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Génesis 26: Isaac en Gerar

Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar.

Isaac tuvo una experiencia en Gerar muy parecida a la que su padre Abraham había tenido antes.

Los filisteos eran una tribu que se convertiría en uno de los enemigos más temibles de Israel. Los filisteos eran originalmente un grupo de inmigrantes provenientes del Mar Egeo que se habían establecido en Palestina. Arribaron por la vía de Creta y Chipre y los gobernantes cananeos los utilizaban como mercenarios. Esta gente, que vivía en la costa sudoeste, eran pocos pero muy feroces en batalla. Aun cuando fueron amigables con Isaac, aquel pequeño grupo fue el precursor de la nación que azotaría a Israel en los tiempos de Josué, de los Jueces y del rey David. Este rey Abimelec no era el mismo que Abraham encontró. Abimelec pudo haber sido el nombre de una dinastía de reyes filisteos.

Gén 26:2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré.

Gén 26:3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre.

Juramentar, dar la palabra, comprometerse mediante un juramento. Evidentemente, el origen de este verbo es el sustantivo sheba  que significa «siete». El jurar (sheba  equivale a «comprometerse totalmente» a cumplir un juramento; es decir, repetir siete veces algún detalle del juramento. Quizás esta es la razón por la cual Abraham dio siete corderos a Abimelec cuando lograron un acuerdo (21.28-31). Los siete corderos eran testigos de que Abraham había cavado un pozo y de que él y Abimelec juraron aceptar el hecho de que el pozo era de Abraham. El lugar se llamaba Beerseba, que en ocasiones se traduce como «Pozo del juramento», pero también puede ser traducido como «Pozo de los siete». En 26.3 Dios, mediante un juramento irrevocable, le asegura a Isaac que tendrá incontables descendientes, que estos heredarán la tierra prometida y que su simiente bendecirá al mundo entero.

Gén 26:4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente,

Gén 26:5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.

Dios reiteró a Isaac el pacto abrahámico.

Gén 26:6 Habitó, pues, Isaac en Gerar.

Gén 26:7 Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana;(B) porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.

Gén 26:8 Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer.

Isaac mezcló el temor y la fe, una combinación imposible. Muchos días sirve para mostrar lo equivocado de su temor.

Gén 26:9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella.

Gén 26:10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado.

Gén 26:11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.

Isaac tenía miedo de que los hombres de Gerar pudieran matarlo para quedarse con su hermosa esposa Rebeca. Así que mintió diciendo que Rebeca era su hermana. ¿Dónde aprendió ese truco? Evidentemente, Isaac conocía como había actuado su padre, Abraham. Los padres ayudan a forjar el futuro del mundo por la forma en que moldean el estilo de vida y los valores de sus hijos. El primer paso para ayudar a los niños a que vivan una vida correcta es tener unos padres que prediquen con el ejemplo. Sus acciones a menudo las imitan los que están más cerca de usted. ¿Qué clase de ejemplo está dando usted a sus hijos?

Gén 26:12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.

Sembró Isaac . . . y cosechó : Esto demuestra la fidelidad de Dios, en respuesta a que Isaac obedeció no partiendo hacia Egipto

Gén 26:13 El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.

Gén 26:14 Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia.

Gén 26:15 Y todos los pozos que habían abierto los criados de Abraham su padre en sus días, los filisteos los habían cegado y llenado de tierra.

Gén 26:16 Entonces dijo Abimelec a Isaac: Apártate de nosotros, porque mucho más poderoso que nosotros te has hecho.

Dios cumplió su promesa de bendecir a Isaac. Los vecinos filisteos comenzaron a sentir envidia, ya que todo lo que Isaac hacía parecía prosperar. Así que taparon sus pozos y trataron de deshacerse de él. La envidia es una fuerza divisiva que puede despedazar naciones poderosas o a nuestro mejor amigo. Cuando sienta envidia de alguien, trate de agradecerle a Dios la buena fortuna que tienen. Antes de prorrumpir en ira, considere lo que puede perder: ¿un amigo, un trabajo, un cónyuge?

Gén 26:17 E Isaac se fue de allí, y acampó en el valle de Gerar, y habitó allí.

