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Jeremías 48: Profecía acerca de Moab

Jeremías 48:1 Acerca de Moab. Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ¡Ay de Nebo, porque ha sido destruida! Quiriataim ha sido avergonzada, ha sido tomada; la altiva fortaleza ha sido avergonzada y destrozada.

Otros profetas también hablaron acerca de Moab. De acuerdo con Josefo, esta profecía de la destrucción de Moab se cumplió en el año vigesimotercero del reinado de Nabucodonosor.

Los moabitas descendían de Lot debido al incesto que este cometió con una de sus hijas. Llevaron a los israelitas a la idolatría y se unieron a las bandas armadas que Nabucodonosor envió a Judá en 602 a.C. Más tarde, Babilonia los conquistó y desaparecieron como nación.

Jeremías 48:2 Ya no hay alabanza para Moab, en Hesbón han tramado mal contra ella: «Venid y quitémosla de entre las naciones.» También tú, Madmena, serás silenciada, la espada te seguirá.

Jeremías 48:3 Voz de clamor desde Horonaim: «Devastación y gran destrucción.»

Jeremías 48:4 Moab está quebrantada, sus pequeños dejan oír gritos de angustia.

Jeremías 48:5 Porque la cuesta de Luhit con llanto continuo la suben; porque a la bajada de Horonaim se oyen gritos angustiosos de destrucción.

Jeremías 48:6 Huid, salvad vuestras vidas, sed como un enebro en el desierto.

Jeremías 48:7 Por cuanto pusiste tu confianza en tus ganancias y en tus tesoros, también tú serás conquistada, y Quemos saldrá al destierro junto con sus sacerdotes y sus príncipes.

Quemos era el dios principal de la nación de Moab y el sacrificio de niños era parte importante en su adoración

Jeremías 48:8 Vendrá el destructor de cada ciudad, y ninguna ciudad escapará; también el valle será devastado, y la meseta será destruida, como ha dicho el Señor.

Jeremías 48:9 Dad alas a Moab, para que se escape; sus ciudades serán una desolación, sin que nadie habite en ellas.

Jeremías 48:10 Maldito el que hace la obra del Señor con engaño; maldito el que retrae su espada de la sangre.

Jeremías 48:11 Reposado ha estado Moab desde su juventud, ha estado tranquilo sobre su sedimento; no ha sido vaciado de vasija en vasija, ni ha ido al destierro; por eso retiene su sabor, y su aroma no ha cambiado.

Se compara a Moab con un vino que ha envejecido sin haber sido cambiado de vasija (véase Isa_25:6). Pero los trasvasadores (el ejército babilónico que se aproximaba) vaciarán sus vasijas , y romperán sus odres . Quemos : El dios de Moab

Jeremías 48:12 Por tanto, he aquí, vienen días–declara el Señor–cuando le enviaré a trasvasadores que lo trasvasarán; vaciarán sus vasijas y harán pedazos sus cántaros.

Para fabricar vino se aplastaban las uvas. Luego de cuarenta días, el vino se cambiaba de vasija y quedaba el sedimento. Si no se hacía esta operación, el vino resultante era inferior. Con esta ilustración el profeta quiere decir que a causa de la complacencia de Moab y su negativa a hacer la obra de Dios, sería totalmente destruida.

Jeremías 48:13 Y Moab se avergonzará de Quemos, como la casa de Israel se avergonzó de Betel, su confianza.

Después que Israel se dividió en los reinos del norte y del sur, el reino del norte estableció becerros como ídolos en Belén y Dan para evitar que el pueblo fuera a adorar a Jerusalén, la capital del reino del sur

Jeremías 48:14 ¿Cómo podéis decir: «Somos poderosos guerreros, y hombres valientes para la guerra»?

Jeremías 48:15 Es destruido Moab, el devastador ha subido a sus ciudades; la flor de sus jóvenes desciende a la matanza, –declara el Rey, cuyo nombre es el Señor de los ejércitos.

Jeremías 48:16 La ruina de Moab pronto vendrá, y su calamidad se ha apresurado mucho.

