Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

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Mateo 25: El Baremo de Dios

-Cuando venga el Hijo del Hombre con todos Sus ángeles, ocupará Su puesto en Su trono glorioso, y todas das naciones se reunirán delante de Él; y Él separará a unos de otros como separa un pastor las ovejas de las cabras, colocando las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces el Rey les dirá a los de Su mano derecha: «Venid, vosotros a quienes ha bendecido Mi Padre, entrad en posesión del Reino que se os ha preparado desde la creación del mundo! Porque cuando Yo estaba hambriento Me disteis de comer; cuando estaba sediento, Me disteis de beber; cuando era un forastero, Me recibisteis; cuando estaba desnudo, Me vestisteis; cuando estaba enfermo, vinisteis a visitarme; cuando estaba en la cárcel, vinisteis a verme.” Entonces los íntegros Le contestarán: «Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento, y Te dimos de comer; o sediento, y Te dimos de beber; o cuando Te vimos forastero, y Te recibimos en nuestras casas; o desnudo, y Te vestimos? ¿Cuándo Te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?» Y entonces el Rey les contestará: «Os digo la pura verdad: En tanto en cuanto se lo hicisteis a uno de los más pequeñitos de estos Mis hermanos, Me lo hicisteis a Mí:” Entonces les dirá a los de Su izquierda: «¡Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles! Porque estuve hambriento, y no Me disteis de comer; sediento, y no Me disteis de beber; fui forastero, y no Me recibisteis entre vosotros; desnuda, y no Me vestisteis, enfermo y en la cárcel, y no vinisteis a visitarme.» Entonces esos también Le contestarán: «Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no Te prestamos ningún servicio?» Entonces Él les responderá: «Os digo la pura verdad: En tanto en cuanto no se lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, no Me lo hicisteis a Mí.» Y estos se retirarán al castigo eterno, y los íntegros irán a la vida eterna.

Esta es una de las parábolas más gráficas que Jesús dijo nunca, y su lección está clara como el agua: Que Dios nos juzgará de acuerdo con nuestra reacción a las necesidades humanas. Su juicio no será en función de los conocimientos que hayamos amasado, o de la fama que hayamos adquirido, o de la fortuna que hayamos ganado, sino de la ayuda que hayamos restado.

Hay ciertas cosas que esta parábola nos enseña acerca de la ayuda que debemos prestar a otros.

(i) Debe ser la ayuda en cosas sencillas. Las cosas que Jesús escoge mencionar -dar una comida a un hambriento, o algo de beber a un sediento, recibir a un forastero, animar a un enfermo, visitar a un preso son cosas que cualquiera puede hacer. No se trata de dar millones de pesetas, ni de escribir nuestros nombres en los anales de la Historia; sino de prestar una sencilla ayuda a personas que nos encontramos todos los días. No hay ninguna otra parábola que le abra el camino de la gloria de tal manera a la gente sencilla.

(ii) Debe ser una ayuda desinteresada. Los que la prestaron no lo hicieron pensando que estaban ayudando a Cristo o haciendo méritos para la eternidad; ayudaban porque no podían por menos. Era la reacción natural, instintiva, totalmente desinteresada, del corazón amante. Mientras que, por la otra parte, la actitud de los que dejaron de ayudar era: “ Si hubiéramos sabido que eras Tú, Te habríamos ayudado con mil amores; pero creímos que era simplemente una persona corriente que no valía la pena ayudar.» Sigue siendo verdad que hay algunos que ayudarían si hubieran de recibir por ello alabanzas y gracias y publicidad; pero ayudar de esa manera no es ayudar; es apilarse méritos. No es prestar por generosidad, sino por egoísmo disfrazado. La ayuda que obtiene la aprobación de Dios es la que se da nada más que para ayudar.

(iii) Jesús nos coloca cara a cara con la maravillosa verdad de que toda ayuda de esta clase que prestemos a nuestros semejantes se Le da a Él, y toda la ayuda que se niega, se Le niega a Él. ¿Cómo puede ser esto? Si de veras queremos alegrar el corazón de un padre, si de veras queremos moverle a gratitud, la mejor manera de hacerlo es ayudando a uno de sus hijos. Dios es el gran Padre; y la manera de alegrar el corazón de Dios es ayudando a Sus hijos, nuestros semejantes.

Hubo dos hombres que encontraron esta parábola benditamente cierta. Uno fue Francisco de Asís; era rico y de elevado nacimiento y clase, pero no era feliz, porque tenía el sentimiento de que la vida era incompleta. Un buen día iba dándose un paseo a caballo, y se encontró con un leproso, horrible y repulsivo por la fealdad de su enfermedad. Algo movió a Francisco a bajar del caballo y abrazar a aquel miserable doliente; y en sus brazos el rostro del leproso se transformó en el rostro de Cristo.

El otro fue Martín de Tours. Era soldado romano, y cristiano. Un frío día de invierno, cuando entraba en una ciudad, le paró un mendigo para pedirle limosna. Martín no tenía dinero; pero el mendigo estaba azul y tiritando de frío, y Martín le dio lo que tenía. Se quitó su capa militar, usada y desgastada como estaba, la cortó en dos y le dio la mitad al mendigo.

Aquella noche tuvo un sueño. En él vio los lugares celestiales, y a todos los ángeles, y a Jesús en medio de ellos; y Jesús llevaba puesta la media capa de un soldado romano. Uno de los ángeles Le preguntó: “ Maestro, ¿por qué llevas esa capa vieja y desgastada? ¿Quién Te la ha dado?” Y Jesús le contestó suavemente: «Me la ha dado Mi siervo Martín.»

Cuando aprendemos la generosidad que ayuda sin interés a las personas en las cosas más sencillas, nosotros también experimentamos el gozo de ayudar a Jesucristo mismo.

