El resultado de la diligencia y dedicación de Isaac es la prosperidad. Dios derrama su bendición sobre el empeño y el esfuerzo del hombre. Aquí vemos que la bendición de Dios está relacionada estrechamente con el trabajo y el empeño del hombre. Vemos además que la prosperidad material y las riquezas son también bendiciones de Dios. La prosperidad de Isaac crea envidia en los filisteos quienes manifiestan su hostilidad abiertamente. Primero, piden a Isaac que se aleje de ellos. Así lo hace Isaac en procura de una vida de convivencia pacífica. Segundo, los filisteos reclaman como suyos los nuevos pozos que Isaac descubre. Isaac los concede, manteniendo una actitud pacífica y sigue buscando más pozos hasta que llega el momento en que la contención se acaba. Los nombres que da Isaac a los pozos reflejan las condiciones bajo las cuales son abiertos y la seguridad de protección y cuidado de Dios. Nuevamente vemos en este patriarca su empeño, su conocimiento y su confianza en Dios para sobrevivir en la tierra. Además, se destaca su actitud pacífica y generosa para mantener una convivencia pacífica con los pobladores locales.
Isaac hace alianza con Abimelec.
A pesar de sus esfuerzos de convivencia pacífica, la hostilidad de los filisteos no cesa e Isaac tiene que alejarse de Gerar y volver a la zona de Beerseba, la zona oriental del Néguev. Ante su temor de sobrevivencia, tres acontecimientos significativos le dan la tranquilidad y la paz necesarias. Primero, Dios se le aparece asegurándole su presencia y protección constantes, su bendición y su fidelidad permanente. Aquí vemos nuevamente la dirección y orientación constante de Dios a los patriarcas, especialmente en tiempos de crisis. Aunque la Biblia no lo menciona específicamente, las manifestaciones de Dios eran respuestas a la oración y el clamor de los patriarcas. La edificación de altares indica esa actitud permanente de clamor a Dios y el reconocimiento constante de la necesidad de dirección divina. Segundo, Abimelec acude a Isaac en busca de una alianza de paz. Al igual que con Abraham, Abimelec reconoce la relación especial de Isaac con Dios y pide una alianza solemnizada con los rituales y juramentos correspondientes. La alianza se concreta y Abimelec y su comitiva regresan a su tierra. Vemos que la convivencia pacífica es resultado de la intervención de Dios y del empeño del patriarca en mantenerse en paz con todos. Tercero, los siervos de Isaac encuentran un pozo lo cual asegura la posibilidad de sobrevivencia en aquel lugar. Consistente con su práctica anterior, Isaac nombra al pozo con el mismo nombre dado por su padre Abraham anteriormente y en referencia también al juramento de paz que él logra con Abimelec.
La sobrevivencia en la tierra está garantizada ahora por la posibilidad de alimento y por la alianza de paz con los pobladores locales. Asimismo, se confirman a Isaac la presencia y la promesa de Dios. Todo indica que la continuación del pacto está asegurada.
La continuación del pacto y sus conflictos
Todo lo anterior hace pensar que las condiciones de cumplimiento del pacto serían fáciles. Pero tal vez en esta sección es donde surgen los conflictos más peligrosos, en el lado humano, para la continuación del pacto.
Esaú emparienta con los cananeos.
El primer conflicto que surge en la continuación del pacto en esta familia patriarcal es el casamiento de Esaú con mujeres heteas, es decir, de la población de Canaán. Este emparentamiento hace peligrar la identidad propia de la descendencia patriarcal por el peligro de asimilación con la población local. Además, aun en caso de que no se concrete ninguna asimilación, sería difícil la tarea de destrucción de un pueblo por otro dado el emparentamiento. Obviamente el casamiento no fue del agrado de Isaac y Rebeca por dos razones: Una, al mencionarse la edad de Esaú se indica que éste actúa por su propia cuenta sin el consentimiento ni arreglo propio de sus padres. Por la experiencia anterior de Isaac en obtener esposa y por su consejo posterior a Jacob, ambos casamientos de Esaú estaban en contra de la voluntad y propósito patriarcales. Además, se hace patente que las relaciones con las nueras eran muy tensas y conflictivas. Las diferencias culturales y religiosas hacen imposible un matrimonio estable y de propósito común si ambas partes se determinan a mantener su propia identidad y lealtad cultural y religiosa. Y esta es la situación de Esaú y sus esposas hititas. Se presentan otros casos de matrimonios “mixtos”, pero donde la “extranjera” adopta por completo la lealtad religiosa y cultural del hebreo (Judá con Tamar, José con Asenat). Sin embargo, estos casamientos mixtos son por circunstancias especiales y permanecen como las excepciones a la norma patriarcal.
La bendición Y yo te bendiga antes que muera. La bendición era el instrumento legal por el cual se transmitían tres elementos del padre al hijo:
(1) El liderazgo,
(2) la herencia o patrimonio familiar y
(3) el patrimonio cultural y espiritual.