Jeremías 48:17 Llorad por él, todos los que habitáis a su alrededor, y todos los que sabéis su nombre. Decid: «¡Cómo se ha roto el poderoso cetro, el báculo glorioso!»

Jeremías 48:18 Desciende de tu gloria, siéntate en tierra reseca, moradora hija de Dibón, porque el destructor de Moab ha subido contra ti, para destruir tus fortalezas.

Jeremías 48:19 Párate junto al camino y vela, moradora de Aroer; pregunta al que huye y a la que escapa, y di: «¿Qué ha sucedido?»

Jeremías 48:20 Avergonzado está Moab porque ha sido destrozado. Gemid y clamad; anunciad junto al Arnón que Moab ha sido destruido.

Jeremías 48:21 También ha venido juicio sobre la llanura, sobre Holón, sobre Jahaza y contra Mefaat,

Jeremías 48:22 contra Dibón, contra Nebo y contra Bet-deblataim,

Jeremías 48:23 contra Quiriataim, contra Bet-gamul y contra Bet-meón,

Jeremías 48:24 contra Queriot, contra Bosra y contra todas las ciudades de la tierra de Moab, las lejanas y las cercanas.

Jeremías 48:25 El cuerno de Moab ha sido cortado y quebrado su brazo–declara el Señor.

Jeremías 48:26 Embriagadle, porque se ha vuelto arrogante con el Señor; Moab se revolcará en su vómito, y será también objeto de burla.

Se humilla a Moab por su actitud hacia Israel; será escarnecido, lo mismo que él convirtió a Moab en motivo de escarnio

Jeremías 48:27 ¿Y no fue Israel objeto de burla para ti? ¿O fue sorprendido entre ladrones? Porque cada vez que hablas de él, te burlas.

Jeremías 48:28 Abandonad las ciudades y morad en las peñas, moradores de Moab, sed como paloma que anida más allá de la boca de la caverna.

Jeremías 48:29 Hemos oído del orgullo de Moab (es muy orgulloso), de su soberbia, de su orgullo, de su arrogancia y de su altivez.

Moab fue condenada por su soberbia. Dios no tolera la soberbia porque esta es apropiarnos del mérito que le corresponde a El o mirar con desdén a otros. Dios no condena la satisfacción por lo que realizamos, pero sí se pone firme en contra de sobreestimar nuestra importancia. Romanos 12:3 nos enseña a que pensemos de nosotros mismos con cordura.

Jeremías 48:30 Yo conozco su cólera–declara el Señor– pero es inútil; sus vanas jactancias nada consiguen.

Jeremías 48:31 Por tanto, gemiré por Moab, sí, por todo Moab clamaré; sollozaré por los hombres de Kir-hares.

Kir-hares era una ciudad fortificada en Moab. La compasión de Dios alcanza a toda la creación, incluso a sus enemigos.

Jeremías 48:32 Más que el llanto por Jazer lloraré por ti, viña de Sibma. Tus sarmientos pasaron el mar, llegaron hasta el mar de Jazer; sobre tus frutos de verano y sobre tu vendimia ha caído el destructor,

Jeremías 48:33 y fueron quitados la alegría y el regocijo del campo fértil, de la tierra de Moab. He hecho que se acabe el vino de los lagares; nadie con gritos los pisará, y si hay gritos no serán gritos de júbilo.

Jeremías 48:34 El clamor de Hesbón llega hasta Eleale y hasta Jahaza; levantaron su voz, desde Zoar hasta Horonaim y hasta Eglat-selisiya; porque también las aguas de Nimrim se secarán.

Jeremías 48:35 Y haré desaparecer de Moab–declara el Señor–al que ofrece sacrificios en lugar alto y al que quema incienso a sus dioses.

Jeremías 48:36 Por tanto, mi corazón gime por Moab como una flauta; mi corazón gime también como una flauta por los hombres de Kir-hares, ya que perdieron la abundancia que se había producido.

Jeremías 48:37 Porque toda cabeza está rapada y toda barba rasurada; en todas las manos hay sajaduras y sobre los lomos cilicio.