El otro fue Martín de Tours. Era soldado romano, y cristiano. Un frío día de invierno, cuando entraba en una ciudad, le paró un mendigo para pedirle limosna. Martín no tenía dinero; pero el mendigo estaba azul y tiritando de frío, y Martín le dio lo que tenía. Se quitó su capa militar, usada y desgastada como estaba, la cortó en dos y le dio la mitad al mendigo.

Aquella noche tuvo un sueño. En él vio los lugares celestiales, y a todos los ángeles, y a Jesús en medio de ellos; y Jesús llevaba puesta la media capa de un soldado romano. Uno de los ángeles Le preguntó: “ Maestro, ¿por qué llevas esa capa vieja y desgastada? ¿Quién Te la ha dado?” Y Jesús le contestó suavemente: «Me la ha dado Mi siervo Martín.»

25.1ss Jesús narró las parábolas siguientes para clarificar aún más lo que significa estar listo para su regreso y cómo vivir hasta que El venga. En la historia de las diez vírgenes (25.1-13), se nos enseña que cada persona tiene que ocuparse de su condición espiritual. La parábola de los talentos (25.14-30) nos enseña la necesidad de usar bien lo que Dios nos ha confiado. La enseñanza de las ovejas y cabritos (25.31-46) enfatiza la importancia de servir a los que están en necesidad. Ninguna parábola por sí misma describe completamente cómo debemos prepararnos. Pero cada una de ellas pinta una parte del cuadro.

25.1ss Esta parábola tiene que ver con un matrimonio. En la cultura judía, una pareja mantenía su noviazgo por largo tiempo antes de contraer nupcias y la promesa de compromiso era un pacto similar a los votos del matrimonio. En el día de las bodas el novio iba a la casa de la novia para la ceremonia; luego la pareja, formando parte de un gran desfile, regresaba a la casa del novio donde tenía lugar una fiesta que con frecuencia duraba toda una semana. Estas diez vírgenes estaban esperando para desfilar y aguardaban participar en el banquete de bodas. Pero cuando el novio se retrasó, cinco de ellas dejaron que sus lámparas se quedaran sin aceite. Mientras iban a buscar aceite, se les hizo tarde y no pudieron participar en la fiesta.
Cuando Jesús vuelva para llevar a su pueblo al cielo, debemos estar listos. La preparación espiritual no puede comprarse ni prestarse a último minuto. Nuestra relación con Dios debe ser propia.

25.15 El amo dividió el dinero entre sus siervos de acuerdo a sus capacidades: nadie recibió ni más ni menos dinero del que podía usar. En caso de que no cumpliera con la tarea asignada por su amo, no podría excusarse diciendo que estuvo abrumado. El fracaso solo podría atribuirse a flojera u odio al amo. El dinero, como se emplea aquí, representa cualquier clase de recurso que se nos confía. Dios nos da tiempo, capacidades, dones y otros recursos de acuerdo a nuestras habilidades y espera que los usemos con sabiduría hasta que regrese. Tenemos la obligación de usar bien lo que Dios nos ha dado. La cuestión no es cuánto tenemos, sino qué hacemos con lo que tenemos.

25.21 Jesús volverá, sabemos que es así. ¿Significa esto que debemos abandonar nuestras ocupaciones a fin de servir a Dios? No, quiere decir que debemos usar con diligencia nuestro tiempo, talentos y pertenencias a fin de servir a Dios en todo lo que hagamos. Para algunas personas, significa cambiar de profesión; para la mayoría de nosotros, significa cumplir con nuestro trabajo cotidiano como expresión de nuestro amor a Dios.

25.24-30 Este hombre pensaba solo en sí mismo. Quería evitar riesgos para protegerse de su difícil amo, pero este lo castigó por su egocentrismo. No debemos buscar excusas para no hacer lo que Dios nos llamó a hacer. Si Dios es nuestro Amo, debemos estar dispuestos a obedecerle. Nuestro tiempo, nuestras habilidades y nuestro dinero no nos pertenecen de veras. Somos mayordomos, no propietarios. Cuando descuidamos, despilfarramos o nos aprovechamos de lo que hemos recibido, nos convertimos en rebeldes y merecemos castigo.

25.29, 30 Esta parábola describe las consecuencias de dos actitudes en cuanto al regreso de Cristo. El obrero que con diligencia se prepara para la venida del Señor invirtiendo su tiempo y sus talentos para servir a Dios será recompensado. El obrero que no pone el corazón en trabajar en las cosas del Reino va a ser castigado. Dios premia la fidelidad. Los que no tienen frutos para el Reino de Dios no pueden esperar recibir el mismo trato que los que son fieles.
25.31-46 Dios separará a los seguidores fieles de los que falsos y los incrédulos. La mejor evidencia de que somos creyentes es la forma en que actuamos. Tratar a todas las personas que encontremos como si fueran Jesús no es muy fácil. Lo que hacemos por otros demuestra lo que pensamos de lo que Jesús señaló que debíamos hacer: dar de comer al hambriento, albergar al desamparado, visitar a los enfermos. ¿Hay alguna diferencia entre sus acciones y las de los falsos y los incrédulos?

25.32 Jesús comparó a las ovejas y los cabritos con los creyentes y los que no lo son. Las ovejas y los cabritos pastan juntos con frecuencia, pero los separan cuando llega la hora de trasquilar las ovejas. Eze_34:17-24 también se refiere a la separación de ovejas y cabritos.

25.34-40 Esta parábola habla de la misericordia que todos podemos brindar a diario. Son gestos que no requieren riqueza, habilidad ni inteligencia; son cosas que se hacen y se reciben de gracia. No tenemos excusa para desentendernos de los que tienen grandes necesidades. No podemos delegar esta responsabilidad a la iglesia ni al gobierno. Jesús demanda nuestra participación personal en atender las necesidades de los demás (Isa_58:7).

