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Jeremías 47: Profecía acerca de los filisteos

Jeremías 47:1  Palabra del Señor que vino al profeta Jeremías acerca de los filisteos, antes que Faraón conquistara Gaza.

Otros profetas también hablaron acerca de los filisteos. Se condena a los filisteos, junto a Tiro y Sidón, por vender a los israelitas como esclavos.

Localizada en la llanura costera próxima a Judá, Filistea siempre fue una espina en el costado de Israel. Las dos naciones peleaban constantemente. Otros profetas que hablaron en contra de Filistea incluyen a Isaías, Ezequiel, Amós y Sofonías. [private]

Jeremías 47:2  Así dice el Señor: He aquí que suben aguas del norte y se convierten en torrente desbordante, que inunda la tierra y su plenitud, la ciudad y los que en ella habitan; clamarán los hombres, y gemirá todo habitante de la tierra

Jeremías 47:3  a causa del sonido de los cascos de sus corceles, del estruendo de sus carros y del estrépito de sus ruedas. No se vuelven los padres para cuidar a sus hijos, por la debilidad de sus brazos,

Jeremías 47:4  a causa del día que viene para destruir a todos los filisteos, para exterminar de Tiro y de Sidón a todo aliado que quede; porque el Señor destruirá a los filisteos, al remanente de la costa de Caftor.

Jeremías 47:5  Le ha sobrevenido la calvicie a Gaza, desolada ha sido Ascalón. Remanente de su valle, ¿hasta cuándo te sajarás?

Jeremías 47:6  ¡Ay, espada del Señor! ¿Hasta cuándo estarás inquieta? Vuélvete a tu vaina, reposa y cálmate.

Jeremías 47:7  ¿Cómo puede estar quieta, cuando el Señor le ha dado órdenes? Contra Ascalón y contra la costa del mar, allí la ha asignado.

Oráculo contra los Filisteos.

Los filisteos no son de raza semítica, sino indoeuropea. Se instalaron en la costa de Canaán (denominada después por los griegos Palestina) en el siglo XII a.C., después de haber sido rechazados por Ramsés III cuando pretendían establecerse en la desembocadura del delta del Nilo. Formaban parte de los llamados “pueblos del mar” que aparecen en las inscripciones egipcias. Procedían del Asia Menor, y nunca pudieron asimilarse la mentalidad semítica; sobre todo, jamás aceptaron la circuncisión. Desde el punto de vista material estaban más adelantados que los cananeos y hebreos, que también hacia el siglo XII a.C. llegaron a Canaán, ocupando la parte montañosa, mientras que aquéllos se quedaron en la costa con una organización especial, gobernados por un seren o príncipe, que correspondía al tyrannos de los griegos. Sus ciudades principales constituían la famosa Pentarquía o Pentápolis filistea: Gaza,

Ascalón, Ecrón, Gat y Asdod. Fueron los introductores del hierro en Canaán y desde el principio estuvieron en colisión con los hebreos, que se establecían en regiones a ellos contiguas. Generalmente la victoria solía estar del lado de los filisteos, por estar mejor preparados; pero en tiempos de David fueron sometidos definitivamente, dejando de ser un peligro serio para Israel. Los israelitas los llamaban despectivamente los “incircuncisos.” En el siglo VII a. C., los filisteos fueron vasallos de Egipto. Antes, en el siglo VIII, formaron liga contra Asiría, pero fueron sometidos por Senaquerib, quien en su estela nos describe al detalle la expugnación de sus ciudades.

El profeta parece que alude en su profecía a la invasión de la región filistea por Nabucodonosor en el 605 a.C., pues el enemigo viene del “norte.”

Invasión de Filistea desde el septentrión

El primer verso resulta embarazoso, por la indicación de la toma de Gaza por el faraón. Si el enemigo invasor viene del norte, ¿cómo va a ser el ejército egipcio el invasor? Algunos suponen que aquí se aludiría a una expugnación de Gaza por el faraón allá por el año 605, al bajar derrotado de Garquemis. Herodoto dice que después de la batalla de Magdalos (Megiddo?) tomó Kadytis, que se ha querido identificar con Gaza; pero quizá sea mejor identificarla con Cades, sobre el Orontes, en la Alta Siria. Pero en Jeremías el enemigo del norte suele ser siempre el babilónico. Por eso, otros autores creen que la observación cronológica antes que el faraón tomara Gaza es una adición posterior redaccional.

El profeta describe al invasor del norte como un torrente desbordado, que lo anega todo a su paso. Es un símil corriente en la literatura profética. Como consecuencia de ello viene la consternación general de la población filistea, la cual será de tales proporciones, que los padres, preocupados de huir en busca de un refugio, no cuidan de sus hijos. Se sienten desfallecer al sentir el fragor y el estruendo del ejército que avanza.

Es el día de la intervención justiciera de Yahvé, que dirige los destinos de los pueblos, castigando a los que han abusado de su fuerza conculcando los derechos de los demás. Los filisteos, por sus intereses comerciales marítimos, tenían íntimas relaciones con los dos emporios comerciales del mar, Tiro y Sidón. Al aniquilar Yahvé la Filistea, quitaba a las dos ciudades fenicias su apoyo o auxiliar. Los restos de la isla de Caftor son los filisteos provenientes de Creta o del mar Egeo en general.

Y cita a las dos principales ciudades filisteas, Gaza y Ascalón, que hacen un mudo duelo por la devastación de su país: Gaza ha sido rasurada. Como los filisteos estaban establecidos sobre el territorio de los antiguos pobladores gigantes llamados Anaqim, el profeta se encara con ellos, y les pide cuentas irónicamente de su duelo desmesurado: resto de los Anaqim, ¿hasta cuándo te harás incisiones?. El hacerse incisiones era también uno de los ritos de duelo y penitencia.

Y el profeta entabla un diálogo imaginario entre él y los filisteos devastados. Estos, en un momento de sinceridad y de desánimo, piden a Dios cuenta de su poder devastador, y no comprenden su actitud: ¡Ay espada de Yahvé! ¿hasta cuándo no tendrás reposo? Ya es hora de que descanse en su mortífera devastación: ¡Vuelve a tu vaina, descansa! Y el profeta responde implacablemente: ¿cómo va a cesar, si es Yahvé quien la manda?. La espada devastadora es una mera ejecutora de las órdenes de Yahvé, que ha decidido castigar la tierra de los filisteos. Es el día de la manifestación vengadora de Yahvé, y no hay lugar a tregua. La justicia divina no puede renunciar a sus exigencias. Filistea ha pecado y tiene que ser inexorablemente castigada. [/private]

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