Jeremías 48:38 En todas las terrazas de Moab y en sus calles todo es lamentación, porque he quebrado a Moab como a vaso indeseable –declara el Señor.

Jeremías 48:39 ¡Cómo ha sido destrozado! ¡Cómo ha gemido! ¡Cómo ha vuelto la espalda Moab avergonzado! Moab será, pues, objeto de burla y de terror para todos los que lo rodean.

Jeremías 48:40 Porque así dice el Señor: He aquí, como águila volará veloz, y extenderá sus alas contra Moab.

Jeremías 48:41 Ha sido tomada Queriot y las fortalezas han sido ocupadas; será el corazón de los valientes de Moab en aquel día como el corazón de una muJeremías de parto.

Jeremías 48:42 Y Moab será destruido, dejará de ser pueblo porque se engrandeció contra el Señor.

Jeremías 48:43 Terror, foso y lazo vienen sobre ti, morador de Moab–declara el Señor.

Jeremías 48:44 El que huya del terror caerá en el foso, y el que suba del foso caerá en el lazo; porque yo traeré sobre él, sobre Moab, el año de su castigo–declara el Señor.

Jeremías 48:45 A la sombra de Hesbón se paran sin fuerzas los fugitivos; pues ha salido fuego de Hesbón, y una llama de en medio de Sehón, que ha consumido las sienes de Moab y los cráneos de los hijos del tumulto.

Fuego y llama contra Moab se mencionan primero en Numeros 21:28.

Jeremías 48:46 ¡Ay de ti, Moab! Ha perecido el pueblo de Quemos; porque tus hijos han sido tomados en cautiverio, y tus hijas en cautividad.

Jeremías 48:47 Pero restauraré el bienestar de Moab en los postreros días–declara el Señor. Hasta aquí, el juicio de Moab.

Tras un castigo devastador, Dios tendrá misericordia y hará volver a los cautivos de Moab en lo postrero de los tiempos . La misericordia se debe probablemente a que Moab, como Amón, era un descendiente de Lot, el sobrino de Abraham. El momento preciso del cumplimiento de esta profecía no está claro.

Oráculo Contra Moab

Este largo capítulo, por su contenido, parece una compilación, sin que se pueda señalar un orden estricto lógico en el desarrollo de las ideas. Por otra parte, su carácter de pieza-mosaico le hace oscuro, sin que sea fácil determinar las circunstancias históricas que hayan dado lugar a su composición. Moab comprendía la parte oriental del mar Muerto entre el Arnón, al norte, y el W. Hesa, al sur. Su población era de origen arameo, como los hebreos, amonitas y edomitas. La Biblia considera a los moabitas como descendientes de Lot, sobrino de Abraham. El dios nacional era Gamos; de ahí que los moabitas fueran llamados “hijos de Gamos.” Durante algún tiempo, Moab fue tributario de Israel, pero se independizó en tiempos de Mesa (c.550 a.C.), según consta por la famosa “estela” encontrada en Dibán en 1868, actualmente en el Louvre. Las relaciones entre israelitas y moabitas fueron siempre hostiles ya desde los tiempos del éxodo. En 602, los moabitas hicieron incursiones en el territorio de Judá aprovechándose de las dificultades políticas planteadas por la invasión de las tropas de Nabucodonosor. Después del exilio, Moab fue absorbida por una población árabe.

Esta profecía de Jeremías no alude para nada a la hostilidad tradicional de Moab contra Judá, pues en ella sólo se recrimina el orgullo y rebelión contra los designios de Yahvé. Por eso muchos autores creen que ha sido compuesta antes del año 602, ya que no se comprende que no aludiera el profeta a las incursiones de Moab contra el reino de Judá. Los versículo 29-38 están tomados de Isaías. El pensamiento fundamental del oráculo es que Moab será destruido por un enemigo que viene del norte, el ejército de Nabucodonosor, aunque no lo nombre expresamente.

Desde el punto de vista literario encontramos fragmentos en prosa y en verso. En muchos de ellos no es fácil determinar su carácter poético, debido a que los procedimientos externos de expresión poética hebraicos nos son en parte aún desconocidos y nos movemos muchas veces en el terreno de la pura hipótesis.