25.40 Mucho se ha discutido en relación a la expresión “mis hermanos”. Algunos han dicho que se refiere a los judíos; otros dicen que se refiere a todos los cristianos; los restantes manifiestan que alude a los que sufren en cualquier lugar. Dicho debate tiene una semejanza con la pregunta que un abogado formuló a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?” (Luk_10:29). Lo más sobresaliente en esta parábola no es el quién, sino el qué, el acto de servir cuando nos necesitan. La enseñanza de esta parábola es que debiéramos amar a todas las personas y servir a cuantos podamos. Ese tipo de amor glorifica a Dios porque refleja nuestro amor por El.

25.46 El castigo eterno tiene lugar en el infierno, lugar donde todos los que no quieren arrepentirse (5.29) reciben su merecido después de la muerte. En la Biblia, tres palabras han sido traducidas “infierno”.
(1) Seol, que en el Antiguo Testamento quiere decir tumba, donde se depositan los cadáveres (véanse Job_24:19; Psa_16:10; Isa_38:10).

(2) Hades es una palabra griega que significa averno, reino de la muerte. Es la palabra con que se traduce Seol en el Nuevo Testamento (véanse Mat_16:18; Rev_1:18, Rev_20:13-14).

(3) Gehenna viene de Valle de Hinom, lugar cerca de Jerusalén lugar en el que quemaban niños en sacrificio a los dioses paganos (véanse 2Ki_23:10; 2Ch_28:3). Este es el lugar del fuego eterno (Mat_5:22; Mat_10:28; Mar_9:43; Luk_12:5; Jam_3:6; Rev_19:20) preparado para el diablo, sus ángeles y todos los que no creen en Dios (Rev_25:46; Rev_20:9-10). Es el estado final y eterno de los malos después de la resurrección y el juicio final.

Cuando Jesús advierte acerca de la incredulidad, procura salvarnos de un castigo agonizante.

EL DESTINO DE LOS DESPREVENIDOS

Mateo 25:1-13

Lo que sucederá en el Reino del Cielo se parece a lo que pasó una vez cuando diez chicas jóvenes tomaron sus lámparas para salir a dar la bienvenida a un novio que venía a su boda. Cinco de las chicas eran simples, y las otras cinco eran sensatas. Las simples no llevaban más que las lámparas, pero sin aceite de reserva; pero las sensatas llevaban aceite en sus alcuzas aparte de las lámparas.

Como el novio tardaba en llegar, todas se pusieron a descansar, y se quedaron dormidas. A mitad de la noche se oyeron gritos: «¡Atención! ¡El novio! ¡Salid a recibirle!» Entonces se despertaron todas las chicas, y se pusieron a preparar las lámparas. Las simples les dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, porque se nos están apagando las lámparas.” Pero las sensatas les contestaron: «No podemos hacer eso, porque podría ser que no tuviéramos bastante para nosotras y para vosotras. Lo mejor que podéis hacer es ir al aceitero y comprarle para vosotras.»

Mientras iban a comprar aceite, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras chicas, y se pusieron a llamar y a decir: «¡Señor, señor, ábrenos la puerta!» Pero él les contestó: «Os digo la verdad: yo no sé quiénes sois.»

Así es que estad alerta, porque no sabéis el día ni la hora en que ha de volver el Hijo del Hombre.

Si miramos esta parábola con ojos occidentales nos parecerá muy poco natural y muy peregrina. Pero, de hecho, cuenta una historia que podría haber sucedido en cualquier tiempo en un pueblo de Palestina, y que podría suceder ahora.

Una boda era una gran ocasión. Todo el pueblo salía a acompañar a la pareja a su nuevo hogar, e iban por el camino más largo posible para recibir las felicitaciones de los más posible. “ Todo el mundo -decían los judíos- entre los 6 y los 60 seguirá el tambor del matrimonio.» Los rabinos estaban de acuerdo en que uno debía hasta interrumpir el estudio de la Ley para participar de la alegría de una fiesta de boda.

Lo interesante de esta historia depende de una costumbre judía que es muy diferente de las nuestras. Cuando se casaba una pareja, no se iban de luna de miel, sino se quedaban en casa. Durante una semana tenían la puerta abierta a los que los quisieran visitar; los amigos los trataban, y hasta se dirigían a ellos, como príncipe y princesa. Era la semana más dichosa de la vida. A las celebraciones de esa semana estaban invitados sus amigos más íntimos; así es que no fue solamente la ceremonia, sino toda una semana de fiesta lo que se perdieron las chicas simples por no estar preparadas.

El relato de cómo se lo perdieron todo está perfectamente de acuerdo con aquellas costumbres. El Dr. J. Alexander Findlay cuenta lo que él mismo vio en Palestina: “ Cuando estábamos acercándonos a la entrada de un pueblo de Galilea -escribe-, vi a diez chicas alegremente vestidas, y que iban tocando alguna clase de instrumentos, que venían bailando por la carretera delante de nuestro coche. Cuando pregunté qué estaban haciendo, el guía me dijo que iban a hacerle compañía a la novia hasta que llegara el novio. Pregunté si tendríamos ocasión de ver la boda; pero el movió negativamente la cabeza mientras decía: “Puede que sea esta noche, o mañana por la noche, o dentro de quince días; eso no se sabe nunca de seguro.” Y entonces pasó a explicar que una de las mayores suertes que se podían tener en una boda de clase media en Palestina era encontrarse con el cortejo nupcial descansando, y que el novio llegara inesperadamente, a veces en medio de la noche; es verdad que la opinión pública espera que mande un mensajero por la calle gritando: “¡Atención, que viene el novio!” Pero eso puede suceder a cualquier hora; de modo que el cortejo nupcial tiene que estar preparado para salir a la calle a cualquier hora a recibir al novio cuando se le ocurra llegar… Otros detalles importantes son que a nadie se le permite estar en la calle cuando anochece sin una lámpara, y también que, una vez que ha llegado el novio, y se ha cerrado la puerta, los que lleguen tarde a la ceremonia ya no pueden entrar.» Así es que el drama de la parábola de Jesús se representa exactamente en el siglo XX. Aquí no tenemos ninguna historia imaginaria, sino un gajo de la vida de una aldea de Palestina.

