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Mateo 25: El Baremo de Dios

(ii) Debe ser una ayuda desinteresada. Los que la prestaron no lo hicieron pensando que estaban ayudando a Cristo o haciendo méritos para la eternidad; ayudaban porque no podían por menos. Era la reacción natural, instintiva, totalmente desinteresada, del corazón amante. Mientras que, por la otra parte, la actitud de los que dejaron de ayudar era: “ Si hubiéramos sabido que eras Tú, Te habríamos ayudado con mil amores; pero creímos que era simplemente una persona corriente que no valía la pena ayudar.» Sigue siendo verdad que hay algunos que ayudarían si hubieran de recibir por ello alabanzas y gracias y publicidad; pero ayudar de esa manera no es ayudar; es apilarse méritos. No es prestar por generosidad, sino por egoísmo disfrazado. La ayuda que obtiene la aprobación de Dios es la que se da nada más que para ayudar.

(iii) Jesús nos coloca cara a cara con la maravillosa verdad de que toda ayuda de esta clase que prestemos a nuestros semejantes se Le da a Él, y toda la ayuda que se niega, se Le niega a Él. ¿Cómo puede ser esto? Si de veras queremos alegrar el corazón de un padre, si de veras queremos moverle a gratitud, la mejor manera de hacerlo es ayudando a uno de sus hijos. Dios es el gran Padre; y la manera de alegrar el corazón de Dios es ayudando a Sus hijos, nuestros semejantes.

Hubo dos hombres que encontraron esta parábola benditamente cierta. Uno fue Francisco de Asís; era rico y de elevado nacimiento y clase, pero no era feliz, porque tenía el sentimiento de que la vida era incompleta. Un buen día iba dándose un paseo a caballo, y se encontró con un leproso, horrible y repulsivo por la fealdad de su enfermedad. Algo movió a Francisco a bajar del caballo y abrazar a aquel miserable doliente; y en sus brazos el rostro del leproso se transformó en el rostro de Cristo.

El otro fue Martín de Tours. Era soldado romano, y cristiano. Un frío día de invierno, cuando entraba en una ciudad, le paró un mendigo para pedirle limosna. Martín no tTenía dinero; pero el mendigo estaba azul y tiritando de frío, y Martín le dio lo que tenía. Se quitó su capa militar, usada y desgastada como estaba, la cortó en dos y le dio la mitad al mendigo.

Aquella noche tuvo un sueño. En él vio los lugares celestiales, y a todos los ángeles, y a Jesús en medio de ellos; y Jesús llevaba puesta la media capa de un soldado romano. Uno de los ángeles Le preguntó: “ Maestro, ¿por qué llevas esa capa vieja y desgastada? ¿Quién Te la ha dado?” Y Jesús le contestó suavemente: «Me la ha dado Mi siervo Martín.»

Cuando aprendemos la generosidad que ayuda sin interés a las personas en las cosas más sencillas, nosotros también experimentamos el gozo de ayudar a Jesucristo mismo.

Mateo 25:1-14

El capítulo que empieza con los versículos arriba trascritos contiene la continuación del discurso profético que nuestro Señor pronunció en el monte de las Olivas. Los acontecimientos a que hace alusión desde el principio hasta el fin son el segundo advenimiento, y el fin del mundo. Puede dividirse el capítulo en tres partes. En la primera nuestro Señor alude a su segunda venida como un acontecimiento que debe inducir al hombre a velar y a ser sincero en su religión; y hace esa alusión por medio de la parábola de las diez vírgenes. En la segunda, alude al mismo acontecimiento para exhortar a la actividad y a la fidelidad; y esto por medio de la parábola de los talentos. En la tercera, que es un pasaje que en cuanto a belleza y sublimidad no tiene igual en el Nuevo Testamento, se concluye el discurso por medio de una descripción del día del juicio.

Examinemos las verdades que en la parábola de las diez vírgenes se nos enseñan.