Consternación de Moab por la devastación

El estilo es incisivo y nervioso. El profeta ve ya en marcha al devastador implacable, instrumento de la cólera divina. A los ojos del profeta aparecen las ciudades y la campiña bajo el efecto de la devastación más cruel. Para reflejar el nerviosismo de la situación, tan pronto aparece hablando Yahvé como el profeta y los habitantes de Moab. El enemigo ha llegado inesperadamente a Nebo, localidad junto al monte del mismo nombre, desde el cual Moisés contempló la tierra de promisión, identificada con Jhbet el-Mja-yet. Qiriatayim es el actual Jirbet el-Qureytat, a 21 kilómetros al sudoeste de Mádaba 8. Hesebón es el actual Hesbán, a 12 kilómetros al norte de Mádaba, a 30 kilómetros al este del Jordán. El profeta supone que el enemigo ya ha llegado a Hesebón y que allí tiene un consejo de guerra para ulteriores planes de invasión: En Hesebón se trama su mal: ¡Borrémosla de entre los pueblos!. Los invasores han decidido la destrucción total de Moab. Madmen, quizá las actuales ruinas de Dimne, a cuatro kilómetros al noroeste de Rabba , aunque muchos autores creen que es una variante del nombre Dimón o Dibón, la ciudad principal del Moab septentrional. La devastación ha llegado al corazón del reino: tras ti caminará la espada.

La devastación ha llegado ya al sur: Gritos se oyen en Jorondyim, en la costa sudeste del mar Muerto. En aquella zona estaba también Segor o Soar, una de las ciudades de la Pentápolis bíblica, la única salvada del cataclismo narrado por Genesis19:20. Pero más tarde, como consecuencia de un terremoto, fue anegada por las aguas. La consternación ha llegado, pues, hasta los confines meridionales de Moab. Lujit parece ser la actual Djebel el-Witat, correspondiente al Lejitu de la inscripción nabatea de Mádaba.

La situación es tan desesperada que se invita a la precipitada huida: salvaos, sed como el onagro en el desierto. El asno salvaje, u onagro, era famoso por sus ansias de libertad y por su facilidad en huir de los cazadores. La imagen, pues, es muy apropiada para representar a los moabitas, sueltos por las estepas de Moab, aturdidos ante las noticias del ataque enemigo. La razón del castigo enviado por Yahvé radica en su orgullo y su autosuficiencia, pues se creían seguros en sus obras; tesoros. Tenía una posición estratégica buena para la defensa. Pero de nada le servirán sus muchas fortalezas, pues hasta su dios nacional, Gamos, saldrá para el destierro, y con él las fuerzas vivas de la nación, los sacerdotes y los magnates. La frase tiene un sentido irónico. Los moabitas, confiados en el poder de su dios y en sus recursos, se creían a salvo de todo peligro; pero Gamos, como los dioses de otras naciones, será llevado como trofeo de victoria por los vencedores en trágico cortejo con sus adoradores. La devastación será completa. Tanto su valle o depresión del Jordán, al norte del mar Muerto, como su llano, o altiplanicie, serán arrasados, y todo como consecuencia de un decreto del Dios de Judá: Yahvé lo ha dicho. El Dios de los judíos ejercía un poder omnímodo aun sobre los otros pueblos, y en este sentido dirige la historia de todos los reinos del universo. De nuevo el profeta hace una invitación a la rápida huida: dad alas a Moab para que emprenda el vuelo. La suerte está echada y no hay otra solución que la desbandada general.

El versículo 10, por su forma prosaica, parece una glosa posterior. La guerra contra Moab es considerada como una guerra santa, y, por tanto, el ejército invasor es un instrumento de la ira divina. No cumplir sus designios es oponerse al mismo Dios; por eso el hagió-grafo dice con todo vigor: ¡Maldito el que ejecute negligentemente la obra de Yahvé y maldito el que retraiga la espada de la sangre!. Es Yahvé el que le ha escogido y le ha dado las armas, y no puede retraerse. En Jueces 5:23 se dice que sea maldito quien no participe en la guerra santa de liberación contra los enemigos de Israel. Es necesario tener en cuenta la concepción teocrática y la propensión a las frases radicales de los orientales para comprender estas expresiones, que a nuestra sensibilidad cristiana nos resultan demasiado feroces. No debemos olvidar que el hagiógrafo pertenece a un estadio de la revelación aún muy rudimentario, en el que la caridad de Cristo todavía estaba muy lejos de ser el centro de la misma verdad religiosa.