Gén 26:18 Y volvió a abrir Isaac los pozos de agua que habían abierto en los días de Abraham su padre, y que los filisteos habían cegado después de la muerte de Abraham; y los llamó por los nombres que su padre los había llamado.

La región de Gerar era un lugar desolado a orillas del desierto. El agua era tan valiosa como el oro. Si alguien cavaba un pozo, era como si estuviera posesionándose de la tierra. Algunos pozos tenían cerraduras para evitar que los ladrones robaran el agua. Tapar el pozo de alguien era declararle la guerra; era uno de los delitos más graves en la región. Isaac tenía todo el derecho de declarar la guerra cuando los filisteos arruinaron sus pozos. Aun así, decidió no pelear. Al final, se ganó el respeto de los filisteos por su paciencia y sus esfuerzos de paz.

Gén 26:19 Pero cuando los siervos de Isaac cavaron en el valle, y hallaron allí un pozo de aguas vivas,

Gén 26:20 los pastores de Gerar riñeron con los pastores de Isaac, diciendo: El agua es nuestra. Por eso llamó el nombre del pozo Esek,[a] porque habían altercado con él.

Gén 26:21 Y abrieron otro pozo, y también riñeron sobre él; y llamó su nombre Sitna.[b]

Gén 26:22 Y se apartó de allí, y abrió otro pozo, y no riñeron sobre él; y llamó su nombre Rehobot,[c] y dijo: Porque ahora Jehová nos ha prosperado, y fructificaremos en la tierra.

La prosperidad de Isaac enfureció a sus enemigos y le trajo el rechazo de sus aliados (v. 16). Isaac respondió trabajando diligentemente para preservar su herencia.

En tres ocasiones Isaac y sus hombres cavaron nuevos pozos. Cuando surgieron las primeras dos disputas, Isaac se mudó. Finalmente hubo suficiente territorio para todos. En vez de comenzar un gran conflicto, Isaac optó por la paz. ¿Estaría usted dispuesto a renunciar a un puesto importante o a una pertenencia valiosa para mantener la paz? Pida a Dios sabiduría para saber cuándo debe retirarse y cuándo debe levantarse y pelear.

Gén 26:23 Y de allí subió a Beerseba.

Gén 26:24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.

Gén 26:25 Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.

Gén 26:26 Y Abimelec(C) vino a él desde Gerar, y Ahuzat, amigo suyo, y Ficol, capitán de su ejército.

Gén 26:27 Y les dijo Isaac: ¿Por qué venís a mí, pues que me habéis aborrecido, y me echasteis de entre vosotros?

Gén 26:28 Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto contigo,

Cuando una de las partes en un pacto moría, el pacto era automáticamente derogado y tenía que ser renovado.

Gén 26:29 que no nos hagas mal, como nosotros no te hemos tocado, y como solamente te hemos hecho bien, y te enviamos en paz; tú eres ahora bendito de Jehová.

Gén 26:30 Entonces él les hizo banquete, y comieron y bebieron.

Celebrar un banquete era una de las formas de ratificar un pacto.

Gén 26:31 Y se levantaron de madrugada, y juraron el uno al otro; e Isaac los despidió, y ellos se despidieron de él en paz.

Gén 26:32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.

Gén 26:33 Y lo llamó Seba; por esta causa el nombre de aquella ciudad es Beerseba hasta este día.

He aquí la recompensa otorgada a Isaac por su tenacidad y el duro trabajo que ha realizado. El pacto es una réplica del que hizo Abraham tiempo antes. Abimelec era el nombre oficial de una serie de gobernantes, como Faraón en el caso de Egipto.

Gén 26:34 Y cuando Esaú era de cuarenta años, tomó por mujer a Judit hija de Beeri heteo, y a Basemat hija de Elón heteo;

Gén 26:35 y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca.

El matrimonio de Esaú con una mujer extranjera contribuyó a alejarlo de su familia.

Esaú se casó con mujeres paganas. Esto molestó a sus padres en gran manera. La mayoría de los padres pueden ser un depósito de buenos consejos. Puede que usted no esté de acuerdo con todo lo que digan sus padres, pero al menos hable con ellos y escúchelos cuidadosamente. Esto evitará los sentimientos de rencor que experimentó Esaú.

