Isaac teme a Abimelec.
Al residir Isaac en Gerar surge el temor de ser muerto por los filisteos a causa de la hermosura de Rebeca a quien con seguridad el rey y los hombres codiciarían como candidata a su harén. Gerar era una de las ciudades de los filisteos. Estaba localizada en el extremo noroeste del Néguev, cerca de Gaza y a pocos km. del Mediterráneo. La integridad y sobrevivencia de la familia patriarcal queda expuesta así al peligro de aniquilación. Ante este temor, Isaac declara que Rebeca es su hermana, un plan de sobrevivencia usado anteriormente por Abraham en dos ocasiones; 20:1-18). Pero con el correr del tiempo, el rey mismo descubre que realmente Rebeca es la esposa de Isaac y lo confronta enérgicamente. La simulación de Isaac pudo haber sido ocasión de culpabilidad para los filisteos. Isaac explica el motivo de su actuación y Abimelec ordena, bajo pena de muerte, que nadie moleste a Isaac o a su esposa.
Este episodio es similar a la experiencia de Abraham con Abimelec antes del nacimiento de Isaac. Es decir, tuvieron que pasar más de 60 años entre un incidente y el otro. Más adelante se repite una alianza entre Abimelec e Isaac. Muchos dudan que sea el mismo rey del tiempo de Abraham. Pero el testimonio bíblico parece indicar que es el mismo rey por las siguientes razones: Primero, ante la declaración primera de Isaac, Abimelec actúa con mucha prudencia. No se precipita en tomar a Rebeca y llevarla a su harén. Segundo, una vez conocida la verdad, Abimelec con toda energía y autoridad ordena que nadie moleste a Isaac o a Rebeca. Esto lo hace basado en la experiencia anterior con Abraham, recordando las consecuencias y reconociendo la relación especial de Abraham con Dios. Tercero, la acción de Abimelec es consecuente con el pacto que él mismo hiciera anteriormente con Abraham en el cual estaba incluida la descendencia de ambos. Cuarto, más adelante se menciona a Ficol, quien también había acompañado a Abimelec en su alianza con Abraham. La edad normal de los hombres de ese tiempo indica que Abimelec bien pudo reinar por aproximadamente 100 años o más, tiempo suficiente en cubrir los dos episodios con Abraham e Isaac.
Aunque Dios no interviene directamente en este episodio, es su presencia la que sirve a Isaac de protección y permite que la familia patriarcal mantenga su integridad y sobrevivencia.
No temas Aquella noche se le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre Abraham; no temas, porque yo estoy contigo. Isaac tenía muchas buenas razones para sentir temor. Estaba rodeado de vecinos hostiles que deseaban robarle todo, incluyendo los pozos que abría. Además no tenía un lugar al cual ir y decir: «me voy a casa»; todo lo que tenía era aquel cementerio que su padre había comprado y donde había sepultado a sus padres. Vivía como huésped en Gerar. Fue en esas circunstancias que Dios le dice: No temas, porque yo estoy contigo. Puede ser que muchas veces nos sintamos igual que Isaac de que no pertenecemos a ningún lugar ni a ninguna familia importante. Puede ser que ni siquiera conozcamos el lugar que ocupamos en la sociedad, es más puede ser que veamos a nuestros vecinos como enemigos. Pero aún cuando las cosas están de mal en peor, necesitamos hacer nuestras las palabras del Señor: No temas, porque yo estoy contigo.
Dios prospera a Isaac.
Además de la hostilidad, se debía sobreponer el problema del hambre. Confiado en la promesa de bendición de Dios, Isaac toma los siguientes pasos para asegurar su sobrevivencia en el lugar de residencia. Primero, decide sembrar la tierra. La prudencia indicaba que ninguna siembra sería factible, dado la sequía que asolaba el lugar. Pero Isaac siembra. Esto indica su confianza en las promesas de Dios. Además, indica que el estilo de vida de Isaac era más sedentario y con conocimiento avanzado de agricultura, algo no visto en su padre. Aparentemente lo sembrado era para alimento de la familia y del ganado que poseían. Segundo, a falta de lluvia para regadío, Isaac busca el recurso de aguas subterráneas. Aquí él usa la experiencia adquirida en vida con su padre. Rehabilita todas las fuentes de agua que Abraham había abierto y que los filisteos habían cegado, posiblemente para ahuyentar a pobladores que se querían asentar en esos lugares. Es interesante que Isaac denomina a esos pozos con el mismo nombre que su padre les había puesto. Este incidente ilustra la vida de bendición de los patriarcas. Además de construir altares para fortalecer su relación con Dios y proclamar las verdades espirituales, ellos construían también obras que beneficiaban social y económicamente a la comunidad. Sus logros espirituales y sus obras sociales hacían a la tierra más habitable. Pero Isaac no se conforma con sólo rehabilitar los pozos antiguos. Se empeña también por encontrar nuevos pozos para suplir la creciente necesidad poblacional.
Rejobot, Jehová nos ha hecho ensanchar
Por haber tenido que alejarse de Abimelec, Isaac tuvo necesidad de abrir pozos en busca de agua para las personas y los rebaños. Inmediatamente que abría uno y había agua los pastores de la región venían para tomarlo. El primero fue llamado riña; el segundo fue llamado contención. En cada caso Isaac evitó la pelea y se alejaba hacia el valle y abría otro pozo. Una linda lección para los creyentes, en aras de la paz muchas veces tenemos que ceder nuestros derechos. Isaac abrió otro pozo que tenía abundante agua. Este fue denominado pozo del juramento en memoria de la ratificación del pacto que Dios le hizo la noche anterior a Isaac y el juramento de paz hecho con Abimelec. Dios prospera a sus hijos cuando ellos son «hacedores de paz».