Contraste entre el pacífico pasado de Moab y su trágico futuro

El profeta contrapone dos situaciones de Moab: hasta ahora las altiplanicies moabíticas se creían resguardadas en su aislada posición geográfica y en sus fortalezas; por eso Moab estuvo tranquilo desde su adolescencia. La tragedia de Judá e Israel fue estar en una gran encrucijada de caminos, lugar de choque entre los colosos imperiales que durante siglos se disputaron la hegemonía del Próximo Oriente. Moab, en cambio, se hallaba lejos de las ambiciones territoriales de los grandes imperios, aunque había tenido que someterse a Teglatfalasar III y a Senaquerib en el siglo VIII. Pero la dominación asiría fue mucho más débil que en la zona de la costa siro-fenicia-palestina. Esto hizo que pudiera gozar de una paz y prosperidad desconocidas para los pueblos de la costa. El profeta refleja este estado de opulencia con imágenes apropiadas a la principal riqueza del país, sus excelentes viñedos 20. Como el vino dejado en reposo sin trasegar conservaba toda su fuerza, así Moab estuvo reposado sobre sus heces. Moab no había sido agitado ni llevado al exilio. Por eso pudo desarrollarse prósperamente hasta ser envidiada por las otras naciones: conservó su gusto y no disipó su aroma. Pero su feliz pasado ha terminado, ya que Yahvé la va a agitar como a Israel, enviándole trasegadores. que vaciarán sus tinajas y las romperán. Los devastadores acabarán con la próspera nación. Y entonces comprenderá el error de haber confiado en su dios nacional, el impotente Gamos, el cual, al dejarlos marchar derrotados al exilio, los cubrirá de vergüenza, como se avergonzó Israel de Betel, en el que había puesto su confianza. El culto cismático del reino del norte, Israel, en Betel, fue una de las causas de la ruina del mismo y de su deportación. La experiencia se repetirá en Moab. Sólo quien confía en Yahvé puede subsistir. Por eso la seguridad y autosuficiencia de los moabitas ha sido la causa del castigo: ¿Cómo decíais: Somos valientes.?. Yahvé les dará el merecido a su insolencia, enviándoles el devastador. que sube contra sus ciudades, en la altiplanicie, mientras que la flor de su juventud baja para la matanza.

La frase Oráculo del Rey. falta en el texto griego, y es quizá una glosa. Con todo, designa la certeza del cumplimiento de la profecía, ya que proviene del Rey, que tiene por nombre Yahvé de los ejércitos, es decir, señor de las batallas y de toda la creación. Nadie puede resistirse a su palabra decisiva.

El profeta presenta como inminente la ruina de Moab. En su visión profética, los años corren velozmente. Flavio Josefo nos dice que Moab fue sometida por Nabucodonosor cinco años después de la toma de Jerusalén (587). Desde luego no es difícil que las tropas babilonias hicieran incursiones por aquella zona una vez sometida totalmente Judá. Sus viñedos y su tráfico comercial eran un buen cebo para los conquistadores caldeos.

Elegía sobre las ruinas de Moab

La tragedia de Moab es tan grande, que el profeta invita a las naciones circunvecinas a que hagan duelo sobre él. Ha caído toda su fortaleza. Se creía invencible, pero ya ha sido roto el cetro, su independencia y señorío han desaparecido. Moab debe abandonar su magnificencia y sentarse en el cieno; la contraposición es irónica y sangrante. De reina, la moradora hija de Dibón (sinónima de Moab) se ha convertido en esclava, porque ha llegado la hora de la cuenta bajo la implacable invasión del devastador. El profeta invita a los habitantes del sur, de Aroer, a que contemplen el triste espectáculo de las caravanas de huidos que bajan de la parte septentrional: sal al camino y atalaya. La invasión ha venido del norte, y las primeras nuevas del desastre las dan los fugitivos que en trágica desbandada corren hacia el sur buscando refugio. Ellos dirán lo que pasó. La devastación ha sido total. Todo el poderío de Moab ha sido abatido.

