Le mandó matar su padre, pero tuvo un hijo que se llamó Herodes Agripa, que es este de Hechos 12.

(vi) Para completar la lista mencionaremos que Herodes Agripa fue el padre de:

(a) Agripa II, ante quien Pablo fue examinado e hizo el famoso discurso de Hechos 25 y 26;

(b) Berenice, que aparece con él en aquella ocasión, y

(c) Drusila, que era la mujer de Félix, el gobernador que presidió el juicio de Pablo (Hechos 24:24).

En este boceto de la familia Herodes se ve que el Herodes Agripa de este capítulo era descendiente de los macabeos por parte de su madre Mariamne. Se había educado en Roma, pero cultivaba diligentemente el aprecio del pueblo judío mediante la observancia meticulosa de la Ley y todas las costumbres judías. Por estas razones era popular con la gente, y sin duda sería para mantener y aumentar esa popularidad con los judíos estrictos por lo que decidió atacar a la Iglesia Cristiana y a sus líderes.

Hasta su conducta en el arresto de Pedro muestra su deseo de complacer a los judíos. La fiesta de la Pascua era el 14 de Nisán.

Ese día y los seis siguientes no se podía usar levadura, por lo que la semana de Pascua se llamaba < de los Ázimos», o panes sin levadura. En ese tiempo no se podían llevar a cabo juicios o ejecuciones, razón por la cual Herodes decidió retrasar los de Pedro hasta la semana siguiente. La gran tragedia de esta ola de persecución era que no se debía a los principios de ningún hombre, por muy equivocados que fueran, sino sencillamente al deseo de ganarse el favor popular.

El gozo de la restauración

Cuando Pedro se dio cuenta de lo que había pasado con él, se dirigió a la casa de María, la madre de Juan al que también llamaban Marcos. Allí se habían reunido muchos hermanos para orar. Pedro llamó ala puerta de la calle, y una criada que se llamaba Rode fue a ver quién era. Cuando reconoció la voz de Pedro, le dio tanta alegría que, en vez de abrir la puerta, echó a correr hacia dentro de la casa para dar la noticia de que Pedro estaba a la puerta. Unos le dijeron: «¡Tú estás loca!» Pero ella insistía en que era la verdad. «Será su fantasma» =dijeron otros. Pero Pedro seguía llamando a la puerta; y, cuando por fin le abrieron, todavía no se lo podían creer. Pedro les hizo una señal con la mano para que estuvieran callados, y les contó cómo le había sacado el Señor de la cárcel. «Llevadle la noticia a Santiago y a los otros miembros de la Iglesia» – les dijo; y salió de allí, y se fue a otro lugar.

Cuando se hizo de día, los soldados estaban consternados, porque no tenían ni la más ligera idea de lo que había pasado con Pedro. Herodes dio orden de busca y captura de Pedro, pero no se le encontró por ninguna parte. Luego interrogó a los guardas y los mandó ejecutar. Después Herodes se marchó de Judea y bajó a Cesarea, donde se quedó algún tiempo.

Se habían tomado las mayores precauciones para evitar que Pedro se escapara. Montaban la guardia cuatro escuadras de cuatro soldados cada una; eran cuatro las escuadras porque se dividían el día y la noche en cuatro vigilias de tres horas cada una. Lo normal era encadenar la mano derecha del preso a la izquierda de un soldado; pero Pedro estaba encadenado por las dos manos a dos guardias, uno a cada lado, mientras que los otros dos de la escuadra montaban la guardia a la puerta. No se podían tomar más precauciones. Cuando se comprobó que Pedro había escapado, los soldados fueron ejecutados; porque esa era la ley: que si un criminal escapaba, la guardia sufría la condena que hubiera merecido el reo.

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