Como tantas parábolas de Jesús, esta tiene un sentido inmediato y local, y también un sentido más amplio y universal.

En su significado inmediato, iba dirigida a los judíos. Ellos eran el pueblo elegido de Dios; toda su historia debiera haber sido una preparación para la venida del Hijo de Dios; deberían haber estado preparados para cuando Él viniera. Pero, por el contrario: estaban totalmente desprevenidos, y por tanto se encontraron excluidos. Aquí tenemos, en forma dramática, la tragedia de la falta de preparación de los judíos.

Pero la parábola tiene al menos dos advertencias universales.

(i) Nos advierte que hay ciertas cosas que no se pueden obtener en el último minuto. Es demasiado tarde para un estudiante el preparar los exámenes la noche antes. Es demasiado tarde para una persona el adquirir la habilidad o el carácter, si no los posee anticipadamente, cuando se le presenta la oportunidad de un buen trabajo. También es fácil dejar las cosas para tan tarde que ya no nos podemos preparar para encontrarnos con Dios. Cuando María de Orange estaba muriendo, su capellán trató de hablarle del camino de la salvación. Ella contestó: «No he dejado esa cuestión para esta hora.» Llegar, demasiado tarde es siempre una tragedia.

(ii) Nos advierte que hay ciertas cosas que no se pueden pedir prestadas. A las chicas simples les resultó imposible conseguir aceite prestado cuando descubrieron que les hacía falta. No se puede recibir prestada una relación con Dios. Cada cual debe poseerla por sí. No se puede pedir prestado un carácter. Se tiene que llevar puesto. No podemos estar viviendo siempre de prestado del capital espiritual que han reunido otros: Hay ciertas cosas que tenemos que ganarnos o adquirir por nosotros mismos, porque no nos las pueden prestar otros.

No hay toque de difuntos más cargado de remordimiento que el sonido de las palabras «¡Demasiado tarde!»

EL TALENTO ENTERRADO

Mateo 25:14-30

Hubo una vez un hombre que se tenía que marchar al extranjero, y llamó a sus siervos y les confió sus bienes. A uno le dio 250, 000 pesetas; a otro, 100, 000, y a otro 50,000. A cada uno de ellos según su capacidad; y luego se marchó: Lo más pronto que pudo, el que había recibido las 250,000 pesetas fue y las invirtió, y obtuvo otras 250,000. De la misma manera, el que había recibió 100, 000, sacó otras 100, 000. Pero el que había recibido 50,000 se retiró, y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su amo. Después de mucho tiempo volvió el amo de aquellos sirvientes, y echó cuentas con ellos. El que había recibido 250,000 pesetas llegó trayendo otras 250,000. «Señor -le dijo-, tú me diste 250,000 pesetas. Mira; he obtenido un beneficio de otras 250,000.» El amo le dijo: “ ¡Bien hecho, buen siervo y fiel! Me has sido fiel en un pequeño negocio; te pondré a cargo de muchas cosas; ven a celebrarlo con tu amo.” El que había recibido 100,000 pesetas llegó, diciendo: «Señor, tú me dejaste un depósito de 100,000 pesetas. ¡Mira! He obtenido unas ganancias de otras 100,000.» Su amo le dijo: «¡Bien hecho, buen siervo y fiel! Me has sido fiel en un pequeño negocio; te pondré a cargo de muchas cosas; ven a celebrarlo con tu amo:» El que había recibido 50,000 pesetas también se presentó. «Señor -le dijo-, sabía que eras un hombre implacable, que siegas lo que no labraste y que recoges lo que no sembraste. Así que me dio miedo, y .me aparté y escondí tus 50, 000 pesetas en la tierra. Mira: Aquí tienes lo que es tuyo.» El amo le respondió: «¡Siervo malvado y cobarde! ¿Conque sabías que siego donde no he labrado y recojo lo que no he sembrado? Deberías haber depositado mi dinero en el banco, para que cuando yo volviera lo recibiera con intereses. Así que, quitadle las 50,000 pesetas y dádselas al que tiene 250,000. Porque al que tenga se le dará para que tenga en abundancia; pero al que no tenga, hasta lo que tenga se le quitará. Y echad a este siervo inútil a la oscuridad de fuera. Que llore y rechine los dientes allí.»

Como la parábola anterior, esta tenía una lección inmediata para los que la oyeron por primera vez, y toda una serie de lecciones para nosotros hoy. Se la conoce como La Parábola de los Talentos. En nuestra traducción hemos cambiado los talentos por la moneda actual. El talento no era una moneda, sino un peso; y por tanto su valor dependía del metal del que se tratara, cobre, oro o plata. El metal que se usaba más corrientemente era la plata, y el valor de un, talento de plata era de unas 50,000 pesetas. Pero para tener una idea de su valor adquisitivo, recuérdese que el jornal de un obrero era de pesetas. Sobre esa base hemos hecho las equivalencias de .las varias sumas.
No cabe la menor duda de que la atención original se centraba en el siervo inútil. No hay duda de que representaba a los escribas y los fariseos por su. actitud ante la Ley y la verdad de Dios. El siervo inútil enterró su talento en la tierra para podérselo devolver a su amo intacto. Todo, el propósito de los escribas y fariseos era guardar la Ley exactamente como era. Según la frase que ellos mismos usaban, debían «construir una cerca alrededor de la Ley.» Cualquier cambio, -cualquier desarrollo, cualquier cosa nueva, era para ellos anatema: Su método implicaba la parálisis de la verdad religiosa.