Cuando sus enemigos quisieron la paz, Isaac respondió rápidamente y convirtió la ocasión en una gran celebración. Tenemos que ser igual de receptivos con quienes quieran hacer las paces con nosotros. Cuando la santidad que hay en nuestras vidas comience a atraer a la gente, aun a los enemigos, debemos aprovechar la oportunidad para alcanzarlos con el amor de Dios.

El pacto de dios y las pruebas de isaac

El desarrollo de la vida del patriarca Isaac es muy pacífico. Sin embargo, en dos ocasiones enfrenta pruebas bastantes importantes que le obligan a tomar decisiones al respecto. Algunas son equivocadas, otras son respuestas de confianza y obediencia a Dios.

(1) Dios confirma su pacto a Isaac, 26:1-5. A pesar de que Isaac ya había recibido la bendición de Dios después de la muerte de Abraham, todavía no tuvo una confirmación personal del pacto. Esta confirmación llega en un momento bastante crítico en la vida de Isaac ya que por el hambre éste estaba a punto de abandonar la tierra de Canaán. La confirmación se desarrolla en el contexto de un hambre en la tierra que obliga a Isaac a salir de Beerseba y buscar un lugar más propicio. Su primer intento es establecerse alrededor de Gerar, pero por temor a la hostilidad de Abimelec y los filisteos  y por la escasez generalizada, decide ir a Egipto. La situación actual y la experiencia familiar (Abraham fue a Egipto) indicaban que ese era el paso correcto.

Posiblemente en respuesta a la oración de Isaac, Dios se le aparece y le indica claramente lo siguiente: Primero, Isaac no debe descender a Egipto, sino permanecer en Gerar, aun con la presencia de los filisteos y en medio de la escasez. La ida a Egipto ponía en peligro el derecho de reclamo de la tierra y más aún con la presencia de los filisteos que también se estaban posesionando paulatinamente de la tierra y quienes más tarde, en la época de la conquista, masivamente intentan posesionarse de Canaán. El hambre, por otro lado, hacía peligrar la sobrevivencia de la familia. Segundo, Dios le promete su presencia y su bendición en contraste con la escasez y el peligro de hostilidad. Más adelante esa presencia se manifiesta en protección y la bendición en abundancia de bienes materiales. Tercero, la razón de permanecer en Canaán es porque Dios decide confirmar el pacto a Isaac. Las bases de la transición del pacto a Isaac son el juramento de Dios a Abraham y la obediencia y fidelidad de éste a toda la revelación de Dios. Las promesas de posesión de tierra, descendencia incontable y el ser instrumento de bendición a todas las naciones son transferidas a la descendencia de Isaac. Este obedece a la indicación de Dios y permanece en Gerar, confiado en las promesas inmediatas de Dios y en el cumplimiento del propósito último de Dios para él y su descendencia.

Los hijos aprenden de los padres Los hijos aprenden de sus padres. Desafortunadamente los hijos no son selectivos acerca de lo que deben aprender, pues no aprenden las cosas buenas y olvidan las malas. El pasaje demuestra lo que Isaac aprendió de su padre, Abraham. Sin duda que Isaac había escuchado de las ocasiones cuando sus padres habían mentido para protegerse a sí mismos. Es impresionante cómo el modelo del pecado de los padres frecuentemente se repite en nuestra vida. Muy a menudo las debilidades de nuestra familia se repiten generación tras generación. Isaac bien pudo actuar sabiamente y decirle a Abimelec la verdad y a su vez confiar en que Dios lo protegería. La confianza en Dios es una de nuestras mejores armas para pelear contra los modelos negativos que hemos recibido de nuestros mayores.

Isaac teme a Abimelec.

