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Mateo 25: El Baremo de Dios

(3) Gehenna viene de Valle de Hinom, lugar cerca de Jerusalén lugar en el que quemaban niños en sacrificio a los dioses paganos (véanse 2Ki_23:10; 2Ch_28:3). Este es el lugar del fuego eterno (Mat_5:22; Mat_10:28; Mar_9:43; Luk_12:5; Jam_3:6; Rev_19:20) preparado para el diablo, sus ángeles y todos los que no creen en Dios (Rev_25:46; Rev_20:9-10). Es el estado final y eterno de los malos después de la resurrección y el juicio final.

Cuando Jesús advierte acerca de la incredulidad, procura salvarnos de un castigo agonizante.

EL DESTINO DE LOS DESPREVENIDOS

Mateo 25:1-13

Lo que sucederá en el Reino del Cielo se parece a lo que pasó una vez cuando diez chicas jóvenes tomaron sus lámparas para salir a dar la bienvenida a un novio que venía a su boda. Cinco de las chicas eran simples, y las otras cinco eran sensatas. Las simples no llevaban más que las lámparas, pero sin aceite de reserva; pero las sensatas llevaban aceite en sus alcuzas aparte de las lámparas.

Como el novio tardaba en llegar, todas se pusieron a descansar, y se quedaron dormidas. A mitad de la noche se oyeron gritos: «¡Atención! ¡El novio! ¡Salid a recibirle!» Entonces se despertaron todas las chicas, y se pusieron a preparar las lámparas. Las simples les dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, porque se nos están apagando las lámparas.” Pero las sensatas les contestaron: «No podemos hacer eso, porque podría ser que no tuviéramos bastante para nosotras y para vosotras. Lo mejor que podéis hacer es ir al aceitero y comprarle para vosotras.»

Mientras iban a comprar aceite, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él a la fiesta de la boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras chicas, y se pusieron a llamar y a decir: «¡Señor, señor, ábrenos la puerta!» Pero él les contestó: «Os digo la verdad: yo no sé quiénes sois.»

Así es que estad alerta, porque no sabéis el día ni la hora en que ha de volver el Hijo del Hombre.

Si miramos esta parábola con ojos occidentales nos parecerá muy poco natural y muy peregrina. Pero, de hecho, cuenta una historia que podría haber sucedido en cualquier tiempo en un pueblo de Palestina, y que podría suceder ahora.

Una boda era una gran ocasión. Todo el pueblo salía a acompañar a la pareja a su nuevo hogar, e iban por el camino más largo posible para recibir las felicitaciones de los más posible. “ Todo el mundo -decían los judíos- entre los 6 y los 60 seguirá el tambor del matrimonio.» Los rabinos estaban de acuerdo en que uno debía hasta interrumpir el estudio de la Ley para participar de la alegría de una fiesta de boda.

Lo interesante de esta historia depende de una costumbre judía que es muy diferente de las nuestras. Cuando se casaba una pareja, no se iban de luna de miel, sino se quedaban en casa. Durante una semana tenían la puerta abierta a los que los quisieran visitar; los amigos los trataban, y hasta se dirigían a ellos, como príncipe y princesa. Era la semana más dichosa de la vida. A las celebraciones de esa semana estaban invitados sus amigos más íntimos; así es que no fue solamente la ceremonia, sino toda una semana de fiesta lo que se perdieron las chicas simples por no estar preparadas.

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