Como el hombre con un talento, deseaban mantener las cosas exactamente como habían estado siempre -y era por eso por lo que estaban condenados. En esta parábola Jesús nos dice que no puede haber religión sin aventura, y que a Dios no Le sirve para nada una mente cerrada. .Pero hay mucho más que eso en esta parábola.

(i) Nos dice que Dios da a las personas diferentes dones. Uno recibió cinco talentos, otro dos, y otro uno. No es el talento de la persona lo que importa; lo que importa es cómo lo use. Dios nunca exige de nadie habilidades que no tenga; pero exige que cada persona use a tope las habilidades que posea. Todas las personas no tienen los mismos talentos; pero pueden ser iguales en el esfuerzo. La parábola nos dice que sea cual fuere el talento que tengamos, pequeño o grande, debemos ponerlo al servicio de Dios.

(ii) Nos dice que la recompensa por un trabajo bien hecho es aún más trabajo para hacer. A los dos siervos que habían cumplido bien no se les dijo que podían sentarse a descansar, sino se les dieron mayores tareas y responsabilidades más grandes In el trabajo de su amo.

(iii) Nos dice que la persona que es castigada es la que ni siquiera intentó hacer nada. El que tenía un talento no lo usó, no hizo nada con él. Si lo hubiera arriesgado y perdido, habría sido mejor que no hacer nada en absoluto. Siempre es una tentación para el que no tiene más que un talento el decir: «Tengo tan poco, y puedo hacer tan poco con ello, que no vale la pena intentarlo para lo poco que voy a sacar.» La condenación recae sobre la persona que, aunque no tenga nada más que un talento, no intente usarlo ni arriesgarlo para el bien común.

(iv) Establece una ley de la vida que es universalmente cierta. Nos dice que al que tiene se le dará más, y el que no tiene perderá hasta lo que tenga. El sentido es el siguiente. Si una persona tiene un talento y lo ejercita, se hace progresivamente más capaz de usarlo más. Pero si tiene un talento y deja de utilizarlo, inevitablemente lo perderá. Si se nos da bien un juego o un arte, si tenemos algún don para algo, cuanto más lo ejercitemos más capaces seremos de asumir mayores tareas en esa área. Mientras que, si dejamos de usarlo, lo perdemos. Eso es igualmente cierto de jugar al tenis, o tocar el piano, o cantar, o predicar, o tallar madera, o pensar ideas. Es la lección de la vida que la única manera de conservar un don es usarlo en el servicio de Dios y de nuestros semejantes.

EL BAREMO DE DIOS

Mateo 25:31-46

-Cuando venga el Hijo del Hombre con todos Sus ángeles, ocupará Su puesto en Su trono glorioso, y todas das naciones se reunirán delante de Él; y Él separará a unos de otros como separa un pastor las ovejas de las cabras, colocando las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces el Rey les dirá a los de Su mano derecha: «Venid, vosotros a quienes ha bendecido Mi Padre, entrad en posesión del Reino que se os ha preparado desde la creación del mundo! Porque cuando Yo estaba hambriento Me disteis de comer; cuando estaba sediento, Me disteis de beber; cuando era un forastero, Me recibisteis; cuando estaba desnudo, Me vestisteis; cuando estaba enfermo, vinisteis a visitarme; cuando estaba en la cárcel, vinisteis a verme.” Entonces los íntegros Le contestarán: «Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento, y Te dimos de comer; o sediento, y Te dimos de beber; o cuando Te vimos forastero, y Te recibimos en nuestras casas; o desnudo, y Te vestimos? ¿Cuándo Te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?» Y entonces el Rey les contestará: «Os digo la pura verdad: En tanto en cuanto se lo hicisteis a uno de los más pequeñitos de estos Mis hermanos, Me lo hicisteis a Mí:” Entonces les dirá a los de Su izquierda: «¡Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno que está preparado para el diablo y sus ángeles! Porque estuve hambriento, y no Me disteis de comer; sediento, y no Me disteis de beber; fui forastero, y no Me recibisteis entre vosotros; desnuda, y no Me vestisteis, enfermo y en la cárcel, y no vinisteis a visitarme.» Entonces esos también Le contestarán: «Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no Te prestamos ningún servicio?» Entonces Él les responderá: «Os digo la pura verdad: En tanto en cuanto no se lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, no Me lo hicisteis a Mí.» Y estos se retirarán al castigo eterno, y los íntegros irán a la vida eterna.

Esta es una de las parábolas más gráficas que Jesús dijo nunca, y su lección está clara como el agua: Que Dios nos juzgará de acuerdo con nuestra reacción a las necesidades humanas. Su juicio no será en función de los conocimientos que hayamos amasado, o de la fama que hayamos adquirido, o de la fortuna que hayamos ganado, sino de la ayuda que hayamos restado.

Hay ciertas cosas que esta parábola nos enseña acerca de la ayuda que debemos prestar a otros.

(i) Debe ser la ayuda en cosas sencillas. Las cosas que Jesús escoge mencionar -dar una comida a un hambriento, o algo de beber a un sediento, recibir a un forastero, animar a un enfermo, visitar a un preso son cosas que cualquiera puede hacer. No se trata de dar millones de pesetas, ni de escribir nuestros nombres en los anales de la Historia; sino de prestar una sencilla ayuda a personas que nos encontramos todos los días. No hay ninguna otra parábola que le abra el camino de la gloria de tal manera a la gente sencilla.
(ii) Debe ser una ayuda desinteresada. Los que la prestaron no lo hicieron pensando que estaban ayudando a Cristo o haciendo méritos para la eternidad; ayudaban porque no podían por menos. Era la reacción natural, instintiva, totalmente desinteresada, del corazón amante. Mientras que, por la otra parte, la actitud de los que dejaron de ayudar era: “ Si hubiéramos sabido que eras Tú, Te habríamos ayudado con mil amores; pero creímos que era simplemente una persona corriente que no valía la pena ayudar.» Sigue siendo verdad que hay algunos que ayudarían si hubieran de recibir por ello alabanzas y gracias y publicidad; pero ayudar de esa manera no es ayudar; es apilarse méritos. No es prestar por generosidad, sino por egoísmo disfrazado. La ayuda que obtiene la aprobación de Dios es la que se da nada más que para ayudar.