Al residir Isaac en Gerar surge el temor de ser muerto por los filisteos a causa de la hermosura de Rebeca a quien con seguridad el rey y los hombres codiciarían como candidata a su harén. Gerar era una de las ciudades de los filisteos. Estaba localizada en el extremo noroeste del Néguev, cerca de Gaza y a pocos km. del Mediterráneo. La integridad y sobrevivencia de la familia patriarcal queda expuesta así al peligro de aniquilación. Ante este temor, Isaac declara que Rebeca es su hermana, un plan de sobrevivencia usado anteriormente por Abraham en dos ocasiones; 20:1-18). Pero con el correr del tiempo, el rey mismo descubre que realmente Rebeca es la esposa de Isaac y lo confronta enérgicamente. La simulación de Isaac pudo haber sido ocasión de culpabilidad para los filisteos. Isaac explica el motivo de su actuación y Abimelec ordena, bajo pena de muerte, que nadie moleste a Isaac o a su esposa.

Este episodio es similar a la experiencia de Abraham con Abimelec antes del nacimiento de Isaac. Es decir, tuvieron que pasar más de 60 años entre un incidente y el otro. Más adelante se repite una alianza entre Abimelec e Isaac. Muchos dudan que sea el mismo rey del tiempo de Abraham. Pero el testimonio bíblico parece indicar que es el mismo rey por las siguientes razones: Primero, ante la declaración primera de Isaac, Abimelec actúa con mucha prudencia. No se precipita en tomar a Rebeca y llevarla a su harén. Segundo, una vez conocida la verdad, Abimelec con toda energía y autoridad ordena que nadie moleste a Isaac o a Rebeca. Esto lo hace basado en la experiencia anterior con Abraham, recordando las consecuencias y reconociendo la relación especial de Abraham con Dios. Tercero, la acción de Abimelec es consecuente con el pacto que él mismo hiciera anteriormente con Abraham en el cual estaba incluida la descendencia de ambos. Cuarto, más adelante se menciona a Ficol, quien también había acompañado a Abimelec en su alianza con Abraham. La edad normal de los hombres de ese tiempo indica que Abimelec bien pudo reinar por aproximadamente 100 años o más, tiempo suficiente en cubrir los dos episodios con Abraham e Isaac.

Aunque Dios no interviene directamente en este episodio, es su presencia la que sirve a Isaac de protección y permite que la familia patriarcal mantenga su integridad y sobrevivencia.

No temas Aquella noche se le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Isaac tenía muchas buenas razones para sentir temor. Estaba rodeado de vecinos hostiles que deseaban robarle todo, incluyendo los pozos que abría. Además no tenía un lugar al cual ir y decir: «me voy a casa»; todo lo que tenía era aquel cementerio que su padre había comprado y donde había sepultado a sus padres. Vivía como huésped en Gerar. Fue en esas circunstancias que Dios le dice: No temas, porque yo estoy contigo. Puede ser que muchas veces nos sintamos igual que Isaac de que no pertenecemos a ningún lugar ni a ninguna familia importante. Puede ser que ni siquiera conozcamos el lugar que ocupamos en la sociedad, es más puede ser que veamos a nuestros vecinos como enemigos. Pero aún cuando las cosas están de mal en peor, necesitamos hacer nuestras las palabras del Señor: No temas, porque yo estoy contigo.

Dios prospera a Isaac.

Además de la hostilidad, se debía sobreponer el problema del hambre. Confiado en la promesa de bendición de Dios, Isaac toma los siguientes pasos para asegurar su sobrevivencia en el lugar de residencia. Primero, decide sembrar la tierra. La prudencia indicaba que ninguna siembra sería factible, dado la sequía que asolaba el lugar. Pero Isaac siembra. Esto indica su confianza en las promesas de Dios. Además, indica que el estilo de vida de Isaac era más sedentario y con conocimiento avanzado de agricultura, algo no visto en su padre. Aparentemente lo sembrado era para alimento de la familia y del ganado que poseían. Segundo, a falta de lluvia para regadío, Isaac busca el recurso de aguas subterráneas. Aquí él usa la experiencia adquirida en vida con su padre. Rehabilita todas las fuentes de agua que Abraham había abierto y que los filisteos habían cegado, posiblemente para ahuyentar a pobladores que se querían asentar en esos lugares. Es interesante que Isaac denomina a esos pozos con el mismo nombre que su padre les había puesto. Este incidente ilustra la vida de bendición de los patriarcas. Además de construir altares para fortalecer su relación con Dios y proclamar las verdades espirituales, ellos construían también obras que beneficiaban social y económicamente a la comunidad. Sus logros espirituales y sus obras sociales hacían a la tierra más habitable. Pero Isaac no se conforma con sólo rehabilitar los pozos antiguos. Se empeña también por encontrar nuevos pozos para suplir la creciente necesidad poblacional.