Y todo ha ocurrido como efecto del castigo divino, que les ha hecho beber la copa de su ira. Por eso el profeta dramatiza la situación presentando a Moab como un ebrio de la cólera divina: emborrachadle., se revolcara en su vómito. Su castigo le ha venido por su insolencia contra Yahvé al creerse seguro en sus riquezas y aislamiento: pues se alzó contra Yahvé. Siempre los profetas ven en los aconteceres históricos una dimensión teológica, expresión de los designios divinos. Moab, revolcándose en su vómito como un ebrio, por efecto de la ira divina, será objeto de burla de todos, como lo es el que embriagado se halla tendido en el suelo sin sentido. En otras ocasiones, al ver castigado a Israel, se burlaba de él, considerándole como un malhechor herido por la mano de su Dios: ¿No te burlabas de Israel? ¿Ha sido acaso sorprendido entre ladrones para que al hablar de él muevas la cabeza?. El escándalo fingido de Moab ante las supuestas maldades de Israel resultaba hipócrita, ya que era más culpable que éste en muchas cosas. En todo caso, ya le ha tocado la hora de probar el cáliz de la cólera de Yahvé.

Duelo general en las tierras de Moab

La situación es tan desesperada para los habitantes de Moab, que el profeta les invita a esconderse en lugares inaccesibles, como la paloma. al borde de los precipicios.

Los versículos 29-39 están tomados de Isaías 16:6-12 y adaptados libremente por un redactor posterior al mismo Jeremías. En todo caso es de destacar la ruina de Moab como castigo divino por su orgullo y altivez. Las acusaciones contra ella se ponen en boca de los habitantes de Judá: Hemos oído de la soberbia de Moab., que se consideraba autosuficiente y segura en su riqueza material y en su aislamiento geográfico. Después Yahvé mismo toma la palabra, y confirma esta altanería tradicional de los moabitas, y por ello se ve precisado a castigarlos. Y el profeta, en nombre de Yahvé, se lamenta por la tragedia de Moab. En Isaias 16:7 son los mismos moabitas los que se lamentan por la ruina de su nación. El redactor posterior ha tenido un criterio de adaptación muy libre. Cambia constantemente de interlocutor para expresar las ideas. De todos modos es interesante ver cómo aquí el profeta revela profundos sentimientos de compasión ante la catástrofe de los enemigos tradicionales del pueblo judío, los moabitas. Por un lado celebra la manifestación de la justicia divina, y por otro se siente asociado al duelo de una población arruinada. Su grandeza de alma le hacía pesar las tragedias íntimas de sus enemigos políticos. Aquí el profeta se lamenta sinceramente por la ruina material del pueblo moabita, simbolizado en las gentes de Quir-Jeres, la capital de Moab, la actual fortaleza de Kerak al sudoeste de Moab, en un promontorio sobre el mar Muerto. El profeta llora por la ruina material de la viña de Sibma, símbolo de la riqueza característica de la campiña moabita, sus viñedos. Su pérdida supone mucho más que la destrucción de la ciudad de Yaser. Era el centro del cultivo del viñedo, famoso aun en las regiones apartadas: tus sarmientos atravesaron el mar hasta Yaser. Las cepas de Sibma, buscadas por su calidad, habían sido plantadas desde más allá del mar Muerto hasta Yaser por el oriente. Pero ha caído el devastador, huyeron el regocijo y la alegría. de la campiña de Moab. Los alegres cánticos tradicionales de los que pisaban en los lagares desaparecieron, porque han sido arruinados los viñedos, y todo como castigo divino: yo he vaciado el vino de tus tinajas.

El versículo 34 es una repetición de Isaias 15:4-6; por lo que parece ser inserción de un redactor posterior. El versículo 35 repite libremente Isaias 16:12. Se trata de la destrucción de los lugares de culto en Moab como consecuencia de la devastación general que llevará consigo la despoblación del país.