(iii) Jesús nos coloca cara a cara con la maravillosa verdad de que toda ayuda de esta clase que prestemos a nuestros semejantes se Le da a Él, y toda la ayuda que se niega, se Le niega a Él. ¿Cómo puede ser esto? Si de veras queremos alegrar el corazón de un padre, si de veras queremos moverle a gratitud, la mejor manera de hacerlo es ayudando a uno de sus hijos. Dios es el gran Padre; y la manera de alegrar el corazón de Dios es ayudando a Sus hijos, nuestros semejantes.

Hubo dos hombres que encontraron esta parábola benditamente cierta. Uno fue Francisco de Asís; era rico y de elevado nacimiento y clase, pero no era feliz, porque tenía el sentimiento de que la vida era incompleta. Un buen día iba dándose un paseo a caballo, y se encontró con un leproso, horrible y repulsivo por la fealdad de su enfermedad. Algo movió a Francisco a bajar del caballo y abrazar a aquel miserable doliente; y en sus brazos el rostro del leproso se transformó en el rostro de Cristo.

El otro fue Martín de Tours. Era soldado romano, y cristiano. Un frío día de invierno, cuando entraba en una ciudad, le paró un mendigo para pedirle limosna. Martín no tTenía dinero; pero el mendigo estaba azul y tiritando de frío, y Martín le dio lo que tenía. Se quitó su capa militar, usada y desgastada como estaba, la cortó en dos y le dio la mitad al mendigo.

Aquella noche tuvo un sueño. En él vio los lugares celestiales, y a todos los ángeles, y a Jesús en medio de ellos; y Jesús llevaba puesta la media capa de un soldado romano. Uno de los ángeles Le preguntó: “ Maestro, ¿por qué llevas esa capa vieja y desgastada? ¿Quién Te la ha dado?” Y Jesús le contestó suavemente: «Me la ha dado Mi siervo Martín.»

Cuando aprendemos la generosidad que ayuda sin interés a las personas en las cosas más sencillas, nosotros también experimentamos el gozo de ayudar a Jesucristo mismo.

Mateo 25:1-14

El capítulo que empieza con los versículos arriba trascritos contiene la continuación del discurso profético que nuestro Señor pronunció en el monte de las Olivas. Los acontecimientos a que hace alusión desde el principio hasta el fin son el segundo advenimiento, y el fin del mundo. Puede dividirse el capítulo en tres partes. En la primera nuestro Señor alude a su segunda venida como un acontecimiento que debe inducir al hombre a velar y a ser sincero en su religión; y hace esa alusión por medio de la parábola de las diez vírgenes. En la segunda, alude al mismo acontecimiento para exhortar a la actividad y a la fidelidad; y esto por medio de la parábola de los talentos. En la tercera, que es un pasaje que en cuanto a belleza y sublimidad no tiene igual en el Nuevo Testamento, se concluye el discurso por medio de una descripción del día del juicio.

Examinemos las verdades que en la parábola de las diez vírgenes se nos enseñan.

1. Que cuando el segundo advenimiento tenga lugar, la iglesia será una corporación mixta, en la cual habrá bien y mal.

La iglesia se compara a diez vírgenes que tomando sus lámparas salieron a recibir al esposo. Todas, pues, tenían lámparas, pero solo cinco de ellas tenían aceite para mantener viva la llama. Todas profesaban el encaminarse hacia un mismo objeto, pero solo cinco de ellas eran verdaderamente prudentes y las demás eran insensatas. En el mismo estado precisamente se encuentra la iglesia visible. Todos sus miembros han sido bautizados en el nombre de Jesucristo, pero no todos oyen su voz y le siguen. Que así es al presente, nuestros propios ojos nos lo están diciendo: que así será en el segundo advenimiento, el Señor mismo lo ha anunciado. (Quizá será bueno advertir que algunos comentadores entienden de distinto modo esta parábola; pero en nuestro concepto, las diez vírgenes significan las dos grandes clases en que naturalmente se divide la iglesia visible: los verdaderos cristianos y los falsos, los creyentes sinceros y los hipócritas y la zizaña.) 2. Que la segunda venida de Cristo cogerá a los hombres de sorpresa. Se nos dice en la parábola que a media noche, cuando las vírgenes dormían, se oyó un grito: “ He aquí, el esposo viene, salid a recibirle.”Lo mismo acontecerá cuando Jesús descienda de nuevo al mundo. La mayor parte de la humanidad estará desprevenida y sumida en la incredulidad, y muchos de los creyentes se habrán entregado a la indiferencia y el abandono. Los negocios seguirán su curso ordinario, como se observa en nuestros días; la política, el comercio, la agricultura, las diversiones ocuparán la atención de los hombres; los ricos continuarán en la opulencia y los pobres seguirán quejándose; las iglesias estarán divididas por asuntos baladíes y las controversias teológicas no habrán calmado su furor; los ministros continuarán exhortando al arrepentimiento, y las congregaciones vacilarán como antes. En medio de toda esa agitación aparecerá el Hijo del Eterno. En la hora menos pensada, se mandará al mundo en su asombro que abandone todos sus quehaceres y recreaciones y se presente ante su rey. Hay en esto algo muy terrible; mas así está escrito. Con razón dijo un ministro poco antes de expirar: “Todos nosotros estamos apenas medio despiertos..