Rejobot, Jehová nos ha hecho ensanchar

Por haber tenido que alejarse de Abimelec, Isaac tuvo necesidad de abrir pozos en busca de agua para las personas y los rebaños. Inmediatamente que abría uno y había agua los pastores de la región venían para tomarlo. El primero fue llamado riña; el segundo fue llamado contención. En cada caso Isaac evitó la pelea y se alejaba hacia el valle y abría otro pozo. Una linda lección para los creyentes, en aras de la paz muchas veces tenemos que ceder nuestros derechos. Isaac abrió otro pozo que tenía abundante agua. Este fue denominado pozo del juramento en memoria de la ratificación del pacto que Dios le hizo la noche anterior a Isaac y el juramento de paz hecho con Abimelec. Dios prospera a sus hijos cuando ellos son «hacedores de paz».

El resultado de la diligencia y dedicación de Isaac es la prosperidad. Dios derrama su bendición sobre el empeño y el esfuerzo del hombre. Aquí vemos que la bendición de Dios está relacionada estrechamente con el trabajo y el empeño del hombre. Vemos además que la prosperidad material y las riquezas son también bendiciones de Dios. La prosperidad de Isaac crea envidia en los filisteos quienes manifiestan su hostilidad abiertamente. Primero, piden a Isaac que se aleje de ellos. Así lo hace Isaac en procura de una vida de convivencia pacífica. Segundo, los filisteos reclaman como suyos los nuevos pozos que Isaac descubre. Isaac los concede, manteniendo una actitud pacífica y sigue buscando más pozos hasta que llega el momento en que la contención se acaba. Los nombres que da Isaac a los pozos reflejan las condiciones bajo las cuales son abiertos y la seguridad de protección y cuidado de Dios. Nuevamente vemos en este patriarca su empeño, su conocimiento y su confianza en Dios para sobrevivir en la tierra. Además, se destaca su actitud pacífica y generosa para mantener una convivencia pacífica con los pobladores locales.

Isaac hace alianza con Abimelec.

A pesar de sus esfuerzos de convivencia pacífica, la hostilidad de los filisteos no cesa e Isaac tiene que alejarse de Gerar y volver a la zona de Beerseba, la zona oriental del Néguev. Ante su temor de sobrevivencia, tres acontecimientos significativos le dan la tranquilidad y la paz necesarias. Primero, Dios se le aparece asegurándole su presencia y protección constantes, su bendición y su fidelidad permanente. Aquí vemos nuevamente la dirección y orientación constante de Dios a los patriarcas, especialmente en tiempos de crisis. Aunque la Biblia no lo menciona específicamente, las manifestaciones de Dios eran respuestas a la oración y el clamor de los patriarcas. La edificación de altares indica esa actitud permanente de clamor a Dios y el reconocimiento constante de la necesidad de dirección divina. Segundo, Abimelec acude a Isaac en busca de una alianza de paz. Al igual que con Abraham, Abimelec reconoce la relación especial de Isaac con Dios y pide una alianza solemnizada con los rituales y juramentos correspondientes. La alianza se concreta y Abimelec y su comitiva regresan a su tierra. Vemos que la convivencia pacífica es resultado de la intervención de Dios y del empeño del patriarca en mantenerse en paz con todos. Tercero, los siervos de Isaac encuentran un pozo lo cual asegura la posibilidad de sobrevivencia en aquel lugar. Consistente con su práctica anterior, Isaac nombra al pozo con el mismo nombre dado por su padre Abraham anteriormente y en referencia también al juramento de paz que él logra con Abimelec.

La sobrevivencia en la tierra está garantizada ahora por la posibilidad de alimento y por la alianza de paz con los pobladores locales. Asimismo, se confirman a Isaac la presencia y la promesa de Dios. Todo indica que la continuación del pacto está asegurada.

La continuación del pacto y sus conflictos

Todo lo anterior hace pensar que las condiciones de cumplimiento del pacto serían fáciles. Pero tal vez en esta sección es donde surgen los conflictos más peligrosos, en el lado humano, para la continuación del pacto.