1. Que cuando el segundo advenimiento tenga lugar, la iglesia será una corporación mixta, en la cual habrá bien y mal.

La iglesia se compara a diez vírgenes que tomando sus lámparas salieron a recibir al esposo. Todas, pues, tenían lámparas, pero solo cinco de ellas tenían aceite para mantener viva la llama. Todas profesaban el encaminarse hacia un mismo objeto, pero solo cinco de ellas eran verdaderamente prudentes y las demás eran insensatas. En el mismo estado precisamente se encuentra la iglesia visible. Todos sus miembros han sido bautizados en el nombre de Jesucristo, pero no todos oyen su voz y le siguen. Que así es al presente, nuestros propios ojos nos lo están diciendo: que así será en el segundo advenimiento, el Señor mismo lo ha anunciado. (Quizá será bueno advertir que algunos comentadores entienden de distinto modo esta parábola; pero en nuestro concepto, las diez vírgenes significan las dos grandes clases en que naturalmente se divide la iglesia visible: los verdaderos cristianos y los falsos, los creyentes sinceros y los hipócritas y la zizaña.) 2. Que la segunda venida de Cristo cogerá a los hombres de sorpresa. Se nos dice en la parábola que a media noche, cuando las vírgenes dormían, se oyó un grito: “ He aquí, el esposo viene, salid a recibirle.”Lo mismo acontecerá cuando Jesús descienda de nuevo al mundo. La mayor parte de la humanidad estará desprevenida y sumida en la incredulidad, y muchos de los creyentes se habrán entregado a la indiferencia y el abandono. Los negocios seguirán su curso ordinario, como se observa en nuestros días; la política, el comercio, la agricultura, las diversiones ocuparán la atención de los hombres; los ricos continuarán en la opulencia y los pobres seguirán quejándose; las iglesias estarán divididas por asuntos baladíes y las controversias teológicas no habrán calmado su furor; los ministros continuarán exhortando al arrepentimiento, y las congregaciones vacilarán como antes. En medio de toda esa agitación aparecerá el Hijo del Eterno. En la hora menos pensada, se mandará al mundo en su asombro que abandone todos sus quehaceres y recreaciones y se presente ante su rey. Hay en esto algo muy terrible; mas así está escrito. Con razón dijo un ministro poco antes de expirar: “Todos nosotros estamos apenas medio despiertos..

3. Que en el segundo advenimiento muchos hombres reconocerán la importancia de la verdadera religión cuando ya fuere demasiado tarde para ello.

Cuando el esposo se presentó las vírgenes insensatas dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan.” Mas como las prudentes no tuviesen aceite de sobra, las insensatas tuvieron que ir a comprar para sí. Cuando regresaron la puerta estaba cerrada, y aunque rogaron que se lea abriera, sus súplicas fueron vanas. “Señor, señor,” exclamaron, “ ábrenos..

Es bien seguro que algún día habrá un cambio de pareceres en cuanto a la importancia de la decisión y firmeza en la cuestión religiosa. Que el pecado es execrable, que todos los hombres necesitan de un Salvador: he aquí algunas de las verdades que se presentarán entonces ante la mente del hombre con la rapidez y esplendor del relámpago. Mas, ¡ay, eso tendrá lugar demasiado tarde! Los errores que no se descubrieren sino hasta entonces son irremediables.
4. Que en el segundo advenimiento tos verdaderos cristianos serán abundantemente recompensados por todo lo que hubieran sufrido por amor de, su Maestro.

Cuando el esposo se presentó, las vírgenes que estaban apercibidas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta.

Solo los verdaderos cristianos estarán listos en el segundo advenimiento. Purificados con la sangre expiatoria, revestidos de la justicia de Cristo y renovados por el Espíritu, saldrán llenos de valor a encontrar al Señor, y se sentarán a las bodas del Cordero.

Estarán con su Señor, con aquel Ser que los amó tanto que dio su vida por ellos ; con el Ser que sobrellevó sus debilidades y los guió durante su peregrinación en la tierra; con el Salvador a quien amaron de corazón y obedecieron con fidelidad, si bien de una manera imperfecta, y a costa de muchas lágrimas.