El versículo 36 está integrado por reminiscencias de Isaias 16:11 e Isaias 15:7· El profeta siente en su persona el duelo general, se siente conmovido: mi corazón suspira como una flauta. (el instrumento típico de las honras fúnebres), por las gentes de Quir-Jeres, sinónimo del país moabítico. El duelo es general en el país: Toda cabeza ha sido rapada, toda barba rasurada.. El rasurarse la cabeza y la barba, hacerse incisiones y vestirse de sacos eran las tradicionales señales de duelo36. Insensiblemente deja de hablar el profeta, asociado a la tragedia de la población moabítica, y de nuevo toma la palabra Yahvé para recalcar que la catástrofe la ha enviado El, ya que los invasores no son sino instrumentos de su justicia: He roto a Moab como se rompe un cacharro enojoso.

Ruina y restauración de Moab

En los versículos 40-44 se resume la profecía sobre la devastación de Moab. Se presenta al invasor como un águila que extiende sus alas sobre Moab. Tal es la celeridad del impetuoso avance. No especifica al invasor, que suele identificarse con Nabucodonosor38. A su paso han caído las fortalezas, y entonces el pavor invadió a sus defensores corno muJeremías Jen parto. La catástrofe ha venido enviada por el mismo Yahvé, contra quien se había alzado orgullosámente Moab. Ha sido un delito contra su omnímoda majestad, que no puede quedar impune. Por eso humilla a Moab para que reconozca su debilidad y dependencia de Yahvé, que dirige la historia de las naciones.

Todo se ha conjurado contra la orgullosa Moab. Los enemigos han puesto todos los medios para tomarla en sus manos: terror, hoya, red. La imagen está tomada de la caza. Los cazadores asustan la presa para que, precipitada, caiga en la hoya y la red preparadas de antemano. Quien se salve de una caerá en otra. Es el mismo Yahvé quien ha dispuesto todo esto, ya que los invasores son meros instrumentos suyos.

Los versículo 45-40 faltan en el texto griego, y reproducen Numeros 21:28-29 y 24:17. En ellos se canta la victoria del rey amorreo Seón sobre Moab al tomarles la ciudad de Jesebón. De esta ciudad conquistada por Seón salía la espada como un fuego devorador sobre todo el país. La otra frase, devora las sienes de Moab y la coronilla de los tumultuosos, está tomada de la profecía de Balaam, en la que se predice la humillación de Moab por los israelitas. Podemos suponer, pues, que un redactor posterior al mismo Jeremías adaptó estos versos al contexto de la profecía contra Moab. Así, la escena es la siguiente: llegada la invasión, los pobres fugitivos de la campiña moabítica se refugian en la fortaleza de Jesebón. Pero de nada les ha servido esto, pues el enemigo ha tomado en seguida Jesebón, de la que salen, como fuego devastador, a conquistar todo el país. A los moabitas se les llama despectivamente tumultuosos, lit. “hijos del estrépito,” por su carácter altanero, con complejo de autosuficiencia 40. La frase sienes y coronilla de Moab puede significar los puntos más culminantes de la nación.

La catástrofe nacional ha sido completa, ya que la población en masa ha sido llevada en cautividad. La expresión pueblo de Caraos es irónica y despectiva, ya que el dios nacional no ha podido salvar a su pueblo. Pero, en cambio, será Yahvé el que rehabilitará a Moab de nuevo como nación. Jeremías en 602 predijo que los pueblos vecinos de Judá, después de ser castigados convenientemente, serían restablecidos en sus tierras. Y en uno de sus oráculos los admite a formar parte del futuro reino mesiánico de Israel. La expresión al fin de los días es clásica para designar la inauguración de los tiempos mesiánicos. En la mente de los profetas, todos los aconteceres históricos de los pueblos tienen un sentido en la mente divina, y así Dios unas veces los castiga y otras veces les permite llegar a un estado de prosperidad; pero todos están subordinados a la futura manifestación mesiánica en el pueblo elegido.

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