3. Que en el segundo advenimiento muchos hombres reconocerán la importancia de la verdadera religión cuando ya fuere demasiado tarde para ello.

Cuando el esposo se presentó las vírgenes insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.” Mas como las prudentes no tuviesen aceite de sobra, las insensatas tuvieron que ir a comprar para sí. Cuando regresaron la puerta estaba cerrada, y aunque rogaron que se lea abriera, sus súplicas fueron vanas. “Señor, señor,” exclamaron, “ ábrenos..

Es bien seguro que algún día habrá un cambio de pareceres en cuanto a la importancia de la decisión y firmeza en la cuestión religiosa. Que el pecado es execrable, que todos los hombres necesitan de un Salvador: he aquí algunas de las verdades que se presentarán entonces ante la mente del hombre con la rapidez y esplendor del relámpago. Mas, ¡ay, eso tendrá lugar demasiado tarde! Los errores que no se descubrieren sino hasta entonces son irremediables.
4. Que en el segundo advenimiento tos verdaderos cristianos serán abundantemente recompensados por todo lo que hubieran sufrido por amor de, su Maestro.

Cuando el esposo se presentó, las vírgenes que estaban apercibidas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.

Solo los verdaderos cristianos estarán listos en el segundo advenimiento. Purificados con la sangre expiatoria, revestidos de la justicia de Cristo y renovados por el Espíritu, saldrán llenos de valor a encontrar al Señor, y se sentarán a las bodas del Cordero.

Estarán con su Señor, con aquel Ser que los amó tanto que dio su vida por ellos ; con el Ser que sobrellevó sus debilidades y los guió durante su peregrinación en la tierra; con el Salvador a quien amaron de corazón y obedecieron con fidelidad, si bien de una manera imperfecta, y a costa de muchas lágrimas.

La puerta será cerrada, cerrada para el dolor y la tristeza, cerrada para un mundo impío y cruel, cerrada para un adversario tentador, cerrada para no ser abierta jamás. ¡Qué perspectiva tan gloriosa!

Mateo 25:14-31

La parábola de los talentos es muy análoga a la de las diez vírgenes, por cuanto se refiere también al segundo advenimiento e incluye las mismas personas que esta; es a saber, los miembros de la iglesia visible. Los siervos y las vírgenes simbolizan la misma gente; pero la misma gente considerada de diferentes puntos de vista, y bajo distintos aspectos. Más en lo que más se diferencian es en la lección que cada una de ellas enseña. La vigilancia es la de la segunda: la diligencia es la de la primera. Con la historia de las vírgenes se exhorta a la iglesia a velar: con la de los talentos a ponerse en actividad.

Examinemos los hechos que de este pasaje se desprenden.

1. Que todo cristiano ha recibido algún don de Dios. Todos somos siervos suyos, y poseemos talentos que nos ha confiado.

El vocablo “talento “ es uno de aquellos que han sido desviados de su significado originario. Por lo común solo se llaman personas de “talento” a las que poseen extraordinarias dotes. En el sentido que nuestro Señor empleo dicho vocablo todas las personas que han sido bautizadas, sin distinción alguna, pueden ser llamadas de “talento,” puesto que a todas ha concedido Dios talentos.

En el sentido genuino se denomina talento cualquier cosa de que nos servimos para glorificar a Dios: nuestras dotes naturales, nuestro influjo, nuestro dinero, nuestros conocimientos, nuestra salud, nuestro vigor, nuestro tiempo, nuestros sentidos, nuestra memoria, nuestros afectos, nuestras prerrogativas como miembros de la iglesia de Jesucristo, la ventaja de que disfrutamos en poseer la Biblia. Todo lo que tenemos procede de Dios. Nosotros no somos sino mayordomos del Autor de todo lo criado.

2. Que muchos abusan de los privilegios y mercedes que de Dios reciben. Uno de los siervos de la parábola cavó en la tierra y ocultó el dinero de su señor. Tal hombre representa una parte muy numerosa de los de su raza.

Ocultamos nuestro talento siempre que se nos presenta una oportunidad de glorificar a Dios, y no nos valemos de ella. El que desprecia la Biblia, el que descuida la oración, el que quebranta el domingo; el incrédulo, el sensual, el que solo se ocupa de cosas terrenas; el frívolo, el calavera, el amante de placeres; el avaro, el que se entrega a sus apetitos: todos estos esconden en el suelo el dinero de nuestro Señor, por cuanto no se aprovechan de la luz que se les ha- concedido, y no son tan buenos como podían ser.

3. Que Dios llamará a cuentas algún día a todos los que hubieren profesado el Cristianismo. Se nos dice en la parábola que, “después de mucho tiempo vino el Señor de aquellos siervos e hizo cuentas con ellos..

Después de la muerte se nos juzgará según nuestras obras, y ese juicio será infalible, severo e inevitable.

Ya seamos nobles o plebeyos, ricos o pobres, ilustrados o ignorantes, todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios para recibir una sentencia de resultados eternos. No habrá evasión alguna: la simulación será imposible. Todos seremos trasladados a la presencia de Dios.

4. Que los verdaderos cristianos recibirán abundantes galardones en el día del juicio final. Los siervos que hicieron buen uso del dinero fueron encomiados como buenos y fieles, e invitados a entrar en el gozo de su señor.

Todo cristiano es flaca criatura, y necesita diariamente de la sangre expiatoria del Cordero. Mas aun el más ínfimo de los creyentes pertenece al número de los siervos de Cristo, y sus esfuerzos por servir a Dios no son en vano. Toda hora que gaste en el servicio del Redentor y toda palabra que pronuncie a favor de su causa será registrada en el libro de los recuerdos.
5. Que todos los miembros de la iglesia de Cristo que no dieren fruto serán condenados y arrojados para siempre de la presencia del Señor. El siervo que enterró el dinero de su señor fue condenado como “malo,” “negligente” e inútil, y fue arrojado a las tinieblas exteriores. Después de decir esto nuestro Señor agregó estas palabras solemnes: “ Allí será el lloro y el crujir de dientes..