Esaú emparienta con los cananeos.

El primer conflicto que surge en la continuación del pacto en esta familia patriarcal es el casamiento de Esaú con mujeres heteas, es decir, de la población de Canaán. Este emparentamiento hace peligrar la identidad propia de la descendencia patriarcal por el peligro de asimilación con la población local. Además, aun en caso de que no se concrete ninguna asimilación, sería difícil la tarea de destrucción de un pueblo por otro dado el emparentamiento. Obviamente el casamiento no fue del agrado de Isaac y Rebeca por dos razones: Una, al mencionarse la edad de Esaú se indica que éste actúa por su propia cuenta sin el consentimiento ni arreglo propio de sus padres. Por la experiencia anterior de Isaac en obtener esposa y por su consejo posterior a Jacob, ambos casamientos de Esaú estaban en contra de la voluntad y propósito patriarcales. Además, se hace patente que las relaciones con las nueras eran muy tensas y conflictivas. Las diferencias culturales y religiosas hacen imposible un matrimonio estable y de propósito común si ambas partes se determinan a mantener su propia identidad y lealtad cultural y religiosa. Y esta es la situación de Esaú y sus esposas hititas. Se presentan otros casos de matrimonios “mixtos”, pero donde la “extranjera” adopta por completo la lealtad religiosa y cultural del hebreo (Judá con Tamar, José con Asenat). Sin embargo, estos casamientos mixtos son por circunstancias especiales y permanecen como las excepciones a la norma patriarcal.

La bendición Y yo te bendiga antes que muera. La bendición era el instrumento legal por el cual se transmitían tres elementos del padre al hijo:

(1) El liderazgo,

(2) la herencia o patrimonio familiar y

(3) el patrimonio cultural y espiritual.

Esau

El sentido común no es muy común. Es más, lo común de muchas decisiones es que no tienen sentido. La vida de Esaú estuvo llena de decisiones de las cuales debió haberse arrepentido amargamente. Parece haber sido una persona a la que le resultaba difícil considerar las consecuencias. Reaccionaba a la necesidad del momento sin percatarse de lo que estaba arriesgando para satisfacer esa necesidad. Cambiar su primogenitura por un guiso de lentejas fue la demostración más clara de esta debilidad. Además eligió esposas en oposición directa a los deseos de sus padres. Aprendió a la mala.

¿Qué estaría usted dispuesto a entregar por las cosas que ambiciona? ¿Se ve a veces tentado a dar cualquier cosa por lo que cree necesitar en ese preciso momento? ¿Se ven incluidas su familia, su esposa, su integridad o su alma en este tipo de tratos? ¿Siente usted a veces que los momentos importantes de la vida se le han escapado mientras está aferrado a otra cosa?

Si es así, su reacción inicial, como la de Esaú, puede ser de profunda ira. Esto no es malo en sí, siempre y cuando usted dirija la energía de esa ira hacia una solución y no hacia usted mismo ni hacia los demás como causantes del problema. Su necesidad más grande es encontrar otro centro de interés que no sea «lo que necesito ahora». El único centro de interés que vale la pena es Dios. Una relación con El no sólo le dará un propósito definido a su vida, sino que además será una guía diaria para vivir. Encuentre a Dios en las páginas de la Biblia.

Esaú fue antepasado de los edomitas, conocido como buen arquero, capaz de perdonar después de explotar en ira pero al igual que todos tenía sus debilidades y errores: Cuando se enfrentaba a decisiones importantes, tendía a decidir de acuerdo con sus necesidades inmediatas y no tomando en cuenta los efectos a largo plazo; Airó a sus padres por sus malas elecciones matrimoniales.

De su vida aprendemos que Dios permite que sucedan ciertos hechos en nuestra vida para lograr sus propósitos generales, pero seguimos siendo responsables de nuestras acciones; Es importante considerar las consecuencias; Es posible airarse profundamente y no pecar

Lo vemos en Canaán. De ocupación diestro cazador, hijo de Isaac y Rebeca. Hermano de Jacob. Esposo de Judit, Mahalat y Basemat

«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas»

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