La puerta será cerrada, cerrada para el dolor y la tristeza, cerrada para un mundo impío y cruel, cerrada para un adversario tentador, cerrada para no ser abierta jamás. ¡Qué perspectiva tan gloriosa!

Mateo 25:14-31

La parábola de los talentos es muy análoga a la de las diez vírgenes, por cuanto se refiere también al segundo advenimiento e incluye las mismas personas que esta; es a saber, los miembros de la iglesia visible. Los siervos y las vírgenes simbolizan la misma gente; pero la misma gente considerada de diferentes puntos de vista, y bajo distintos aspectos. Más en lo que más se diferencian es en la lección que cada una de ellas enseña. La vigilancia es la de la segunda: la diligencia es la de la primera. Con la historia de las vírgenes se exhorta a la iglesia a velar: con la de los talentos a ponerse en actividad.

Examinemos los hechos que de este pasaje se desprenden.

1. Que todo cristiano ha recibido algún don de Dios. Todos somos siervos suyos, y poseemos talentos que nos ha confiado.

El vocablo “talento “ es uno de aquellos que han sido desviados de su significado originario. Por lo común solo se llaman personas de “talento” a las que poseen extraordinarias dotes. En el sentido que nuestro Señor empleo dicho vocablo todas las personas que han sido bautizadas, sin distinción alguna, pueden ser llamadas de “talento,” puesto que a todas ha concedido Dios talentos.

En el sentido genuino se denomina talento cualquier cosa de que nos servimos para glorificar a Dios: nuestras dotes naturales, nuestro influjo, nuestro dinero, nuestros conocimientos, nuestra salud, nuestro vigor, nuestro tiempo, nuestros sentidos, nuestra memoria, nuestros afectos, nuestras prerrogativas como miembros de la iglesia de Jesucristo, la ventaja de que disfrutamos en poseer la Biblia. Todo lo que tenemos procede de Dios. Nosotros no somos sino mayordomos del Autor de todo lo criado.

2. Que muchos abusan de los privilegios y mercedes que de Dios reciben. Uno de los siervos de la parábola cavó en la tierra y ocultó el dinero de su señor. Tal hombre representa una parte muy numerosa de los de su raza.

Ocultamos nuestro talento siempre que se nos presenta una oportunidad de glorificar a Dios, y no nos valemos de ella. El que desprecia la Biblia, el que descuida la oración, el que quebranta el domingo; el incrédulo, el sensual, el que solo se ocupa de cosas terrenas; el frívolo, el calavera, el amante de placeres; el avaro, el que se entrega a sus apetitos: todos estos esconden en el suelo el dinero de nuestro Señor, por cuanto no se aprovechan de la luz que se les ha- concedido, y no son tan buenos como podían ser.

3. Que Dios llamará a cuentas algún día a todos los que hubieren profesado el Cristianismo. Se nos dice en la parábola que, “después de mucho tiempo vino el Señor de aquellos siervos e hizo cuentas con ellos..

Después de la muerte se nos juzgará según nuestras obras, y ese juicio será infalible, severo e inevitable.

Ya seamos nobles o plebeyos, ricos o pobres, ilustrados o ignorantes, todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios para recibir una sentencia de resultados eternos. No habrá evasión alguna: la simulación será imposible. Todos seremos trasladados a la presencia de Dios.

4. Que los verdaderos cristianos recibirán abundantes galardones en el día del juicio final. Los siervos que hicieron buen uso del dinero fueron encomiados como buenos y fieles, e invitados a entrar en el gozo de su señor.

Todo cristiano es flaca criatura, y necesita diariamente de la sangre expiatoria del Cordero. Mas aun el más ínfimo de los creyentes pertenece al número de los siervos de Cristo, y sus esfuerzos por servir a Dios no son en vano. Toda hora que gaste en el servicio del Redentor y toda palabra que pronuncie a favor de su causa será registrada en el libro de los recuerdos.

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