No habrá en el último día excusa alguna para los que no se hubieren convertido verdaderamente. Millares de personas viven hoy día sin fe y sin arrepentimiento, y se disculpan diciendo que no les es dado vivir de otro modo. Su conciencia, sin embargo, les dice que son culpables. Es que están enterrando su talento, y no hacen todo lo que pudieran hacer.

Al terminar el examen de esta parábola hagamos la firme resolución de que, mediante el auxilio de la gracia divina, jamás nos contentaremos con una mera profesión del Cristianismo. No debemos solo hablar acerca de religión sino también practicar lo que decimos. El siervo inútil no era ni asesino, ni ladrón, ni siquiera despilfarró el dinero de su señor; mas no hizo nada, y esa fue la causa de su condenación.

Mateo 25:31-46

Este pasaje contiene una descripción que nuestro Señor hizo del juicio final.

Notemos primero quién será el Juez. Lo será el Hijo del hombre, o sea Jesús mismo. Que los creyentes piensen en esto y se consuelen. Aquel que se sentará en el trono en el día grande y terrible será su Salvador, su Pastor, su Sumo Sacerdote, su Hermano, su Protector. Cuando lo vean no tendrán por qué alarmarse.

Que los impenitentes piensen en esto y teman. Su Juez será aquel mismo Jesucristo cuyo Evangelio desprecian ahora y cuyas exhortaciones rehúsan oír. ¡Cuan grande no será al fin su turbación si continúan en la incredulidad y mueren sin arrepentirse! Notemos, en segundo lugar, quiénes serán juzgados. Se nos dice que ante Jesucristo se congregarán todas las naciones.

Todos tendrán que obedecer el llamamiento del Rey y presentarse a recibir la sentencia. Los que no quisieron adorar a Jesucristo en la tierra tendrán que comparecer ante su tribunal cuando venga a juzgar al mundo.

Todos los que fueren juzgados serán divididos en dos grandes clases. No habrá ya distinciones entre reyes y súbditos, entre amos y criados, entre católicos romanos y protestantes. La conversión o la impenitencia, la fe o la carencia de ella serán los únicos distintivos en el último día. Los que hubieren confiado en Jesucristo serán colocados con las ovejas, a su diestra; los que no hubieren confiado en El serán colocados con los cabritos, a su siniestra.

Notemos, en tercer lugar, qué procedimiento se seguirá en el juicio final. Los pormenores que incluye la descripción son varios.

Se procederá con arreglo a las pruebas del caso. Las obras, y sobre todo las de caridad, serán los testigos. Lo que se indagará no será meramente lo que hubiéremos dicho, sino lo que hubiéremos hecho; no solamente lo que hubiéremos profesado, sino lo que hubiéremos practicado. Es cierto que nuestras obras no pueden justificarnos, puesto que somos justificados por la fe sin las obras de la ley. Mas nuestra conducta será la prueba de la sinceridad de nuestra fe. “La fe si no tuviere obras es muerta por sí misma.” Jam_2:11.

El juicio final será motivo de gozo para los verdaderos creyentes. a sus oídos llegarán estas dulces palabras: “ Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino.”Ellos serán reconocidos por su Maestro ante el Padre y ante los santos ángeles.

Ese mismo acontecimiento será motivo de turbación para los impenitentes. a sus oídos llegarán esas terribles palabras: “Idos de mí, malditos, al fuego eterno.” Serán desechados por el Jefe de la iglesia ante el mundo congregado. Como sembraron en la carne, de la carne segarán corrupción.

En el juicio final se revelarán de una manera muy prominente los caracteres de los justos, y los de los condenados. Los de la derecha estarán aún revestidos de humildad, y se maravillarán de que se mencionen y se encomien sus obras. Los de la izquierda permanecerán en la ceguedad y vanagloria espirituales. No tendrán conciencia de haber rechazado a Jesucristo. “Señor,” dirán ellos, “¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, etc., y no te servimos?.

Notemos, por último, cuáles serán los resultados ulteriores del día del juicio. Se nos ha revelado esto en palabras que no debiéramos olvidar jamás: “ E irán estos (los malos) al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna..

El estado de los hombres después del juicio es inmutable y eterno. Ni los sufrimientos de los condenados ni la bienaventuranza de los justos tendrán fin. Esta verdad ha sido claramente revelada en la sagrada Escritura. La eternidad de Dios, del cielo y del infierno descansa sobre la misma base. Tan cierto es que habrá en el cielo un día sin término, y en el infierno una noche de infinita duración, como que Dios es eterno.

¿Quién podrá describir la felicidad de la vida eterna? El hombre no alcanza a concebirla. Solo se puede medirla por medio del contraste y de la comparación.
Un descanso eterno después de combates y conflictos; la sociedad eterna de los santos después de pugnar con un mundo perverso: un cuerpo glorioso y sin dolor después de luchar con enfermedades y flaquezas; la contemplación del rostro de Jesús después de haber vivido por la fe: todo esto es dicha, en verdad.

¿Quién podrá describir los horrores de las penas eternas? Son indescriptibles, porque son inconcebibles. El padecer sin tregua del cuerpo; el aguijón constante de una conciencia culpable; la sociedad eterna de los malos, del demonio y sus ángeles; el recuerdo indeleble de haber hecho escarnio del Salvador y de no haber aprovechado muchas oportunidades; la expectativa interminable de penas sin interrupción, de porvenir sin esperanza.

Al terminar el capítulo hagámonos esta seria pregunta: “¿En qué lado es probable que estemos en el día postrero–en el derecho o en el izquierdo?.

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