5. Que todos los miembros de la iglesia de Cristo que no dieren fruto serán condenados y arrojados para siempre de la presencia del Señor. El siervo que enterró el dinero de su señor fue condenado como “malo,” “negligente” e inútil, y fue arrojado a las tinieblas exteriores. Después de decir esto nuestro Señor agregó estas palabras solemnes: “ Allí será el lloro y el crujir de dientes..
No habrá en el último día excusa alguna para los que no se hubieren convertido verdaderamente. Millares de personas viven hoy día sin fe y sin arrepentimiento, y se disculpan diciendo que no les es dado vivir de otro modo. Su conciencia, sin embargo, les dice que son culpables. Es que están enterrando su talento, y no hacen todo lo que pudieran hacer.
Al terminar el examen de esta parábola hagamos la firme resolución de que, mediante el auxilio de la gracia divina, jamás nos contentaremos con una mera profesión del Cristianismo. No debemos solo hablar acerca de religión sino también practicar lo que decimos. El siervo inútil no era ni asesino, ni ladrón, ni siquiera despilfarró el dinero de su señor; mas no hizo nada, y esa fue la causa de su condenación.
Mateo 25:31-46
Este pasaje contiene una descripción que nuestro Señor hizo del juicio final.
Notemos primero quién será el Juez. Lo será el Hijo del hombre, o sea Jesús mismo. Que los creyentes piensen en esto y se consuelen. Aquel que se sentará en el trono en el día grande y terrible será su Salvador, su Pastor, su Sumo Sacerdote, su Hermano, su Protector. Cuando lo vean no tendrán por qué alarmarse.
Que los impenitentes piensen en esto y teman. Su Juez será aquel mismo Jesucristo cuyo Evangelio desprecian ahora y cuyas exhortaciones rehúsan oír. ¡Cuan grande no será al fin su turbación si continúan en la incredulidad y mueren sin arrepentirse! Notemos, en segundo lugar, quiénes serán juzgados. Se nos dice que ante Jesucristo se congregarán todas las naciones.
Todos tendrán que obedecer el llamamiento del Rey y presentarse a recibir la sentencia. Los que no quisieron adorar a Jesucristo en la tierra tendrán que comparecer ante su tribunal cuando venga a juzgar al mundo.
Todos los que fueren juzgados serán divididos en dos grandes clases. No habrá ya distinciones entre reyes y súbditos, entre amos y criados, entre católicos romanos y protestantes. La conversión o la impenitencia, la fe o la carencia de ella serán los únicos distintivos en el último día. Los que hubieren confiado en Jesucristo serán colocados con las ovejas, a su diestra; los que no hubieren confiado en El serán colocados con los cabritos, a su siniestra.
Notemos, en tercer lugar, qué procedimiento se seguirá en el juicio final. Los pormenores que incluye la descripción son varios.
Se procederá con arreglo a las pruebas del caso. Las obras, y sobre todo las de caridad, serán los testigos. Lo que se indagará no será meramente lo que hubiéremos dicho, sino lo que hubiéremos hecho; no solamente lo que hubiéremos profesado, sino lo que hubiéremos practicado. Es cierto que nuestras obras no pueden justificarnos, puesto que somos justificados por la fe sin las obras de la ley. Mas nuestra conducta será la prueba de la sinceridad de nuestra fe. “La fe si no tuviere obras es muerta por sí misma.” Jam_2:11.
El juicio final será motivo de gozo para los verdaderos creyentes. a sus oídos llegarán estas dulces palabras: “ Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino.”Ellos serán reconocidos por su Maestro ante el Padre y ante los santos ángeles.
Ese mismo acontecimiento será motivo de turbación para los impenitentes. a sus oídos llegarán esas terribles palabras: “Idos de mí, malditos, al fuego eterno.” Serán desechados por el Jefe de la iglesia ante el mundo congregado. Como sembraron en la carne, de la carne segarán corrupción.
En el juicio final se revelarán de una manera muy prominente los caracteres de los justos, y los de los condenados. Los de la derecha estarán aún revestidos de humildad, y se maravillarán de que se mencionen y se encomien sus obras. Los de la izquierda permanecerán en la ceguedad y vanagloria espirituales. No tendrán conciencia de haber rechazado a Jesucristo. “Señor,” dirán ellos, “¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, etc., y no te servimos?.
Notemos, por último, cuáles serán los resultados ulteriores del día del juicio. Se nos ha revelado esto en palabras que no debiéramos olvidar jamás: “ E irán estos (los malos) al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna..
El estado de los hombres después del juicio es inmutable y eterno. Ni los sufrimientos de los condenados ni la bienaventuranza de los justos tendrán fin. Esta verdad ha sido claramente revelada en la sagrada Escritura. La eternidad de Dios, del cielo y del infierno descansa sobre la misma base. Tan cierto es que habrá en el cielo un día sin término, y en el infierno una noche de infinita duración, como que Dios es eterno.
¿Quién podrá describir la felicidad de la vida eterna? El hombre no alcanza a concebirla. Solo se puede medirla por medio del contraste y de la comparación.
